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El teatro es la poesía que se hace humana

Martes, agosto 18th, 2009

Teatro de Dionisio en Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Teatro de Dionisio en Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla, grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre. Han de ser tan humanos, tan horrorosamente trágicos y ligados a la vida y al día con una fuerza tal, que muestren sus tradiciones, que se aprecien sus olores, y que salga a los labios toda la valentía de sus palabras llenas de amor o de ascos” (Federico García Lorca, El teatro es la poesía que se hace humana).

…en las rejas de las ventanas

Domingo, julio 26th, 2009

Rejas de ventanas (Granada. Junio, 2009). Foto: Jose Martos

Rejas de ventanas (Granada. Junio, 2009). Foto: Jose Martos

“Inútilmente, magnánimo Kublai, intentaré describirte Zaira, la ciudad de los altos bastiones. Podría decirte de cuántos peldaños son sus calles en escalera, de qué tipo de arcos de sus soportales, qué chapas de zinc cubren los tejados; pero ya sé que sería como no decirte nada. La ciudad no está hecha de esto, sino de relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado: la distancia del suelo de una farola y los pies colgantes de un usurpador ahorcado; el hilo tendido desde la farola hasta la barandilla de enfrente y las guirnaldas que empavesan el recorrido del cortejo nupcial de la reina; la altura de aquella barandilla y el salto del adúltero que se descuelga de ella al alba; la inclinación de un catalón y el gato que lo recorre majestuosamente para colarse por la misma ventana; la línea de tiro de la cañonera que aparece de pronto detrás del cabo y la bomba que destruye el canalón; los rasgones de las redes de pesca y los tres viejos sentados en el muelle para remendarlas se cuentan por centésima vez la historia de la cañonera del usurpador, de quien se dice que era un hijo adúlterino de la reina, abandonado en pañales allí en el muelle.

Reja de ventana (Granada. Junio, 2009). Foto: Jose Martos

Reja de ventana (Granada. Junio, 2009). Foto: Jose Martos

En esta ola de recuerdos que refluye la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. Una descripción de Zaira tal como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas”
(Ítalo Calvino, Las ciudades invisibles).


Contemplación solitaria

Domingo, junio 28th, 2009
Detalle del conjunto escultórico de una de las fuentes de la Plaza de Don Pedro IV, conocida como Rossio (Lisboa, abril 2009). Foto: Jose M. Martos

Detalle del conjunto escultórico de una de las fuentes de la Plaza de Don Pedro IV, conocida como Rossio (Lisboa, abril 2009). Foto: Jose M. Martos

“Son varias las cosas que pueden significarse con la palabra estilo, o mejor quizá, éste puede ser detectado en niveles diferentes. El más profundo de ellos radica en el seno del individuo, de cada individuo único, y se revela como aquella visión del mundo y actitud frente al mundo que le es peculiar; mientras que el nivel más superficial se encuentra, por lo que atañe a los escritores, en el arreglo de las palabras que componen textos poéticos. Ahora bién, a partir siempre del nivel básico, que es inmodificable, la expresión personal depende en grados diversos de la voluntad (en cuyo sentido puede hablarse de una “voluntad de estilo”). Por lo pronto, tal expresión tiene que acomodarse a los usos idiomáticos generales que garantizan la comunicación, es decir, la inteligibilidad de lo expresado; y esos usos son dados en un cierto ámbito histórico, temporal y especialmente delimitado, dentro del cual se encuentran en vigor unas pautas estéticas que constituyen el estilo literario de la época. El escritos nuevo tiene que trabajar con el lenguaje común y asumir las vigencias literarias de su tiempo, a cuya alteración contribuirá eventualmente con su propia obra. [...] Instalado plenamente en la actualidad histórica, he contribuido a promoverlas espontáneamente y por propia iniciativa, siquiera sea en la medida mínima que mis facultades me permiten. Dicho en otras palabras: cuanto he producido en el terreno de la creación imaginativa después de la guerra civil no responde tanto a las incitaciones de un determinado ambiente literario como a un solitario impulso brotado de dentro, a una necesidad interna de esclarecer mis propias circunstancias vitales. Tan desolada libertad se debió en parte, sin duda, a mi carácter personal y probablemente hubiera llegado a alcanzarla de todas maneras; pero en parte fue precipitada también por las condiciones del exilio. Y hablar de las condiciones del exilio no me refiero a la situación individual del escritor desarraigado (la metáfora del desarraigo, que identificaba al ser humano, pensante y semoviente, con un vegetal siempre me ha molestado un poco), sino a la situación general del que ese exilio es un efecto. ¿Será necesario evocarla? Por lo que en particular nos concierne, la antigua república de las letras había quedado desmantelada, dejando a la intemperie sus ciudadanos. Y la destrucción ocurrida primero en España pronto se extendería, con la segunda guerra mundial, a los demás países. Mi obra entonces, y a partir de entonces, ha respondido a las perplejidades de mi propia estación en el mundo, procurando explicarse éste. Es una especie de meditación solitaria; o mejor dicho, no meditación, sino expectación, contemplación solitaria” (Francisco Ayala, Conversaciones).

Las ciudades invisibles: el poder del relato

Lunes, junio 15th, 2009
Vista de Estambul desde el Puerto de Karaköy (enero 2009). Foto: Jose Martos

Vista de Estambul desde el Puerto de Karaköy (enero 2009). Foto: Jose Martos

Las ciudades invisibles (Madrid: Ediciones Siruela) de Ítalo Calvino (1972) es una crónica viajera en las que Marco Polo hace un retrato de las ciudades que ha conocido en sus viajes . Por medio de sus narraciones el embajador dibuja para Kublai Kan, emperador de los tártaros, distintos esbozos que reflejan los anhelos que hacen soñar al dignatario, inmerso en un mar desolación y frustracción ante la situación circundante. Las palabras de Marco Polo reflejan el reverso de la realidad, la otra cara enigmática del “factum” o del acontecer, para mostrar un horizonte esperanzador al dignatario.

Calvino describe bellamente la relación tan sugerente que existe entre el emperador ,que ve como su imperio se desmorona, y el aventurero que le hace soñar con algo nuevo, con una reconstrucción de su reino y de los anhelos y esperanzas de quienes lo habitan: “No es que Kublai Kan crea en todo lo que dice Marco Polo cuando le describe las ciudades que ha visitado en sus embajadas, pero es cierto que el emperador de los tártaros sigue escuchando al joven veneciano con más curiosidad y atención que a ningún otro de sus mesajeros o exploradores, En la vida de los emperadores hay un momento que sucede al orgullo por la amplitud desmesurada de los territorios que hemos conquistado, a la melancolía y al alivio de saber que pronto renunciaremos a conocerlos y comprenderlos; una sensación como de vacío que nos acomete una noche junto con el olor de los elefantes después de la lluvia y de la ceniza de sándalo que se enfría en los braseros; un vértigo que hace temblar los ríos y las montañas historiados en la leonada grupa de planisferios, enrolla uno sobre otro los despachos que anuncian el derrumbarse de los últimos ejércitos enemigos de derrota en derrota y resquebraja el lacre de los sellos de reyes a quienes jamás hemos oído nombrar, que imploran la protección de nuestras huestes triunfantes a cambio de tributos anuales en metales preciosos, cueros curtidos y caparazones de tortugas; es el momento desesperado en que se descubre que ese imperio que nos había parecido la suma de todas las maravillas es una destrucción sin fin ni forma, que su corrupción está demasiado gangrenada para que nuestro cetro pueda ponerle remedio, que el triunfo sobre los soberanos enemigos nos ha hecho herederos de su larga ruina. Sólo en los informes de Marco Polo, Kublai Kan conseguía discernir, a través de las murallas y las torres destinadas a desmoronarse, la filigrana de un diseño tan sutil que escapaba a la mordedura de las termitas” (pag. 21).

Pero podemos preguntarnos: ¿qué encierran estos relatos? ¿qué son verdaderamente esas ciudades? ¿por qué nos hacen soñar también a nosotros, hombres y mujeres de la era digital?. El mismo autor nos da la respuesta en el prólogo de la obra, que recoge una conferencia inédita pronunciada, el 29 de marzo de 1983, para los estudiantes de la Graduate Writing Division de la Columbia University de Nueva York: “Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos de recuerdos. Mi libro se abre y se cierra con las imágenes de ciudades felices que cobran forma y se desvanecen continuamente, escondidas en las ciudades infelices” (pág. 19).Con la lectura de estos relatos, cada uno de nosotros somos ese nuevo Kublai Kan, que busca , en medio de las experiencias contradictorias del día a día, nuestro imperio, el lugar en el que se hagan realidad nuestros anhelos, es decir, la ciudad invisible que está oculta en la visible ciudad que nos rodea. En los relatos se encuentran encerrados los arquetipos que a cada uno de nosotros nos hacen soñar y ponernos a caminar cada día. Los pequeños relatos nos situan en un camino con una doble andadura, una senda de ida y vuelta que pide al lector buscar un equilibrio, no fácil de conseguir, entre el “factum” y el “fueri”, entre lo que acontece y lo que nos gustaría que aconteciese, entre nuestra realidad y las utopías que nos hacen caminar.

Búsqueda

Jueves, junio 4th, 2009
Tritón. Palacio de Pena (Sintra, abril 2009). Foto: José M. Martos

Tritón. Palacio de Pena (Sintra, abril 2009). Foto: José M. Martos

Se leen novelas para compensar ciertas lagunas de experiencia [...] para amueblar el silencio, para moderar el miedo o conjurar la muerte. Sherezade en Las Mil y una noches, salvará la vida, si la historia que cuenta dura hasta que el sol se levante [... ] El imaginario de la novela crea individuos hechos de la misma sustancia que nosotros, presos en el mismo tejido del espacio y del tiempo, que viven mundos complejos y desconcertantes con todo el poder de la fascinación. Lo que intentamos al coger una novela es hallar un hombre de acuerdo con nuestro corazón, vivir tragedias y alegrías que no tenemos el coraje de provocar nosotros mismos, soñar sueños que hagan la vida más apasionante y, quizás, también descubrir una filosofía de la existencia que nos vuelva más capaces de afrontar los problemas y las pruebas que nos embisten” (R. Bourneuf y R. Oullet, La novela).


Mi país inventado

Martes, junio 2nd, 2009
Porto (Junio 2007). Foto: Jose Martos

Porto (Junio 2007). Foto: Jose Martos

en el lento ejercicio de la escritura he lidiado con mis demonios y obsesiones, he explorado los rincones de la memoria, he rescatado historias y personajes del olvido, me he robado las vidas ajenas y con toda esa materia he construido un sitio que llamo mi patria. De allí soy.”

(Isabel Allende, Mi país inventado)