Archivo etiquetado como ‘arte’

La creación artística como aceptación de la realidad

martes, octubre 12th, 2010
Detalle de la fachada del nacimiento de la Sagrada Familia de Gaudí (Barcelona. Diciembre, 2009). Foto: José Antonio Casares

Detalle de la fachada del nacimiento de la Sagrada Familia de Gaudí (Barcelona. Diciembre, 2009). Foto: José Antonio Casares

La creación artística, como proceso complejo, encierra distintas experiencias que el artista refleja en su obra.  Son experiencias complementarias que dibujan procesos internos, que sólo el artista nos puede comunicar. Es su subjetividad  la que nos desvela lo que acontece en su interior al describirnos la genuina relación que se establece con la realidad circundante. Una relación que pasa por la escucha, la contemplación y la aceptación de la grandiosidad de la realidad exterior para convertirse en un nuevo “aedos” de la creación  que canta lo que previamente ha recibido:

 

El creador no es un hombre que construye cosas —como es un hombre que construye cosas el artista—, sino un hombre que espera, que cree, que cree en un alma de la realidad y la espera. «Se oye, no se busca», parece ser que dice Nietzsche. El alma misma de la realidad quiere ser escuchada y, a su vez, escucharnos; para ello, para esa comunicación nos propone algunos senderos materiales: la poesía, la pintura, la escultura, la música. Esos senderos no han sido ideados, inventados por el hombre, sino donados por la naturaleza real misma; por eso no podemos andar por ellos caprichosamente, por gustosidad íntima, ni por vanidad personal, ni por voluntad propia, ni por juego alegre o doliente, sino por obediencia. Ser artista creador no es robarle cosas a la realidad —para luego ser utilizadas en la cínica composición de una obra-objeto—, no es aprovecharse de la realidad, sino aceptarla. No se trata de ahondar en la realidad y perderse en su fondo, perder entonces la realidad externa y aparente, sustituirla por su fondo, por un fondo que, sin ella, sin su carne y su piel, no es más que una abstracción; algo que ha podido, a veces, tentar al mecanismo cerebral, Intelectual, del pensamiento y, por lo tanto, al artista artístico; no se trata —como intentara el surrealismo— de subir a la superficie lo profundo de la realidad, pisoteándola de pasada, es decir, colocando encima lo de debajo, en un vistoso acto subversivo, ligero y necio. El creador es siempre obediencia. La creación brota siempre de un sentimiento y el sentimiento es, claro está, obediente, apegado a su raíz, mientras que el mecanismo cerebral del pensamiento, que es de donde brota el arte artístico, es desobediente y despegado; el sentimiento se ajusta, se aprieta, se aferra, se humilla a lo real, mientras que el pensamiento se separa, se independiza orgullosamente de lo real hasta abismarse. Toda creación verdadera es, pues, servidumbre libre y alegre ante lo real; sólo así la realidad podrá recibirla en su seno, sumarla a su cuerpo. “El creador no es un hombre que construye cosas —como es un hombre que construye cosas el artista—, sino un hombre que espera, que cree, que cree en un alma de la realidad y la espera. «Se oye, no se busca», parece ser que dice Nietzsche. El alma misma de la realidad quiere ser escuchada y, a su vez, escucharnos; para ello, para esa comunicación nos propone algunos senderos materiales: la poesía, la pintura, la escultura, la música. Esos senderos no han sido ideados, inventados por el hombre, sino donados por la naturaleza real misma; por eso no podemos andar por ellos caprichosamente, por gustosidad íntima, ni por vanidad personal, ni por voluntad propia, ni por juego alegre o doliente, sino por obediencia. Ser artista creador no es robarle cosas a la realidad —para luego ser utilizadas en la cínica composición de una obra-objeto—, no es aprovecharse de la realidad, sino  aceptarla. No se trata de ahondar en la realidad y perderse en su fondo, perder entonces la realidad externa y aparente, sustituirla por su fondo, por un fondo que, sin ella, sin su carne y su piel, no es más que una abstracción; algo que ha podido, a veces, tentar al mecanismo cerebral, Intelectual, del pensamiento y, por lo tanto, al artista artístico; no se trata —como intentara el surrealismo— de subir a la superficie lo profundo de la realidad, pisoteándola de pasada, es decir, colocando encima lo de debajo, en un vistoso acto subversivo, ligero y necio. El creador es siempre obediencia. La creación brota siempre de un sentimiento y el sentimiento es, claro está, obediente, apegado a su raíz, mientras que el mecanismo cerebral del pensamiento, que es de donde brota el arte artístico, es desobediente y despegado; el sentimiento se ajusta, se aprieta, se aferra, se humilla a lo real, mientras que el pensamiento se separa, se independiza orgullosamente de lo real hasta abismarse. Toda creación verdadera es, pues, servidumbre libre y alegre ante lo real; sólo así la realidad podrá recibirla en su seno, sumarla a su cuerpo”

(Ramón Gaya, El sentimiento de la pintura. Obras completas, I. 15)

Los mil misterios de la creación artística

miércoles, febrero 10th, 2010
La mano del pintor (Granada, Julio 2009). Foto: José Antonio Casares

La mano del pintor (Granada, Julio 2009). Foto: José Antonio Casares

Las realidades complejas suponen realizar acercamientos holísticos y situados que nos permitan abordarlas en profundidad para no perder ninguno elemento de los que intervienen. A la hora de acercarnos a la poliédrica y misteriosa realidad  de la creación artística, con frecuencia, surgen voces que ofrecen visiones  parciales que contemplan de manera unidimensional una acción en la que se dan cita diversos factores que toman rostros concretos en las coordenadas espacio-temporales en las que  se insertan De este tipo de aprehensiones emanan posturas que hacen inclinar, de forma unidimensional, los dos polos entre los que transita el artista en el momento del extasis creador: la inspiración y el esfuerzo. En cada acto de creación los dos factores interactúan de formas diversas, tal y como señala Zweing, hasta surgir tantos misterios creativos como artistas han existido a la largo de la historia. Sólo la búsqueda de las huellas que deja cada artista nos permite adentrarnos en el mundo mágico de la creación artística en sus diversas manifestaciones:

“En realidad, los dos estados suelen estar mezclados misteriosamente en el artista. No basta que el artista esté inspirado para que produzca. Debe, además, trabajar y trabajar para llevar esa inspiración a la forma perfecta. La fórmula verdadera de la creación artística no es, pues, inspiración o trabajo,  sino inspiración más trabajo, exaltación más paciencia, deleite creador más tormento creador.

Cada artista posee la idea presente como un sueño, ¿y quién pudiera decir de dónde proceden las ideas? ¿Quién podría decir de qué profundidades de la naturaleza humana o de qué altura del cielo proceden esos rayos divinos que de repente resplandecen en el artista? Pero sólo resplandecen por instantes con ese brillo maravilloso. Luego se apagan y entonces comienza para el artista la tarea de reproducir esa visión interior, única. Procura entonces hacer visible a la humanidad para todos los tiempos lo que él mismo vislumbró en un instante de iluminación.

El pintor tratará de fijar en la materia basta de la tela el cuadro que ha visto con los ojos del espíritu. El músico tratará de retener con el número limitado de los instrumentos terrenales la sucesión de sonidos que le sonaba como en sueños. Siempre es el mismo proceso: un sueño se convierte en fenómeno duradero, una idea toma forma, lo inconsciente de un solo hombre genial llega a la conciencia de la humanidad entera. Pero no hay regla ni ley para esa misteriosa transformación química en cada artista aislado, ninguno obra igual que el otro, y tal como ninguna hora de amor se parece sobre la tierra a otra hora de amor, si bien siempre se trata de amor, así ninguna obra de creación parécese exactamente a la otra, a pesar de que siempre se trata de producir. Por eso tal vez no estaba muy acertado el título de mi disertación “El misterio de la creación artística”, y quizá habría dicho mejor: “los mil misterios de la creación artística“, pues cada artista agrega al gran arcano de la creación uno nuevo: su misterio propio, personal”.

(Stefan Zweig, El misterio de la creación artística, pag. 30-32)

La elocuencia oculta de la imagen

martes, octubre 6th, 2009

Escultura romana de Antinoo (Museo Arqueológico de Delfos. Julio, 2009)

Escultura romana de Antinoo (Museo Arqueológico de Delfos. Julio, 2009)

El arte es expresión de experiencias relevantes de la vida. Las expresiones artísticas tienen la potencialidad de ser el reflejo y la epifanía de aquellas realidades y sentimientos que las palabras por sí solas no pueden transmitir.
Por ser la imagen una expresión de lo que no se ve tiene la capacidad de tocar en lo más profundo del corazón, de escrutar entre los recovecos más ocultos  de la vida. La capacidad creativa del artista genera expresiones inéditas de realidades no asibles o mensurables, como el amor, el odio, el gozo o el rencor, para que estas tomen corporeidad. La imagen, por tanto, es el puente que permite el paso de lo que se ve a lo que no se ve, de lo sensible a lo metasensible.
La dinámica comunicativa de la imagen ejerce un movimiento de dentro hacia fuera. Es una puerta abierta que nos permite entrar en la interioridad para sentirnos acogidos en el universo interior que encierra el otro. La imagen artística es como la pieza preciosa, en la que se materializan los sentimientos, encontrada en el yacimiento único e irrepetible del corazón.
Por tanto la imagen habla por sí sola, tiene la capacidad e transcenderse en el tiempo utilizando un lenguaje familiar comprensible a los hombres y mujeres que se encuentran con ella. De esta forma es capaz de conmovernos y hablarnos al corazón una escultura, una pintura o una construcción arquitectónica de la que nos separa cientos o miles de años.
Una vida que sacrifica las representaciones, los símbolos o las metáfora es una vida muda, condenada a la soledad y al silencio. En ella se encierra una actitud vital que rechaza la mirada, la caricia, la dulzura o el gesto que plasmó el autor para hacerla asequible y cercana a nosotros. Una vida que sacrifica la imagen cierra las puertas a los ojos del autor que se nos ofrecen para que contemplemos otra visión del mundo. Por medio de la obra de arte  “el artista nos presta sus ojos para ver el mundo, y así, por mediación suya, participamos del conocimiento de las ideas. El don innato del genio estriba en poseer esos ojos, que le permiten abrirse a los esencial  de las cosas, con independencia de sus relaciones; y también que está en situación de hacernos partícipes de este don, como si nos prestase sus ojos” (Arthur Schopenhauer, Sobre el fin de la obra de arte).
Aquí radica la elocuencia de la imagen, en la capacidad de ver más allá de nuestra corta y parcial mirada para contemplar, a través de otros ojos, un horizonte novedoso e inédito capaz de suscitar nuevas experiencias en nosotros.

El teatro es la poesía que se hace humana

martes, agosto 18th, 2009

Teatro de Dionisio en Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Teatro de Dionisio en Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla, grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre. Han de ser tan humanos, tan horrorosamente trágicos y ligados a la vida y al día con una fuerza tal, que muestren sus tradiciones, que se aprecien sus olores, y que salga a los labios toda la valentía de sus palabras llenas de amor o de ascos” (Federico García Lorca, El teatro es la poesía que se hace humana).