Archivo del mes Junio, 2010

La aporía de un progreso sin memoria

Domingo, Junio 6th, 2010

En los acontecimientos acaecidos durante la Primera Guerra Mundial algunos pensadores como Franz Rosenzweing, Gershom Scholem y Walter Benjamin contemplan el inicio del desmoronamiento del modelo occidental de historia fundamentado en las ideas de continuidad, causalidad y progreso. Este modelo de historia postula un progreso concebido como un proceso creciente, orientado de menos a más, hacia un telos que guía el desarrollo de la historia. Prototipo de este modelo histórico podemos  considerar la concepción hegeliana de la histora, que ve en ella un proceso dialéctico en el que se despliega,a través de diversas etapas, el Absoluto.

Los autores anteriormente citados, por el contrario, conciben la historia como un proceso discontinuo, que encierra contradicciones, fracasos y dudas. A este respecto es importante el planteamiento crítico de Benjamin al evidenciar que una de las debilidades de este modelo de progreso, que arranca de la Ilustración, es la exclusión y el olvido de la memoria colectiva de los fracasos de la humanidad para centrarse en un modelo triunfalista que condena al silencio más profundo la experiencia de sufrimiento y desvalimiento de muchas personas a lo largo de las distintas etapas de la historia.

Según Benjamin la memoria es la encargada de despertar la porción o la cara ignorada y olvidada de la historia, la microhistoria de los vencidos. Para el autor el pasado tiene vida propia, asalta e interpela a la conciencia para incidir en el momento actual como una fuente crítica e interpeladora.  En la tesis IX sobre Filosofía de la Historia Walter Benjamin utiliza la imagen del ángel de la historia para hacer una crítica a esta idea de progreso que prescinde de la memoria para iniciar una huida hacia delante hacia la ilusión de un progreso que de antemano es mejor que lo conocido hasta el momento:

Angelus Novus (Klee)

Angelus Novus (Klee)

“Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y éste debería ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el Paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán lo empuja hacia el futuro, el cual le da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso” (W. Benjamin, Tesis sobre filosofía de la historia).

¿Por qué el ángel de la historia debe de mirar hacia atrás? La tesis de Benjamin encierra dos argumentos:
a)    Un argumento epistemológico: es necesario e inevitable mirar hacia atrás para ver hacia delante, ya que sin el pasado no se puede entender el presente ni el futuro. El conocimiento debe basarse en lo materialmente existente. Es el pasado el que nos deja restos, a veces muy escondidos y difíciles de percibir, sobre los que fundamentar el futuro. La historia deja vestigios de los vencedores pero sepulta en el olvido la historia de los vencidos. De los vencidos no conocemos nombres ni podemos contemplar sus rostros ya que fueron condenados a habitar la ciudad del olvido.  Por tanto para comprender nuestro presente es necesario mirar con cuidado y respeto para encontrar las heridas y cicatrices que están sepultadas en el subsuelo de la historia.
b)    Un argumento ontológico: el futuro no existe en sí mismo  ya que el progreso no es una tendencia de acercamiento inevitable a un futuro mejor como si el tiempo fuese algo homogéneo que avanza automáticamente. El ángel de la historia va hacia delante, aún mirando hacia atrás sin poder controlarse, empujado por una fuerza a la que no puede resistirse, pero olvidando lo que deja atrás.

Nombres escritos en las paredes de la sinagoga Pinkas para recordar los 77297 judíos checos y eslovacos víctimas del holocausto. (Praga. Abril, 2010). Foto: Jose Martos

Nombres escritos en las paredes de la sinagoga Pinkas para recordar los 77297 judíos checos y eslovacos víctimas del holocausto. (Praga. Abril, 2010). Foto: Jose Martos

¿Por qué el ángel, del que nos habla Benjamin, percibe como ruinas lo que para nosotros constituye un progreso? ¿Es acaso, el autor, enemigo del progreso? La postura de Benjamin dista de ser contraria al progreso en general, pero sí a un modelo  de progreso que tuvo su carta de ciudadanía en la modernidad. El autor se posiciona ante el progreso que oculta el sufrimiento y el fracaso de la historia en aras a un progreso ilimitado de forma que éste constituye un fin que justifica todos los medios, da la espalda al pasado, huye hacia adelante, en una carrera frenética e ilimitada hacia un futuro mejor.
Pero en este modelo, criticado por Benjamin, ¿qué lugar ocupa los sufrimientos y la historia de desvalimiento de muchas personas?. Sencillamente representan el precio que hay que pagar para alcanzar la felicidad futura. De este modo el pasado se convierte en una ideología que refuerza los intereses de los vencedores y facilita la reproducción del sufrimiento que se dio en el pasado.
Frente a esta situación Benjamin propone una recuperación de la memoria como una responsabilidad frente a las víctimas para evitar que haya unas nuevas víctimas, reconociendo la vigencia de los derechos de los vencidos en un presente que se los niega y oculta.
Por tanto la reconstrucción de la historia presente pasa necesariamente por la memoria de los sin nombre. Los vencidos, a los que les arrancaron la vida, borraron su nombre, o están sepultados en las fosas del olvido, nos recuerdan que todos venimos de una tradición de la que hay que hacerse cargo. Una historia y una tradición permeada por el sufrimiento, la miseria, la injusticia, pero que el paso del tiempo no nos exime de la responsabilidad.
En esta línea de pensamiento el ángel de la historia pretende ver el futuro en el pasado. Un futuro que integra las esperanzas frustradas de las generaciones anteriores, que debe ser acogido por las generaciones actuales para desenmascarar a los vencedores del presente. Si se pierde de vista este recuerdo los vencedores de hoy se unirá a los de ayer, para legitimar, desde el silencio y el olvido los atropellos que se realizaron. Benjamin coloca, por tanto, en el centro la memoria del sufrimiento, como una forma de hacer justicia de la que nadie nos exime y  a su vez, posibilita el fundamento del verdadero progreso social que evita que se repitan los atropellos contra la humanidad.
Adorno, a raíz de la recuperación de la memoria de las víctimas de Auschwitz, captó con acierto esta situación que es transferible a otros contextos:

“Hitler ha impuesto a los hombres un nuevo imperativo categórico para su actual estado de esclavitud: el de orientar su pensamiento y su acción de modo que Auschwitz no se repita, que no vuelva a ocurrir nada semejante”.

Fuentes:

Benjamin, W. (1992), Tesis sobre filosofía de la historia, en Discursos interrumpidos, Taurus, Madrid, 1992.

De la Garza Camino, M.T. (2007), Tiempo y memoria en Walter Benjamin, en D. Finkelde, E. Webels, T. de la Garza, F. Mancera (coords), Topografías de la modernidad. El pensamiento de Walter Benjamin. Mexico: UNAM, 173-202.