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Las ciudades invisibles: el poder del relato

Lunes, junio 15th, 2009
Vista de Estambul desde el Puerto de Karaköy (enero 2009). Foto: Jose Martos

Vista de Estambul desde el Puerto de Karaköy (enero 2009). Foto: Jose Martos

Las ciudades invisibles (Madrid: Ediciones Siruela) de Ítalo Calvino (1972) es una crónica viajera en las que Marco Polo hace un retrato de las ciudades que ha conocido en sus viajes . Por medio de sus narraciones el embajador dibuja para Kublai Kan, emperador de los tártaros, distintos esbozos que reflejan los anhelos que hacen soñar al dignatario, inmerso en un mar desolación y frustracción ante la situación circundante. Las palabras de Marco Polo reflejan el reverso de la realidad, la otra cara enigmática del “factum” o del acontecer, para mostrar un horizonte esperanzador al dignatario.

Calvino describe bellamente la relación tan sugerente que existe entre el emperador ,que ve como su imperio se desmorona, y el aventurero que le hace soñar con algo nuevo, con una reconstrucción de su reino y de los anhelos y esperanzas de quienes lo habitan: “No es que Kublai Kan crea en todo lo que dice Marco Polo cuando le describe las ciudades que ha visitado en sus embajadas, pero es cierto que el emperador de los tártaros sigue escuchando al joven veneciano con más curiosidad y atención que a ningún otro de sus mesajeros o exploradores, En la vida de los emperadores hay un momento que sucede al orgullo por la amplitud desmesurada de los territorios que hemos conquistado, a la melancolía y al alivio de saber que pronto renunciaremos a conocerlos y comprenderlos; una sensación como de vacío que nos acomete una noche junto con el olor de los elefantes después de la lluvia y de la ceniza de sándalo que se enfría en los braseros; un vértigo que hace temblar los ríos y las montañas historiados en la leonada grupa de planisferios, enrolla uno sobre otro los despachos que anuncian el derrumbarse de los últimos ejércitos enemigos de derrota en derrota y resquebraja el lacre de los sellos de reyes a quienes jamás hemos oído nombrar, que imploran la protección de nuestras huestes triunfantes a cambio de tributos anuales en metales preciosos, cueros curtidos y caparazones de tortugas; es el momento desesperado en que se descubre que ese imperio que nos había parecido la suma de todas las maravillas es una destrucción sin fin ni forma, que su corrupción está demasiado gangrenada para que nuestro cetro pueda ponerle remedio, que el triunfo sobre los soberanos enemigos nos ha hecho herederos de su larga ruina. Sólo en los informes de Marco Polo, Kublai Kan conseguía discernir, a través de las murallas y las torres destinadas a desmoronarse, la filigrana de un diseño tan sutil que escapaba a la mordedura de las termitas” (pag. 21).

Pero podemos preguntarnos: ¿qué encierran estos relatos? ¿qué son verdaderamente esas ciudades? ¿por qué nos hacen soñar también a nosotros, hombres y mujeres de la era digital?. El mismo autor nos da la respuesta en el prólogo de la obra, que recoge una conferencia inédita pronunciada, el 29 de marzo de 1983, para los estudiantes de la Graduate Writing Division de la Columbia University de Nueva York: “Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos de recuerdos. Mi libro se abre y se cierra con las imágenes de ciudades felices que cobran forma y se desvanecen continuamente, escondidas en las ciudades infelices” (pág. 19).Con la lectura de estos relatos, cada uno de nosotros somos ese nuevo Kublai Kan, que busca , en medio de las experiencias contradictorias del día a día, nuestro imperio, el lugar en el que se hagan realidad nuestros anhelos, es decir, la ciudad invisible que está oculta en la visible ciudad que nos rodea. En los relatos se encuentran encerrados los arquetipos que a cada uno de nosotros nos hacen soñar y ponernos a caminar cada día. Los pequeños relatos nos situan en un camino con una doble andadura, una senda de ida y vuelta que pide al lector buscar un equilibrio, no fácil de conseguir, entre el “factum” y el “fueri”, entre lo que acontece y lo que nos gustaría que aconteciese, entre nuestra realidad y las utopías que nos hacen caminar.

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Jueves, junio 4th, 2009
Tritón. Palacio de Pena (Sintra, abril 2009). Foto: José M. Martos

Tritón. Palacio de Pena (Sintra, abril 2009). Foto: José M. Martos

Se leen novelas para compensar ciertas lagunas de experiencia [...] para amueblar el silencio, para moderar el miedo o conjurar la muerte. Sherezade en Las Mil y una noches, salvará la vida, si la historia que cuenta dura hasta que el sol se levante [... ] El imaginario de la novela crea individuos hechos de la misma sustancia que nosotros, presos en el mismo tejido del espacio y del tiempo, que viven mundos complejos y desconcertantes con todo el poder de la fascinación. Lo que intentamos al coger una novela es hallar un hombre de acuerdo con nuestro corazón, vivir tragedias y alegrías que no tenemos el coraje de provocar nosotros mismos, soñar sueños que hagan la vida más apasionante y, quizás, también descubrir una filosofía de la existencia que nos vuelva más capaces de afrontar los problemas y las pruebas que nos embisten” (R. Bourneuf y R. Oullet, La novela).