Aniquilación

octubre 4th, 2009
1933 May 10 Berlin book burning -- taken from the U.S. National Archives (Wikimedia Commons)

1933 May 10 Berlin book burning -- taken from the U.S. National Archives (Wikimedia Commons)

“-Para liquidar a las naciones -decía Hübl-, lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Y luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. y el mundo circundante lo olvida aún mucho antes”

(Milan Kundera, El libro de la risa y el olvido)

Narrar

septiembre 27th, 2009

Lauda sepulcrar en la que se representa una escena familiar en la que una madre narra historias a su hijo (Museo Arqueológico de Atena. Julio, 2009)

Lauda sepulcrar en la que se representa una escena familiar en la que una madre narra historias a su hijo (Museo Arqueológico de Atena. Julio, 2009)

“Contar historias, sin más, por el puro placer de narrar, es una pasión tan antigua y universal como el goce de oírlas. Y al ser el hombre, por naturaleza, contador y receptor de historias, podemos imaginar que los primeros cuentos nacieron en las largas noches de los tiempos primigenios en que, alrededor del fuego de una caverna, los primitivos cazadores contaban oral y gestualmente algún suceso real o fantástico: el riesgo de una peligrosa aventura de caza, el espanto sobrecogedor ante la luz del relámpago y el estruendo del trueno o la fascinación por la inmensidad insondable y desconocida del mar. Los relatos eran dirigidos a los miembros de la tribu, encandilados oyentes de aquellas historias que, en las cavernas y alrededor del fuego, amenizaban sus precarias vidas y las medrosas horas de las noches interminables. Porque, como decía una vieja narradora quechua: «los cuentos se contaban -sobre todo- para dormir el miedo».

La imaginación, la fantasía, la curiosidad, la atracción y el temor por lo maravilloso y misterioso son capacidades propias del hombre en todo tiempo y lugar, como también lo son la necesidad de distracción, de evasión y de expresar las emociones. Pues bien, los relatos orales, los viejos cuentos, han servido para dar salida y colmar en parte dichas capacidades y necesidades, de las que surge imperiosamente la facultad de narrar y también de escuchar”.

(Miguel Díez, Los viejos -y siempre nuevos- cuentos populares)

Una palabra cargada de memoria

septiembre 24th, 2009
Piedras olvidadas Acrópolis (Atenas. Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Piedras olvidadas Acrópolis (Atenas. Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

“Decía Maurice Blanchot que la poesía nos trae al recuerdo lo que las naciones, los pueblos y los dioses no recuerdan, o por incapacidad o por falta de voluntad.
Fiel a la diosa que lo inspira, el poeta se expresa desde el ámbito de la memoria aceptando así el poder -frágil poder, no obstante- de recordar. Mediante el texto eminente del poema, el poeta se convierte así en el puente que une a los vivos y a los muertos, a los dioses y a los humanos, el más allá y el más acá.
La verdad de la poesía no es, desde luego, la verdad que busca adecuarse a una realidad, sino la “verdad” que nunca se dijo, que no se nombró. La verdad que no se somete a la sentencia: “Todo lo racional es real”. La verdad, en suma, que, de otra manera, se sitúa detrás o más allá de cualquier realidad supuestamente dada. No se trata, asís, de la verdad que busca confirmar la realidad, que se dirige a ella argumentativamente, atrapándola en conceptos firmes, o que pide al afirmarse poder ser archivada o documentada, sino la otra cara de la verdad, la verdad trágica de la experiencia -propia o ajena- la verdad de una acción imposible o interrumpida que reclama ser narrada o relatada. Es la verdad de los que, naciendo para poder comenzar algo nuevo, vieron interrumpida, caprichosamente su existencia en manos de una barbarie nacida del corazón mismo de la civilización occidental.
Por eso la verdad del poeta es siempre una denuncia, una palabra cargada de memoria -ya que es función suya tanto persuadir de su verdad como denunciar o proclamar, pero no definir-, un lenguaje incómodo que busca expresarse de otro modo, y que se desespera tanto más cuanto lo que tiene que denunciar no encuentra las palabras justas ni el lenguaje apropiado. Cuando lo que tiene que decir, en suma, es indecible. Porque no hay forma de nombrar lo innombrable. Y es que en relación a lo que se tiene que recordar y no se puede, o no se quiere, o no nos dejan, por imposición, se manifiesta en total crudeza tanto el valor curativo de la palabra como el rotundo fracaso del lenguaje. Toda una paradoja que sólo se resuelve buscando la verdad en lo profundo, en lo oculto, en lo velado”.
(Fernando Bárcena, La esfinge muda. El aprendizaje del dolor después de Auschwitz)

El corazón de un pueblo

septiembre 17th, 2009
Mercado Popular junto al Templo Mayor (Ciudad de Mexico. Septiembre, 2008). Foto: Jose Martos

Mercado Popular junto al Templo Mayor (Ciudad de Mexico. Septiembre, 2008). Foto: Jose Martos

“Cuando hablamos del patrimonio cultural de un pueblo, a lo que nos estamos refiriendo es, precisamente, a ese acervo de elementos culturales -tangibles unos, intangibles otros- que una sociedad determinada considera suyos y de los que echa mano para enfrentar sus problemas (cualquier tipo de problemas, desde las grandes crisis hasta los aparentemente nimios de la vida cotidiana); para formular e intentar realizar sus aspiraciones y sus proyectos; para imaginar, gozar y expresarse. Ningún acto humano (recordando siempre que el hombre es un ser en sociedad) puede imaginarse ni realizarse más que a partir de un acervo cultural previo; aun los actos biológicos naturales de la especie se efectúan en forma diferente ( y se les otorgan significados diferentes), porque ocurren siempre en un contexto cultural específico que les asignan un sentido y una forma particulares”.
(Enrique Florescano. El patrimonio cultural de Méjico)

El ilusorio ayer

septiembre 15th, 2009
Claustro del Monasterio de los Jerónimos (Lisboa. Abril, 2009). Foto: Jose Martos

Claustro del Monasterio de los Jerónimos (Lisboa. Abril, 2009). Foto: Jose Martos

“Una función del arte es legar un ilusorio ayer a la memoria de los hombres”
(Borges, Diccionario privado)




A la búsqueda del otro

septiembre 7th, 2009

Universidad de Estambul (Enero, 2009). Foto: Jose  Martos

Universidad de Estambul (Enero, 2009). Foto: Jose Martos

“El ser humano (….) conforme se muda de lugar y de sociedad, se encuentra en condiciones de descubrir o de comprender más profundamente todo cuanto tiene en común con los demás hombres, uniéndose a ellos más allá de las fronteras de lo local y de lo particular”.
(J. Semprún, La escritura o la vida)

Espacio

septiembre 2nd, 2009
Detalle Puente Eifell (Porto, Junio 2007). Foto: Jose Martos

Detalle Puente Eifell (Porto, Junio 2007). Foto: Jose Martos

“Esta idea de diferencia, de desviación, fundamenta la noción misma de espacio, conjunto de posiciones distintas y coexistentes, externas unas a otras, definidas en relación unas a otras, por su exterioridad mutua y por las relaciones de proximidad, de vecindad o de alejamiento y asimismo por relaciones de orden, como por encima, por debajo y entre”.
(P. Bourdieu, Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción)

Proyectando sombras

agosto 23rd, 2009

Interior de la Iglesia del Castillo de Calatrava la Nueva (Agosto, 2009). Foto: Jose Martos

Interior de la Iglesia del Castillo de Calatrava la Nueva (Agosto, 2009). Foto: Jose Martos

“Los cuentos son como focos y reflectores; iluminan partes del escenario dejando el resto en la oscuridad. Si iluminasen por igual la totalidad de la escena, no serían de ninguna utilidad. Después de todo, su tarea consiste en “resolver” la escena, dejándola dispuesta para el consumo visual e intelectual de los espectadores; crear un cuadro que sea posible asimilar, comprender y retener a partir de la anarquía de las manchas y borrones que no acertamos a enternder ni a descifrar.
Los cuentos ayudan a los buscadores de comprensión, separando lo relevante de lo irrelevante, las acciones de sus escenarios, la trama de su trasfondo, y los héroes o los villanos en el corazón de la trama de las legiones de figurantes y títeres. La misión de los cuentos es la de seleccionar y corresponde a su naturaleza incluir mediante la exclusión e iluminar proyectando sombras. Es un grave malentendido, amén de una injusticia, acusar a los cuentos de favorecer una parte de la escena al tiempo que desatiende otra. Sin la selección no habrá historia. Decir que “esta sería una buena historia de no omitir esto o aquello” es como afirmar que “estas serían una buenas ventanas para ver a través de las paredes de no estar enmarcadas y separadas por los muros que hay entre ellas”.
(Zygmunt Bauman, Vidas desperdiciadas)

El teatro es la poesía que se hace humana

agosto 18th, 2009

Teatro de Dionisio en Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Teatro de Dionisio en Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla, grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre. Han de ser tan humanos, tan horrorosamente trágicos y ligados a la vida y al día con una fuerza tal, que muestren sus tradiciones, que se aprecien sus olores, y que salga a los labios toda la valentía de sus palabras llenas de amor o de ascos” (Federico García Lorca, El teatro es la poesía que se hace humana).

La marca del autor

agosto 16th, 2009

Detalle del relieve de la fuente del Patio del Monasterio de San Jerónimo Granada (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Detalle del relieve de la fuente del Patio del Monasterio de San Jerónimo Granada (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

“No se podría escribir una autobiografía sin elaborar y comunicar
un punto de vista sobre sí mismo. Este punto de vista
podrá implicar diferencias entre la perspectiva del narrador y
la del personaje; ser complejo o ambiguo; integrar, para recuperarla
o modificarla, la imagen que se cree que los demás tienen
de uno. Pero, por muy complicado o retorcido que sea, llevará
en última instancia la marca del autor”
(Philippe Lejeune, La autobiografía en tercera persona)