No volvamos a escribir “escuela” con “e” de “exclusión”

Exclusión. Foto: Jose M. Martos

Exclusión. Foto: Jose M. Martos

 

Estos días convulsos del comienzo de curso escolar 2011-2012, en el que se suceden las noticias de los recortes que afectarán al ámbito educativo,  me hacían recordar las palabras con las que iniciaba una  aportación a la revista Novedades Educativas en el año 2007:

Cuando “escuela” se escribe con “e” de exclusión nos invade espontáneamente un sentimiento de perplejidad al percatarnos, una vez más, de que en nuestra sociedad, junto a las situaciones de bienestar y abundancia, perviven otras de desigualdad que afectan a muchas personas en el ámbito social, económico y cultural. Los procesos  de exclusión abandonan al borde del camino a muchos sujetos y colectivos privándolos de alcanzar las mínimas cotas de bienestar material, personal y social que les conduzcan a vivir de una forma digna y autónoma. Afirmar que, en algunos casos, escuela se escribe con “e” de exclusión lleva consigo una doble exigencia en la que todas las personas que intervienen en el proceso educativo se encuentre implicadas: por una parte abordar la difícil tarea de diagnosticar y comprender el complejo y poliédrico mundo de la exclusión en el ámbito educativo; por otra parte, y a la luz de este primer momento, establecer unas líneas de actuación e intervención que prevengan las situaciones de exclusión educativa  que garanticen una educación básica, indispensable, común y obligatoria que contribuya a que nadie se quede excluido de alcanzar las competencias necesarias para ser un ciudadano de pleno derecho” (Martos, 2007: 34)

Pero, ¿a quién tocarán de lleno los recortes? ¿Se  reducirán programas y proyectos, que han constituido todo un avance para garantizar la atención a la diversidad, la prevención frente a la exclusión educativa como pórtico de la exclusión social? ¿Veremos reducido el número de docentes, que desde su dedicación y profesionalidad dinamizan las medidas de compensación educativa que a tantas alumnas y alumnos  han ayudado a culminar la etapa de educación obligatoria?  ¿Se verá afectada la acción tutorial, ámbito de ayuda, escucha, y acompañamiento personalizado alumno/a-tutor/a? Estas y otras preguntas no dejan de rondar por mi cabeza estos días.

Pero junto al anuncio de recortes llegan noticias contradictorias, que hablan de excelencia educativa, pero una excelencia que se dirige sólo a unos pocos. ¡Qué contradicciones tiene esta vida! Muchas veces me he preguntado qué es la excelencia educativa, qué es la calidad de la educación. Entre estos interrogantes siempre me resultan iluminadoras las palabras del profesor Juan Manuel Escudero:

Una calidad justa y equitativa es, sin embargo, más imperativa en la enseñanza obligatoria. Es en ella donde ha de garantizarse a todos una educación de base (no de mínimos), que abra las puertas a la formación y al aprendizaje sucesivo, al desarrollo y la participación de los ciudadanos en las  distintas esferas de la vida personal y social. Garantizarla como un valor intrínseco, supone reconocerla efectivamente como un derecho de la ciudadanía. Y además, tiene un valor instrumental: habilita, provee recursos y capacidades para el acceso y la participación responsable en todos los demás derechos civiles, sociales, políticos y económicos” (Escudero 2005: 15).

La calidad no puede estar reñida con la equidad, ni una situación económica dificultosa puede poner en peligro la garantía de que toda la ciudadanía alcancen las competencias básicas que serán el cimiento de los ulteriores desarrollos personales, sociales y profesionales.

El contacto con el mundo educativo y en estos momentos con la formación en el mundo del trabajo me han hecho constatar las consecuencias reales que tienen en la trayectoria personal y profesional de muchas personas el no haber alcanzado dichas competencias. Quizás este sea uno de los principales problemas a la hora de intervenir en esta difícil situación de desempleo, ya que muchas de las medidas que se proponen para mejorar la empleabilidad y propiciar la recualificación profesional, no tienen en cuenta esta situación de muchos desempleados y desempleadas.

Por estas razones y muchas otras, y ante la situación de recortes, una llamada a que estos no sean la excusa para olvidar la dimensión equitativa de la educación. Por favor, no volvamos a escribir “escuela” con “e” de exclusión, no cerremos la puerta a que todos alcancen las competencias básicas de ciudadanía que permitirán poner los cimientos de un verdadero progreso en todos los ámbitos sociales.

José M. Martos Ortega

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

ESCUDERO, J.M. (2005), Valores institucionales de la escuela pública: ideales que hay que precisar y políticas a realizar, en  ESCUDERO, J.M. y otros: Sistema educativo y democracia: alternativas para un sistema escolar democrático. Barcelona: Octaedro, pp. 9-39.

MARTOS, J.M. (2007). Cuando «escuela» se escribe con «e» de exclusión. Perspectivas de intervención. Novedades Educativas 197 (Mayo 2007) 34-36.

Puerta de acceso a la Iglesia del Salvador del Albaicín (Granada). Foto: Jose M. Martos

Puerta de acceso a la Iglesia del Salvador del Albaicí­n (Granada). Foto: Jose M. Martos

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3 Responses a “No volvamos a escribir “escuela” con “e” de “exclusión””

  1. Lidia dice:

    Te felicito por el post, ya que creo que transmite la preocupación de muchas personas con los acontecimientos que están sucediendo y los que se anuncian.

  2. Inmaculada dice:

    Bien, me gusta, porque centra el foco de la polémica donde debe estar, no en el cómputo de horas, aderezado por una torpe gestión de un conflicto que va más allá del laboral y que tiene repercusiones vitales para nuestra sociedad.

  3. Joaquín P. Martín dice:

    Muchas felicidades por el post. Ya lo dije en Facebook, estás en lo cierto desde el título hasta el punto y final.

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