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Tarantela

Domingo, octubre 25th, 2009

Danzas en la música del Laúd, Guitarra y Vihuela. Foto: F. Herrera y M. Weber

Danzas en la música del Laúd, Guitarra y Vihuela. Foto: F. Herrera y M. Weber

La tarantela es un baile popular del sur de Italia, de las regiones italianas de Apulia, Basilicata, Calabria, Molise, Campania y Sicilia. Para algunos el nombre de esta danza napolitana, originaria de Tarento, procede del término tarántula, araña de ocho patas, dos grandes palpos maxilares, y un cefalotórax de color ceniciento cuyo cuerpo mide unos tres centímetros de largo.
El origen de la tarantela es muy antiguo, vinculado al ámbito litúrgico, ritual y terapéutico. En efecto, esta danza medicinal se bailaba en las procesiones paganas del siglo XV; las personas víctimas de la picadura de la tarántula, se entregaban de cuerpo y alma a un baile desenfrenado para poder curarse. Hasta muy entrado el siglo XX, en Sicilia y en Aragón, persistía la costumbre de danzar la tarantela con el fin de curar los efectos producidos por la mordedura de la araña. Dice Covarrubias, en el Tesoro de la Lengua Castellana (1611), que la mordedura de la tarántula “se cura al son de instrumentos, porque el paciente, moviéndose al compás del son, disimula su mal”. La tarantela ritual y simbólica, iba acompañada de músicos terapeutas que tenía un papel muy importante durante el curso de esta ceremonia; eran estos mismos terapeutas los que se encargaban  de hacer bailar al “tarantulado” por los siguientes tonos: LA mayor, RE mayor, Re menor y La menor. El grupo de músicos estaba integrado por un guitarrista, un tocador de bandurria, un violinista y un acordeonista. Así el Padre Athanasius Kirche (1601-1680) en su tratado Magnes sive De arte magnetica (Roma, 1641), cita la tarantela entre los ejemplos de aires musicales que estaban considerados en la tradición popular como un remedio contra el tarantulismo.
Encontramos diversos testimonios del uso terapeútico de la tarantela. Algunos a reconociendo su poder sanador:

“De cualquier modo que se haga la música, de viva voz o con instrumentos, con tal que la sonata sea proporcionada al veneno, cesa el tarantulismo aunque el enfermo parezca en el último extremo. La guitarra y el violín son los más usados pero es de creer que aun en los más groseros, como la zampoña o la flauta pastoril, hagan el mismo efecto si con ellos se toca la tarantela u otro análogo, las chirimías, dulzaínas y otros instrumentos de aire que forman un sonido agudo y pentrante como el clarín, clarinete, etc, les cansarán más pronto. Y sería más acertado experimentarla. Tocando la tarantela u otra sonata adecuada al veneno, comienza el paciente a mover los dedos de los pies y manos, sintiendo al mismo tiempo alegría y alivio en los síntomas, sigue después el movimiento de todos los miembros, crece este hasta el punto en pie y empieza a bailar con tal fuerza y velocidad y arreglo como si fuera el más diestro maestro de danza, causando admiración de los circunstantes. En tal modo nota las disonancias y percibe cualquier golpe mal dado, y mucho más si lánguidamente la sigue el tocador o de intento muda de tocata. Entonces suspende el baile, se queja lastimosamente, padece varias  contorsiones en todo el cuerpo, cae desmayado en tierra si no lo sostienen y encarecidamente ruega que no toquen aquel son y vuelvan a la tarantela. Empezada esta, torna a bailar con igual velocidad y compás, suda, se le pone en la cama y toma caldo u otro alimento ligero, sigue el sudor y desvanecido este vuelve al baile del mismo modo y por igual música. Se repite esto varias veces, hasta que aquella no le mueve, creyéndole entonces curado. Si llegó el remedio a tiempo, antes que el veneno se radicase o imprimiese altamente en alguna entraña (que, cuando esto sucede, es en el estómago o corazón) y se acertó con la sonata, es curado brevemente el enfermo en el espacio de cuatro días por lo regular, aun cuando no faltan historias de las nuestras en que se extendió el baile a más tiempo para lograr la curación” (Francisco Cid, Efectos de la música en los tarantulados).

Otros contemplan con cierto recelo el poder curativo ante las picaduras de las tarántulas:

“Pero concediendo a la tarantela alguna virtud para la curación de la picadura de la tarántula, creo yo que resulta esta de la alegría que infunden ciertas composiciones de música y su modo de obrar sobre el sistema nervioso; de la influencia de la tarantela sobre la imaginación de los pacientes infundiéndoles una  consoladora esperanza, y del sudor copioso que produce movimiento tan agitado, en un país cálido, durante el rigor del verano y en una habitación  atestada de curiosos que presencian el espectáculo; siendo muy probable que otra tocata cualquiera, igualmente alegre y bailable, produjese igual efecto en un país donde no sea conocida la tarantela, si es que allí se lograba hacer bailar al enfermo faltándole la preocupación  que sin duda hace el principal gasto. En apoyo de este parecer viene el hecho del tarantulado que se curó bailando el minué” (Auguste Theodor Vidal de Cassis, Tratado de patología externa y de medicina operatoria).

La tarantela profana que se baila actualmente, es completamente diferente de la precedente, tanto por su ritmo, como por su coreografía;  es una danza viva, alegre, a veces violenta, comportando ritmos de 6/8, 12/8, y 3/4, con música compuesta de tresillos repetidos que,  según autores “electrificaban” y hacían desvanecer a los enfermos…”; se bailaba por una o varias parejas cogidas de la mano; cuando la pareja se separaba, el acompañante perseguía a su compañera; cuando eran varios, se asemejaba a una especie de desfile parecido a una farándula.
Con o sin poder taumatúrgico encontramos bellos ejemplos de tarantelas que son capaces de conmover y suscitar sentimientos de alegría y gozo.