Contemplación solitaria
Domingo, junio 28th, 2009
Detalle del conjunto escultórico de una de las fuentes de la Plaza de Don Pedro IV, conocida como Rossio (Lisboa, abril 2009). Foto: Jose M. Martos

Detalle del conjunto escultórico de una de las fuentes de la Plaza de Don Pedro IV, conocida como Rossio (Lisboa, abril 2009). Foto: Jose M. Martos

El pensador (Rodin)
Las ciudades invisibles (Madrid: Ediciones Siruela) de Ítalo Calvino (1972) es una crónica viajera en las que Marco Polo hace un retrato de las ciudades que ha conocido en sus viajes . Por medio de sus narraciones el embajador dibuja para Kublai Kan, emperador de los tártaros, distintos esbozos que reflejan los anhelos que hacen soñar al dignatario, inmerso en un mar desolación y frustracción ante la situación circundante. Las palabras de Marco Polo reflejan el reverso de la realidad, la otra cara enigmática del “factum” o del acontecer, para mostrar un horizonte esperanzador al dignatario.
Calvino describe bellamente la relación tan sugerente que existe entre el emperador ,que ve como su imperio se desmorona, y el aventurero que le hace soñar con algo nuevo, con una reconstrucción de su reino y de los anhelos y esperanzas de quienes lo habitan: “No es que Kublai Kan crea en todo lo que dice Marco Polo cuando le describe las ciudades que ha visitado en sus embajadas, pero es cierto que el emperador de los tártaros sigue escuchando al joven veneciano con más curiosidad y atención que a ningún otro de sus mesajeros o exploradores, En la vida de los emperadores hay un momento que sucede al orgullo por la amplitud desmesurada de los territorios que hemos conquistado, a la melancolía y al alivio de saber que pronto renunciaremos a conocerlos y comprenderlos; una sensación como de vacío que nos acomete una noche junto con el olor de los elefantes después de la lluvia y de la ceniza de sándalo que se enfría en los braseros; un vértigo que hace temblar los ríos y las montañas historiados en la leonada grupa de planisferios, enrolla uno sobre otro los despachos que anuncian el derrumbarse de los últimos ejércitos enemigos de derrota en derrota y resquebraja el lacre de los sellos de reyes a quienes jamás hemos oído nombrar, que imploran la protección de nuestras huestes triunfantes a cambio de tributos anuales en metales preciosos, cueros curtidos y caparazones de tortugas; es el momento desesperado en que se descubre que ese imperio que nos había parecido la suma de todas las maravillas es una destrucción sin fin ni forma, que su corrupción está demasiado gangrenada para que nuestro cetro pueda ponerle remedio, que el triunfo sobre los soberanos enemigos nos ha hecho herederos de su larga ruina. Sólo en los informes de Marco Polo, Kublai Kan conseguía discernir, a través de las murallas y las torres destinadas a desmoronarse, la filigrana de un diseño tan sutil que escapaba a la mordedura de las termitas” (pag. 21).
- Los fantasmas de Atocha.Han pasado cinco años desde los atentados del 11 de marzo de 2004 y parece que ya ha pasado la cuarentena para un acercamiento desde la ficción al brutal atentado. Aunque en España siempre ha habido (y no sólo en la literatura) cierta prevención a establecer desde la ficción diálogos con la realidad inmediata, existen algunos intentos de novelar las huellas de la matanza. Ricardo Menéndez Salmón en El corredor (novela que transcurre durante el 11 de marzo de 2004), Madrid blues, de Blanca Riestra (que cuenta la vida de una veintena de personas unos días antes de los atentados) o La piedra en el corazón, novela breve de Luis Mateo Díez son algunos ejemplos de nacidos de aquel dolor público.
- Relato reticular. La ruptura del orden cronológico y causal convierten el relato en un enigma, una historia fragmentaria por descifrar. La búsqueda de la coherencia es un objetivo en sí mismo de la lectura. El relato reticular, frente al narrativo, despliega un abanico de variantes a partir de un motivo, una situación, un personaje o una metáfora. La profesora Geneviève Champeau, de la Universidad de Burdeos, habla (a partir de autores tan dispares como Antonio Muñoz Molina o Agustín Fernández Mallo) de la colocación del lector en el centro del dispositivo estético: un nuevo tipo de lector-espectador-oyente que ha sido educado por la publicidad, el clip, el zapping o el montaje musical. El personaje, componente central de la narrativa decimonónica, que sigue siéndolo en la novela histórica o policiaca, queda destronado en la novela reticular.
- Novelas ‘pensamentales’. El término no es nuevo: lo recoge Gonzalo Sobejano de Juan Ramón Jiménez para definir la novela que se dirige hacia el ensayo. La novela que implica a un autor-pensador. La novela busca el sentido de la realidad y del mundo. El autor Manuel Alberca como ejemplo de autor de autoficciones que al atribuir a su protagonista la misma identidad que la del autor parecen verídicas como las autobiografías. Una estructura híbrida que presenta lo imaginario como real y que no es una apología de la falsificación sino todo lo contrario. La autoficción nos llama a neutralizar nuestra capacidad de ser crédulos. Una tendencia literaria en la que están Luis Goytisolo, Javier Marías o Enrique Vila Matas. En su conferencia, Gonzalo Sobejano añadió que comprar un libro es la única forma que conoce para luchar contra “el dolor, el engaño, el olvido y la muerte”.
- Autores literarios o autores de mercado. La trivialización de la novela es para el crítico Santos Alonso una de las claves del actual estado de la literatura española. Sin dar nombres (“no quiero entrar en debates de combate”) divide el panorama en escritores de mercado y escritores de literatura. Campa a sus anchas la novela light y previsible, de frases hechas y clichés que matan la “imaginación” y el lenguaje “literario”. El colmo de lo novedoso, añade, se limita a repetir formas arcaicas de los años sesenta o setenta, y críticos y periodistas “ignorantes o desmemoriados lo aplauden”.
Elsa Fernández Santos. El Pais, 07.06.2009
“La escritura es una larga introspección, es un viaje hacia las cavernas más oscuras de la conciencia, una lenta meditación. Escribo a tientas en el silencio y por el camino descubro partículas de verdad, pequeños cristales que caben en la palma de una mano y justifican mi paso por el mundo.”
(Isabel Allende, Paula)
“en el lento ejercicio de la escritura he lidiado con mis demonios y obsesiones, he explorado los rincones de la memoria, he rescatado historias y personajes del olvido, me he robado las vidas ajenas y con toda esa materia he construido un sitio que llamo mi patria. De allí soy.”
(Isabel Allende, Mi país inventado)