Archivo de la categoría ‘Hermeneútica’

El sentido del verbo “hermenenéuein” en la Grecia clásica

martes, septiembre 28th, 2010

Partenón de Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Partenón de Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Al acercarnos al sentido del verbo  “hermenenéuein” en la Grecia clásica, como primer paso metodológico para conocer el alcance y la significación del término “hermeneútica”, nos encontramos con tres usos vinculados a tres campos semánticos  distintos (Grondin, 2002: 44-45):

1. “Hermenenéuein” como sinónimo de “decir algo”, esto es, emitir palabras que se articulan en oraciones y unidades de sentido. Dichos enunciados o unidades de significado pueden ser cantados o recitados por los aedos y rapsodas ambulantes que, por medio de distintas técnicas mnemoténicas, ejercen, en el seno de una sociedad en la que la escritura no está muy presente, la misión de ser transmisores de la tradición que configura la identidad de un pueblo. En este sentido la tradición oral se convierte en un elemento de cohesión social. En efecto, los poetas son creadores y reproductores simbólicos de los ideales heroicos que reflejan la grandeza de la historia de un pueblo. Los enunciados de los poetas, con frecuencia, tomarán un carácter lírico (poietés) para exteriorizar sentimientos y reflexiones personales al hilo de las historias que narran y comunican.

2. “Hermenenéuein”  como sinónimo de “traducir”, es decir, como proceso que traslada un conjunto de enunciados pronunciados por un emisor a otro conjunto de enunciados acogidos por un receptor. Dicha acción de traducir supone poner en relación a agentes existencialmente diferentes, pertenecientes a ámbitos distintos: el cielo y la tierra. Hermes, representación de lo masculino asociado a Zeus, e Iris, representación de lo femenino asociada a Hera, ilustran en la tradición griega el primer tipo de agente y emplazamiento, el celestial, frente al género humano que habita en la tierra. La tarea de Hermes e Iris se desarrolla en dos dimensiones: como una traducción inter-lingüística, de lengua a lengua, e intralingüística de signo a signo. Por uno u otro camino se quiere alcanzar  unacomprensión del mensaje que traslade a términos sencillos lo que es esencialmente complejo, facilitando la comprensión del que recibe para que acoja un mensaje.

3. “Hermenenéuein”  como sinónimo de “elucidar”, de volver claro lo oscuro, iluminar lo que aparentemente se muestra como ensombrecido. Puede estar referido a una expresión aislada, a un conjunto de expresiones que forman un enunciado, o a un conjunto de enunciados que forman un texto. Se refiere a la acción que vuelve inteligible aquello que, a primera vista, se muestra como ininteligible en un intento de convertir lo extraño en familiar, lo lejano en cercano, lo indeterminado en determinado, por medio de una serie de técnicas especializadas.

Los tres sentidos del término comparte dos rasgos comunes. El primero, -expresar, traducir y elucidar- constituyen actividades prácticas, es decir, no son acciones que responden a estímulos automátas, sino todo lo contrario, requieren un saber propio, una técnica, que se manifiesta cuando la actividad se hace visible. En segundo lugar, -expresar, traducir y elucidar- son actividades mediadas por el lenguaje, entendido este como vehículo que transmite un mensaje y como herramienta de discernimiento, clarificación y exposición del mensaje comprendido.

Vinculado a estos tres sentidos se encuentra la misión del “hermenéus”, dios u hombre, agente que lleva a cabo la actividad hermeneútica vinculada al lenguaje, entendida, según se tome en una u otra acepción, como la acción de expresar un mensaje, de hacerlo comprensible por medio de la interpretación, y de  desvelar y hacer visible aquello que aparentemente es ininiteligible o aparece oculto a los simples ojos.

Fuentes:
Grondin, J. (2002), Introducción a la hermeneútica filosófica. Herder, Barcelona.
Vélez Upegui, M. (2009), Acerca de la hermeneútica en la Grecia antigua. Co-herencia, Vol.6, Núm. 10, enero-junio, 2009, pp. 79-96.

Hermes, el mensajero de los dioses y el origen de la hermeneútica

martes, mayo 18th, 2010
Hermes. Julius Schnorr von Carolsfeld (1794–1872)

Hermes. Julius Schnorr von Carolsfeld (1794–1872)

Hermes, el dios mediador está simbólicamente en el origen de la palabra hermeneia que significa inicialmente “interpretación” y “expresión”. Homero, en el Himno XVIII, describe a Hermes como el “raudo mensajero de los dioses”, “el de la profética voz”, encargado de hacer inteligibles y expresar en palabras humanas los mensajes de los dioses.
En efecto, entre los distintos atributos que la mitología señala de Hermes, sobresale su carácter de mensajero de los dioses.  Los artistas lo representan llevando en su manos el caduceo, vara de oro que le regaló Zeus, calzando unas sandalias aladas, y con el pétaso, sombrero de alas anchas que usaban  los viajeros. Cómo una ráfaga de viento, Hermes, el dios alado, atravesaba continentes y mares para transmitir los mensajes de la divinidad. Como heraldo e intérprete, Hermes tenía una especial capacidad de expresión y elocuencia. Era el Hermes Logos, patrón de los retóricos, los filósofos y los hombres de letras.
La mitología no pasó de largo ante esta dimensión o atributo de Hermes. Cuenta el mito  que cuando Zeus se unió a Io, en Argos, le pidió a Hermes que distrajera a los habitantes de la ciudad para que no lo descubrieran. Hermes les dirigió entonces la palabra con talento y elocuencia que los habitantes de Argos lo escucharon durante horas.
El concepto de hermenéutica es relativamente nuevo dentro del pensamiento contemporáneo. En efecto, cuando H.G. Gadamer publica “Verdad y Método”, no se atreve a subtitularlo como “Fundamentos de una hermeneútica filosófica” por temor a una no aceptación en el ámbito filosófico-académico. El tiempo, y la polémica suscitada a raíz de la primera edición del texto, hicieron posible que quince años después la obra llevase como subtítulo el término “hermeneútica”.

Sin embargo dirigir nuestra mirada a la hermeneútica significa adentrarnos en el pensamiento griego. Aristóteles, en su Peri hermeneias, puso las bases de lo que posteriormente constituirá el pensamiento hermeneútico. A partir de estas raíces, la evolución del pensamiento ha ido fraguando un corpus hermeneútico que ha revestido distintos rostros en cada etapa histórica: desde la Edad Media, la exégesis bíblica, con los distintos sentidos de la Escritura, pasando por el desarrollo de las técnicas filológicas en el Renacimiento, hasta llegar la propuesta de una hermeneútica filosófica y su impacto en las ciencias humanas.El rostro de Hermes, como mensajero e intérprete de los dioses, sigue estando presente en el pensamiento hermeneútico actual como una invitación a abordar una búsqueda crítica de sentido y de comprensión de la realidad  interior y exterior que circunda la vida del hombre.

Fuentes:

Garazalza, L.( 2002), Introducción a la hermeneútica contemporánea. Cultura, simbolismo y sociedad. Barcelona: Anthropos, 5.
Mavromataki, M. (1997), Mitología Griega. Atenas: Ediciones Xaitali, 76-81.

Palabras compartidas

lunes, febrero 1st, 2010
Detalle de la Puerta de Coronería de la Catedral de Burgos (Noviembre, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Detalle de la Puerta de Coronería de la Catedral de Burgos (Noviembre, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

“La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha”

(M. de Montaigne)

La elocuencia oculta de la imagen

martes, octubre 6th, 2009

Escultura romana de Antinoo (Museo Arqueológico de Delfos. Julio, 2009)

Escultura romana de Antinoo (Museo Arqueológico de Delfos. Julio, 2009)

El arte es expresión de experiencias relevantes de la vida. Las expresiones artísticas tienen la potencialidad de ser el reflejo y la epifanía de aquellas realidades y sentimientos que las palabras por sí solas no pueden transmitir.
Por ser la imagen una expresión de lo que no se ve tiene la capacidad de tocar en lo más profundo del corazón, de escrutar entre los recovecos más ocultos  de la vida. La capacidad creativa del artista genera expresiones inéditas de realidades no asibles o mensurables, como el amor, el odio, el gozo o el rencor, para que estas tomen corporeidad. La imagen, por tanto, es el puente que permite el paso de lo que se ve a lo que no se ve, de lo sensible a lo metasensible.
La dinámica comunicativa de la imagen ejerce un movimiento de dentro hacia fuera. Es una puerta abierta que nos permite entrar en la interioridad para sentirnos acogidos en el universo interior que encierra el otro. La imagen artística es como la pieza preciosa, en la que se materializan los sentimientos, encontrada en el yacimiento único e irrepetible del corazón.
Por tanto la imagen habla por sí sola, tiene la capacidad e transcenderse en el tiempo utilizando un lenguaje familiar comprensible a los hombres y mujeres que se encuentran con ella. De esta forma es capaz de conmovernos y hablarnos al corazón una escultura, una pintura o una construcción arquitectónica de la que nos separa cientos o miles de años.
Una vida que sacrifica las representaciones, los símbolos o las metáfora es una vida muda, condenada a la soledad y al silencio. En ella se encierra una actitud vital que rechaza la mirada, la caricia, la dulzura o el gesto que plasmó el autor para hacerla asequible y cercana a nosotros. Una vida que sacrifica la imagen cierra las puertas a los ojos del autor que se nos ofrecen para que contemplemos otra visión del mundo. Por medio de la obra de arte  “el artista nos presta sus ojos para ver el mundo, y así, por mediación suya, participamos del conocimiento de las ideas. El don innato del genio estriba en poseer esos ojos, que le permiten abrirse a los esencial  de las cosas, con independencia de sus relaciones; y también que está en situación de hacernos partícipes de este don, como si nos prestase sus ojos” (Arthur Schopenhauer, Sobre el fin de la obra de arte).
Aquí radica la elocuencia de la imagen, en la capacidad de ver más allá de nuestra corta y parcial mirada para contemplar, a través de otros ojos, un horizonte novedoso e inédito capaz de suscitar nuevas experiencias en nosotros.

Matices

lunes, julio 6th, 2009
Fachada Carrera del Darro (Granada. Junio, 2009). Foto: Jose Martos

Fachada Carrera del Darro (Granada. Junio, 2009). Foto: Jose Martos

 

“¿Sabemos acaso lo que es la verdad? Si yo le digo que aquel trozo de ventana es azul, digo una verdad. Pero es una verdad parcial, y por lo tanto una especie de mentira. Porque ese trozo de ventana no está solo, está en una casa, en una ciudad, en un paisaje. Está rodeado del gris de ese muro de cemento […] de infinitas cosas más. y si yo no lo digo todo, abslutamente todo, estoy mintiendo. Pero decir todo es imposible, aún en este caso de la ventana, de un simple trozo de la realidad física, de la simple realiadad física. La realidad es infinita y además, infinitamente matizada, y si me olvido de un sólo matiz ya estoy mintiendo” (Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas).

Contemplación solitaria

domingo, junio 28th, 2009
Detalle del conjunto escultórico de una de las fuentes de la Plaza de Don Pedro IV, conocida como Rossio (Lisboa, abril 2009). Foto: Jose M. Martos

Detalle del conjunto escultórico de una de las fuentes de la Plaza de Don Pedro IV, conocida como Rossio (Lisboa, abril 2009). Foto: Jose M. Martos

“Son varias las cosas que pueden significarse con la palabra estilo, o mejor quizá, éste puede ser detectado en niveles diferentes. El más profundo de ellos radica en el seno del individuo, de cada individuo único, y se revela como aquella visión del mundo y actitud frente al mundo que le es peculiar; mientras que el nivel más superficial se encuentra, por lo que atañe a los escritores, en el arreglo de las palabras que componen textos poéticos. Ahora bién, a partir siempre del nivel básico, que es inmodificable, la expresión personal depende en grados diversos de la voluntad (en cuyo sentido puede hablarse de una “voluntad de estilo”). Por lo pronto, tal expresión tiene que acomodarse a los usos idiomáticos generales que garantizan la comunicación, es decir, la inteligibilidad de lo expresado; y esos usos son dados en un cierto ámbito histórico, temporal y especialmente delimitado, dentro del cual se encuentran en vigor unas pautas estéticas que constituyen el estilo literario de la época. El escritos nuevo tiene que trabajar con el lenguaje común y asumir las vigencias literarias de su tiempo, a cuya alteración contribuirá eventualmente con su propia obra. […] Instalado plenamente en la actualidad histórica, he contribuido a promoverlas espontáneamente y por propia iniciativa, siquiera sea en la medida mínima que mis facultades me permiten. Dicho en otras palabras: cuanto he producido en el terreno de la creación imaginativa después de la guerra civil no responde tanto a las incitaciones de un determinado ambiente literario como a un solitario impulso brotado de dentro, a una necesidad interna de esclarecer mis propias circunstancias vitales. Tan desolada libertad se debió en parte, sin duda, a mi carácter personal y probablemente hubiera llegado a alcanzarla de todas maneras; pero en parte fue precipitada también por las condiciones del exilio. Y hablar de las condiciones del exilio no me refiero a la situación individual del escritor desarraigado (la metáfora del desarraigo, que identificaba al ser humano, pensante y semoviente, con un vegetal siempre me ha molestado un poco), sino a la situación general del que ese exilio es un efecto. ¿Será necesario evocarla? Por lo que en particular nos concierne, la antigua república de las letras había quedado desmantelada, dejando a la intemperie sus ciudadanos. Y la destrucción ocurrida primero en España pronto se extendería, con la segunda guerra mundial, a los demás países. Mi obra entonces, y a partir de entonces, ha respondido a las perplejidades de mi propia estación en el mundo, procurando explicarse éste. Es una especie de meditación solitaria; o mejor dicho, no meditación, sino expectación, contemplación solitaria” (Francisco Ayala, Conversaciones).