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La máscara

Sábado, octubre 24th, 2009
Máscara. Museo Arqueológico de Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Máscara. Museo Arqueológico de Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

“La máscara que, alguna vez y en muy diferentes circunstancias, encubre el rostro de los humanos, no ha sido siempre -como suele serlo en nuestros tiempos- un medio de ocultar la realidad [...]. La máscara del teatro clásico (Πρόσωπον, persona) era, pues, el personaje, ya que el actor, cambiando de máscara, interpretaba un variado número de papeles en aquéllos, primitivamente sacros, espectáculos. De ahí se colige el fundamental papel que este elementos jugó en el teatro antiguo y sus numerosas representaciones en las artes figurativas de Grecia y Roma.

En sus estereotipados gestos y en otras características formales, como el color blanco o marrón que diferenciaba a las máscaras femeninas de las masculinas, reconocía el público con facilidad a los personajes de las diversas obras de los tres géneros teatrales griegos. Eran, pues, tantas com personajes de una obra, aunque su número realmente reducido, pues se trataban de tipos y servían por tanto para cualquier representación.

Hacia el año 180 de nuestra Era, en el diccionario de lengua griega que escribió, en Atenas, Iulius Polydeukes (Polux de Naukratis) se recogen hasta setenta y seis tipos de máscaras de la Comedia Nueva de las que veintiocho eran trágicas, cuarenta y cuatro cómicas y el resto correspondían al drama satírico” (Pedro Rodríguez Oliva, El Símbolo de Melpomene. Teatro y muerte en la España Romana).

La máscara trágica será el símbolo que caracteriza las representaciones de la musa Melpómene

Silencio hierático

Miércoles, septiembre 23rd, 2009


Máscara funeraria micénica (Museo Arqueológico Nacional. Atenas. Julio, 2009) Foto: José Antonio Casares

Máscara funeraria micénica (Museo Arqueológico Nacional. Atenas. Julio, 2009) Foto: José Antonio Casares

” Las culturas más antiguas necesitan de la máscara como el medio de afrontar lo no humano, lo extrahumano, con un correspondiente no-rostro o rostro sustitutorio. En la época arcaíca, como en la moderna, lo que era rostro se convierte en el retrato, en escudo contra aquello que deforma y niega los rostros. La máscara es el escudo facial que se levanta en la guerra de las miradas.
Resuena a través de esas máscaras el silencio hierático de lo sagrado, que invade el rostro y los ojos hasta fijarlos en una especie de reposo rígido y majestuoso. No hay el menor atisbo de movimiento ni de dinamismo, o de fuerza potencial que pudiera ser desplegada, en esos rostros convertidos, en su travesía del límite, en auténtico material sagrado.
Se trata de ese silencio hierático que invade el espacio de su travesía hacia el más allá del límite del mundo.No hay en esos rostros ya alegría ni dolor; placer ni displacer; felicidad ni amargura. Todo el complejo y tupido relato de los cambios emocionales de fortuna e infortunio han sido transcendido. Estos rostros nos miran desde más allá de la tragedia y de la comedia. No rien; pero tampoco lloran. Están ahí para que los contemplemos en un acto que trasciende la pura fruición estética”

(Adolfo Vásques Rocca. Sloterdijk; entre rostros, esferas y espacio interfacial. Ensayo de una historia natural de la afabilidad)