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Una mirada crítica a la realidad: la elocuencia de Bauman

Domingo, Diciembre 25th, 2011

Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo, ha sido capaz de conceptualizar la manera habitual de vivir de las sociedades contemporáneas.  Con el término “sociedad líquida” el autor denomina la forma propia del desarrollo de la sociedad, que en cuanto líquida, no mantiene por mucho tiempo su misma forma. Este tipo de sociedad determina una situación existencial en el que la vida de las personas se instala en una incertidumbre constante.  Bauman en esta entrevista nos brinda un diagnóstico certero, agudo y conmovedor de la situación actual.

El sentido del verbo “hermenenéuein” en la Grecia clásica

Martes, Septiembre 28th, 2010

Partenón de Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Partenón de Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Al acercarnos al sentido del verbo  “hermenenéuein” en la Grecia clásica, como primer paso metodológico para conocer el alcance y la significación del término “hermeneútica”, nos encontramos con tres usos vinculados a tres campos semánticos  distintos (Grondin, 2002: 44-45):

1. “Hermenenéuein” como sinónimo de “decir algo”, esto es, emitir palabras que se articulan en oraciones y unidades de sentido. Dichos enunciados o unidades de significado pueden ser cantados o recitados por los aedos y rapsodas ambulantes que, por medio de distintas técnicas mnemoténicas, ejercen, en el seno de una sociedad en la que la escritura no está muy presente, la misión de ser transmisores de la tradición que configura la identidad de un pueblo. En este sentido la tradición oral se convierte en un elemento de cohesión social. En efecto, los poetas son creadores y reproductores simbólicos de los ideales heroicos que reflejan la grandeza de la historia de un pueblo. Los enunciados de los poetas, con frecuencia, tomarán un carácter lírico (poietés) para exteriorizar sentimientos y reflexiones personales al hilo de las historias que narran y comunican.

2. “Hermenenéuein”  como sinónimo de “traducir”, es decir, como proceso que traslada un conjunto de enunciados pronunciados por un emisor a otro conjunto de enunciados acogidos por un receptor. Dicha acción de traducir supone poner en relación a agentes existencialmente diferentes, pertenecientes a ámbitos distintos: el cielo y la tierra. Hermes, representación de lo masculino asociado a Zeus, e Iris, representación de lo femenino asociada a Hera, ilustran en la tradición griega el primer tipo de agente y emplazamiento, el celestial, frente al género humano que habita en la tierra. La tarea de Hermes e Iris se desarrolla en dos dimensiones: como una traducción inter-lingüística, de lengua a lengua, e intralingüística de signo a signo. Por uno u otro camino se quiere alcanzar  unacomprensión del mensaje que traslade a términos sencillos lo que es esencialmente complejo, facilitando la comprensión del que recibe para que acoja un mensaje.

3. “Hermenenéuein”  como sinónimo de “elucidar”, de volver claro lo oscuro, iluminar lo que aparentemente se muestra como ensombrecido. Puede estar referido a una expresión aislada, a un conjunto de expresiones que forman un enunciado, o a un conjunto de enunciados que forman un texto. Se refiere a la acción que vuelve inteligible aquello que, a primera vista, se muestra como ininteligible en un intento de convertir lo extraño en familiar, lo lejano en cercano, lo indeterminado en determinado, por medio de una serie de técnicas especializadas.

Los tres sentidos del término comparte dos rasgos comunes. El primero, -expresar, traducir y elucidar- constituyen actividades prácticas, es decir, no son acciones que responden a estímulos automátas, sino todo lo contrario, requieren un saber propio, una técnica, que se manifiesta cuando la actividad se hace visible. En segundo lugar, -expresar, traducir y elucidar- son actividades mediadas por el lenguaje, entendido este como vehículo que transmite un mensaje y como herramienta de discernimiento, clarificación y exposición del mensaje comprendido.

Vinculado a estos tres sentidos se encuentra la misión del “hermenéus”, dios u hombre, agente que lleva a cabo la actividad hermeneútica vinculada al lenguaje, entendida, según se tome en una u otra acepción, como la acción de expresar un mensaje, de hacerlo comprensible por medio de la interpretación, y de  desvelar y hacer visible aquello que aparentemente es ininiteligible o aparece oculto a los simples ojos.

Fuentes:
Grondin, J. (2002), Introducción a la hermeneútica filosófica. Herder, Barcelona.
Vélez Upegui, M. (2009), Acerca de la hermeneútica en la Grecia antigua. Co-herencia, Vol.6, Núm. 10, enero-junio, 2009, pp. 79-96.

Hermes, el mensajero de los dioses y el origen de la hermeneútica

Martes, Mayo 18th, 2010
Hermes. Julius Schnorr von Carolsfeld (1794–1872)

Hermes. Julius Schnorr von Carolsfeld (1794–1872)

Hermes, el dios mediador está simbólicamente en el origen de la palabra hermeneia que significa inicialmente “interpretación” y “expresión”. Homero, en el Himno XVIII, describe a Hermes como el “raudo mensajero de los dioses”, “el de la profética voz”, encargado de hacer inteligibles y expresar en palabras humanas los mensajes de los dioses.
En efecto, entre los distintos atributos que la mitología señala de Hermes, sobresale su carácter de mensajero de los dioses.  Los artistas lo representan llevando en su manos el caduceo, vara de oro que le regaló Zeus, calzando unas sandalias aladas, y con el pétaso, sombrero de alas anchas que usaban  los viajeros. Cómo una ráfaga de viento, Hermes, el dios alado, atravesaba continentes y mares para transmitir los mensajes de la divinidad. Como heraldo e intérprete, Hermes tenía una especial capacidad de expresión y elocuencia. Era el Hermes Logos, patrón de los retóricos, los filósofos y los hombres de letras.
La mitología no pasó de largo ante esta dimensión o atributo de Hermes. Cuenta el mito  que cuando Zeus se unió a Io, en Argos, le pidió a Hermes que distrajera a los habitantes de la ciudad para que no lo descubrieran. Hermes les dirigió entonces la palabra con talento y elocuencia que los habitantes de Argos lo escucharon durante horas.
El concepto de hermenéutica es relativamente nuevo dentro del pensamiento contemporáneo. En efecto, cuando H.G. Gadamer publica “Verdad y Método”, no se atreve a subtitularlo como “Fundamentos de una hermeneútica filosófica” por temor a una no aceptación en el ámbito filosófico-académico. El tiempo, y la polémica suscitada a raíz de la primera edición del texto, hicieron posible que quince años después la obra llevase como subtítulo el término “hermeneútica”.

Sin embargo dirigir nuestra mirada a la hermeneútica significa adentrarnos en el pensamiento griego. Aristóteles, en su Peri hermeneias, puso las bases de lo que posteriormente constituirá el pensamiento hermeneútico. A partir de estas raíces, la evolución del pensamiento ha ido fraguando un corpus hermeneútico que ha revestido distintos rostros en cada etapa histórica: desde la Edad Media, la exégesis bíblica, con los distintos sentidos de la Escritura, pasando por el desarrollo de las técnicas filológicas en el Renacimiento, hasta llegar la propuesta de una hermeneútica filosófica y su impacto en las ciencias humanas.El rostro de Hermes, como mensajero e intérprete de los dioses, sigue estando presente en el pensamiento hermeneútico actual como una invitación a abordar una búsqueda crítica de sentido y de comprensión de la realidad  interior y exterior que circunda la vida del hombre.

Fuentes:

Garazalza, L.( 2002), Introducción a la hermeneútica contemporánea. Cultura, simbolismo y sociedad. Barcelona: Anthropos, 5.
Mavromataki, M. (1997), Mitología Griega. Atenas: Ediciones Xaitali, 76-81.

Las simpatías o las semejanzas líquidas

Miércoles, Febrero 17th, 2010

Campo de girasoles (El Coronil, Sevilla). Foto: Jose Antonio Casares

Campo de girasoles (El Coronil, Sevilla). Foto: Jose Antonio Casares

M. Foucault termina su presentación de los distintos tipos de semejanzas que han inspirado gran parte de la riqueza simbólica del Medievo deteniéndose en las simpatías. Quizás sea la forma de semejanza más libre de todas, ya que establece una serie de lazos de unión, volátiles y sutiles, capaces de crear significados que en modo alguno están preestablecidos. La liquidez de la simpatía hace que no responda a ningún plan rigido y sistematico, abriendo un horizonte insospechado para la creatividad del artista. Junto a la la convenientia, la aemulatio,  y la analogía la simpatía es un testimonio fehaciente de cómo el hombre y la mujer de todos los tiempos es capaz de transcender la mera naturaleza para crear un universo de significados con la potencialidad de descubrir dimensiones que una simple mirada superficial no puede reconocer:

“Por último, la cuarta forma de semejanza queda asegurada por el juego de las simpatías. Aquí no existe ningún camino determinado de antemano, ninguna distancia está supuesta, ningún encadenamiento prescrito. La simpatía juega en estado libre en las profundidades del mundo. Recorre en un instante los más vastos espacios: del planeta al hombre regido por él, cae la simpatía de lejos como un rayo; por el contrarío puede nacer de un solo contacto —como “estas rosas de duelo que servirán para las exequias”, que, por su sola cercanía a la muerte, harán que toda persona que respire su perfume se sienta “triste y agonizante” (C. Porta, Magiae naturalis, p. 72).
Pero su poder es tan grande que no se contenta con surgir de un contacto único y con recorrer los espacios; suscita el movimiento de las cosas en el mundo y provoca los acercamientos más distantes. Es el principio de la movilidad: atrae lo pesado, hacia la pesantez del suelo y lo ligero hacia el éter sin peso; lleva las raíces hacia el agua y hace girar, con la curva del sol, a la gran flor amarilla del girasol. Es más, al atraer unas cosas hacia las otras por un movimiento exterior y visible, suscita secretamente un movimiento interior —un desplazamiento de cualidades que se relevan unas a otras; el fuego, por ser cálido y ligero, se eleva en el aire hacia el cual se enderezan incansablemente sus llamas; pero pierde su propia sequedad (que lo emparienta con la tierra) y adquiere así una humedad (que lo liga al agua y al aire); desaparece después en un ligero vapor, en humo blanco, en nube: se ha convertido en aire. La simpatía es un ejemplo de lo Mismo tan fuerte y tan apremiante que no se contenta con ser una de las formas de lo semejante; tiene el peligroso poder de asimilar, de hacer las cosas idénticas unas a otras, de mezclarlas, de hacerlas desaparecer en su individualidad —así, pues, de hacerlas extrañas a lo que eran. La simpatía transforma. Altera, pero siguiendo la dirección de lo idéntico, de tal manera que si no se nivelara su poder, el mundo se reduciría a un punto, a una masa homogénea, a la melancólica figura de lo Mismo: todas sus partes tenderían unas a otras y se comunicarían entre sí sin ruptura ni distancia, como las cadenas de metal, suspendidas por simpatía del atractivo de un solo imán.
Por ello, la simpatía es compensada por su figura gemela, la antipatía. Ésta mantiene a las cosas en su aislamiento e impide la asimilación; encierra cada especie en su diferencia obstinada y su propensión a perseverar en lo que es: “Es cosa bien sabida que existe odio entre las plantas… se dice que el olivo y la vid odian a la col; el pepino huye del olivo… Si se sobreentiende que se cruzan por el calor del sol y el humor de la tierra, es necesario que todo árbol opaco y espeso sea pernicioso para los otros, lo mismo que el que tiene mucha raíz” (J. Cardano, De subtilitate reru, 1552, p.154)  Así, hasta el infinito, a través del tiempo, los seres del mundo se odian y mantienen su feroz apetito en contra de toda simpatía. “La rata de la India es perniciosa para el cocodrilo, pues la Naturaleza se lo ha dado por enemigo; de tal modo que cuando el feroz se goza al sol, le tiende una trampa con sagacidad mortal; dándose cuenta de que el cocodrilo, adormecido en su deleite, duerme con el hocico abierto, se mete por allí y se cuela por el largo gaznate hasta el vientre, cuyas entrañas roe y sale al fin por el vientre de la bestia muerta” . Pero, a su vez, todos los enemigos de la rata la acechan: ya que está en discordia con la araña y “combatiendo muchas veces con el áspid, muere”. Por medio de este juego de la antipatía que las dispersa, a la vez que las atrae al combate, las convierte en asesinas y las expone a su vez a la muerte, sucede que las cosas, las bestias y todas las figuras del mundo Siguen siendo lo que son. La identidad de la cosa, el hecho de que puedan asemejarse a las otras y aproximarse a ellas, pero sin engullirlas y conservando su singularidad —es el balance continuo de la simpatía y la antipatía que le corresponde. Explica que las cosas se crucen, se desarrollen, se mezclen, desaparezcan, mueran y se recobren indefinidamente; en suma, que haya un espacio (que, sin embargo, no carece de referencia ni de repetición, de puerto de similitud) y un tiempo (que, sin embargo, permite reaparecer indefinidamente las mismas figuras, las mismas especies, los mismos elementos). “Por mucho que de suyo los cuatro cuerpos (agua, aire, fuego y tierra) sean simples y tengan sus cualidades distintas, dado que el Creador ordenó que los cuerpos elementales estén compuestos de elementos mezclados, tal es la razón por la que sus conveniencias y discordancias son notables, lo que se conoce por sus cualidades. El elemento del fuego es cálido y seco; tiene por la tanto antipatía hacia los del agua que es fría y húmeda. El aire es cálido y húmedo, la tierra fría es seca, es la antipatía. Para hacerlos concordar, el aire ha sido puesto entre el fuego y el agua, el agua entre la tierra y el aire. En tanto que el aire es cálido, se avecina bien con el fuego y su humedad se acomoda a la del agua. De nuevo, dado que su humedad es templada, modera el calor del fuego y recibe ayuda de él, como por otra parte, por su calor mediocre, entibia la frialdad húmeda del agua. La humedad del agua es calentada por el calor del aire y alivia la fría sequedad de la tierra.” (S.G.S., Annotations au Grand Miroir du Monde de Duchesne, p.498).  La soberanía de la pareja simpatía-antipatía, el movimiento y la dispersión que prescribe, dan lugar a todas las formas de la semejanza. De este modo, se retoman y explican las tres primeras similitudes. Todo el volumen del mundo, todas las vecindades de la conveniencia, todos los ecos de la emulación, todos los encadenamientos de la analogía, son sostenidos, mantenidos y duplicados por este espacio de la simpatía y de la antipatía que no cesa de acercar las cosas y de tenerlas a distancia. Por medio de este juego, el mundo permanece idéntico; las semejanzas siguen siendo lo que son y asemejándose. Lo mismo sigue lo mismo, encerrado en sí mismo.”

(Michel Foucault, La prosa del mundo, 32-34)

El misterio de la creación artística

Martes, Octubre 27th, 2009

Curación de la suegra de Pedro. Fresco bizantino en la ciudad de Mistra (Grecia, Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Curación de la suegra de Pedro. Fresco bizantino en la ciudad de Mistra (Grecia, Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

El escritor austriaco Stefan Zweig pronunció una conferencia en Buenos Aires en la que abordó lo que el denomina “el misterio de la creación artística”. En dicha conferencia Zweig pone sobre el tapete una cuestión apasionante, no carente de dificultad, que desde distintos ámbitos se plantea continuamente: ¿es posible conocer el proceso interior que vive un artista mientras crea, gesta y da a luz una obra de arte?. El autor, consciente de la dificultad que alberga esta tarea que desborda los límites de nuestra capacidad, pero a la vez necesaria para conocer el sentido que encierra una obra de arte, propone un camino de acercamiento a dicha realidad por medio de un proceso de reconstrucción a través de los indicios que poseemos. La reconstrucción permitirá acercarnos, de forma parcial y fragmentaria, al universo interior que está en el origen de una creación artística y que la posibilita:

“Creo que no hay entre todos ustedes uno solo que no se hubiera preguntado una y otra vez consciente e inconscientemente cómo nacen tales obras inmortales, ya sea porque en una galería de arte haya estado frente a la obra de un Rembrandt, un Goya, un Greco, ya sea porque un poema haya conmovido las profundidades de su alma o porque escuchara con el alma abierta una sinfonía de Mozart o de Beethoven. Creo que han de ser pocos los que no se han formulado la pregunta: ¿Cómo podía un hombre igual a mí, un simple mortal, formar esa obra inmortal con unos pocos colores, con unas pocas notas, con unos cuantos centenares de palabras? ¿Qué sucedió en su interior en esas horas de la creación y cuán misteriosas deben ser esas horas? Creo que todos ustedes se han preguntado esto alguna vez, y hasta me atrevo a afirmar que carece de capacidad para comprenderla en verdad todo aquel que, en presencia de una obra de arte grande, no se formule tal pregunta. Por este motivo, nos deberíamos acercar a toda obra de arte con una doble sensación. Por una parte, deberíamos sentir, con una sensación de gran humildad, que se trata de algo extraterrenal, de un milagro; pero al mismo tiempo deberíamos esforzarnos también por comprender con toda nuestra fuerza espiritual cómo pudo ser ese milagro divino lograrse por un ser humano. Pues la máxima virtud del espíritu humano consiste en procurar hacerse comprensible a sí mismo lo que en un principio le parece incomprensible.
Queda entonces por saber si somos capaces de imaginarnos cómo han nacido las grandes obras de arte que conmueven a nuestra alma. ¿Podemos imaginarnos lo que ha acontecido en el alma de un Shakespeare, de un Cervantes, de un Rembrandt, mientras creaban sus obras imperecederas? A ello puedo contestar rotundamente: ‹No, es imposible. No podemos imaginárnoslo›. La concepción de un artista es un proceso interior. Tiene lugar en el espacio aislado e impenetrable de su cerebro, de su cuerpo. La creación artística es un acto sobrenatural es una esfera espiritual que se sustrae a toda observación. Tan imposible nos resulta explicar el elemento prístino de la fuerza creadora, como en el fondo nos es imposible decir qué es la electricidad o la fuerza o la gravitación o la energía magnética. Todo cuanto podemos hacer se reduce a comprobar ciertas leyes y formas en que se manifiesta aquella ignota fuerza elemental. Por eso no quiero despertar en ustedes esperanzas demasiado grandes. Prefiero decirles desde el comienzo: Toda nuestra fantasía y toda nuestra lógica no pueden facilitarnos sino una idea insuficiente del origen de una obra de arte. No nos es dado descifrar este, el misterio más luminoso de la humanidad; acaso no podamos más que comprobar su sombra terrenal. No estamos en condiciones de participar del acto creador artístico; sólo podemos tratar de reconstruirlo, exactamente como nuestros hombres de ciencia tratan de reconstruir, al cabo de miles y miles de años, unos mundos desaparecidos y unos astros apagados”

(Stefan Zweig, El misterio de la creación artística. Ediciones Elephan.com. 199, pag. 7-9)

Una palabra cargada de memoria

Jueves, Septiembre 24th, 2009
Piedras olvidadas Acrópolis (Atenas. Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Piedras olvidadas Acrópolis (Atenas. Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

“Decía Maurice Blanchot que la poesía nos trae al recuerdo lo que las naciones, los pueblos y los dioses no recuerdan, o por incapacidad o por falta de voluntad.
Fiel a la diosa que lo inspira, el poeta se expresa desde el ámbito de la memoria aceptando así el poder -frágil poder, no obstante- de recordar. Mediante el texto eminente del poema, el poeta se convierte así en el puente que une a los vivos y a los muertos, a los dioses y a los humanos, el más allá y el más acá.
La verdad de la poesía no es, desde luego, la verdad que busca adecuarse a una realidad, sino la “verdad” que nunca se dijo, que no se nombró. La verdad que no se somete a la sentencia: “Todo lo racional es real”. La verdad, en suma, que, de otra manera, se sitúa detrás o más allá de cualquier realidad supuestamente dada. No se trata, asís, de la verdad que busca confirmar la realidad, que se dirige a ella argumentativamente, atrapándola en conceptos firmes, o que pide al afirmarse poder ser archivada o documentada, sino la otra cara de la verdad, la verdad trágica de la experiencia -propia o ajena- la verdad de una acción imposible o interrumpida que reclama ser narrada o relatada. Es la verdad de los que, naciendo para poder comenzar algo nuevo, vieron interrumpida, caprichosamente su existencia en manos de una barbarie nacida del corazón mismo de la civilización occidental.
Por eso la verdad del poeta es siempre una denuncia, una palabra cargada de memoria -ya que es función suya tanto persuadir de su verdad como denunciar o proclamar, pero no definir-, un lenguaje incómodo que busca expresarse de otro modo, y que se desespera tanto más cuanto lo que tiene que denunciar no encuentra las palabras justas ni el lenguaje apropiado. Cuando lo que tiene que decir, en suma, es indecible. Porque no hay forma de nombrar lo innombrable. Y es que en relación a lo que se tiene que recordar y no se puede, o no se quiere, o no nos dejan, por imposición, se manifiesta en total crudeza tanto el valor curativo de la palabra como el rotundo fracaso del lenguaje. Toda una paradoja que sólo se resuelve buscando la verdad en lo profundo, en lo oculto, en lo velado”.
(Fernando Bárcena, La esfinge muda. El aprendizaje del dolor después de Auschwitz)

La marca del autor

Domingo, Agosto 16th, 2009

Detalle del relieve de la fuente del Patio del Monasterio de San Jerónimo Granada (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Detalle del relieve de la fuente del Patio del Monasterio de San Jerónimo Granada (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

“No se podría escribir una autobiografía sin elaborar y comunicar
un punto de vista sobre sí mismo. Este punto de vista
podrá implicar diferencias entre la perspectiva del narrador y
la del personaje; ser complejo o ambiguo; integrar, para recuperarla
o modificarla, la imagen que se cree que los demás tienen
de uno. Pero, por muy complicado o retorcido que sea, llevará
en última instancia la marca del autor”
(Philippe Lejeune, La autobiografía en tercera persona)

Mi país inventado

Martes, Junio 2nd, 2009
Porto (Junio 2007). Foto: Jose Martos

Porto (Junio 2007). Foto: Jose Martos

en el lento ejercicio de la escritura he lidiado con mis demonios y obsesiones, he explorado los rincones de la memoria, he rescatado historias y personajes del olvido, me he robado las vidas ajenas y con toda esa materia he construido un sitio que llamo mi patria. De allí soy.”

(Isabel Allende, Mi país inventado)

Curriculum

Domingo, Mayo 31st, 2009
nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir”
Jorge Manrique

 

Fortaleza Medieval en el Bósforo (Enero, 2009). Foto: Jose Martos

 

El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente.usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica

usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros

usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que el fin del mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío

entonces
usted muere.

Mario Benedetti.
In Memoriam