Las ciudades invisibles: el poder del relato
Lunes, Junio 15th, 2009
Vista de Estambul desde el Cuerno de Oro (enero 2009). Foto: Jose Martos
Calvino describe bellamente la relación tan sugerente que existe entre el emperador ,que ve como su imperio se desmorona, y el aventurero que le hace soñar con algo nuevo, con una reconstrucción de su reino y de los anhelos y esperanzas de quienes lo habitan: “No es que Kublai Kan crea en todo lo que dice Marco Polo cuando le describe las ciudades que ha visitado en sus embajadas, pero es cierto que el emperador de los tártaros sigue escuchando al joven veneciano con más curiosidad y atención que a ningún otro de sus mesajeros o exploradores, En la vida de los emperadores hay un momento que sucede al orgullo por la amplitud desmesurada de los territorios que hemos conquistado, a la melancolía y al alivio de saber que pronto renunciaremos a conocerlos y comprenderlos; una sensación como de vacío que nos acomete una noche junto con el olor de los elefantes después de la lluvia y de la ceniza de sándalo que se enfría en los braseros; un vértigo que hace temblar los ríos y las montañas historiados en la leonada grupa de planisferios, enrolla uno sobre otro los despachos que anuncian el derrumbarse de los últimos ejércitos enemigos de derrota en derrota y resquebraja el lacre de los sellos de reyes a quienes jamás hemos oído nombrar, que imploran la protección de nuestras huestes triunfantes a cambio de tributos anuales en metales preciosos, cueros curtidos y caparazones de tortugas; es el momento desesperado en que se descubre que ese imperio que nos había parecido la suma de todas las maravillas es una destrucción sin fin ni forma, que su corrupción está demasiado gangrenada para que nuestro cetro pueda ponerle remedio, que el triunfo sobre los soberanos enemigos nos ha hecho herederos de su larga ruina. Sólo en los informes de Marco Polo, Kublai Kan conseguía discernir, a través de las murallas y las torres destinadas a desmoronarse, la filigrana de un diseño tan sutil que escapaba a la mordedura de las termitas” (pag. 21).
Con la lectura de estos relatos, cada uno de nosotros somos ese nuevo Kublai Kan, que busca , en medio de las experiencias contradictorias del día a día, nuestro imperio, el lugar en el que se hagan realidad nuestros anhelos, es decir, la ciudad invisible que está oculta en la visible ciudad que nos rodea. En los relatos se encuentran encerrados los arquetipos que a cada uno de nosotros nos hacen soñar y ponernos a caminar cada día. Los pequeños relatos nos situan en un camino con una doble andadura, una senda de ida y vuelta que pide al lector buscar un equilibrio, no fácil de conseguir, entre el “factum” y el “fueri”, entre lo que acontece y lo que nos gustaría que aconteciese, entre nuestra realidad y las utopías que nos hacen caminar.
