
Musa Caliope. Museo Pío Clementino.
En el mundo griego existía una gran afición a escuchar las hazañas heroicas guerreras de sus antepasados. Así el primer género literario presente en esta cultura es la poesía épica. El desarrollo de este género está vinculado al funcionamiento de la polis arcaica (s. VIII .VI a. C), ya que es en el seno de la corte aristocrática el lugar en el que se puede comprender propiamente el desarrollo de la épica. En las grandes fiestas y banquetes celebrados por los aristócratas, los aedos y rapsodas acompañados por instrumentos de cuerda, entonaban y recitaban poemas épicos cantando las hazañas de los héroes del pasado. Pero ¿qué intencionalidad tenía el hecho de hacer de la aristocracia la destinataria preferencial de estos cantos? La intencionalidad es claramente didáctica vinculada al concepto de la paideia y de la educación en el ideal del hombre griego a la clase gobernante. Estos cantos querían educar y configurar nuevos héroes, esforzados al límite, que revivan el pasado heroico y actualicen las grandes gestas que hacen grande a un pueblo. Así la poesía épica cantaba las hazañas de los héroes, historias acaecidas en un pasado legendario, transmitidas de boca en boca, mostrando, a modo parenético, la figura de los héroes legendarios como modelos a imitar.
Formalmente la poesía épica, debido a sus raíces en la transmisión oral, se caracteriza por el uso del verso hexámetro compuesto por seis pies: dáctilos o espondeos, y por una expresión llena de fórmulas, epítetos y repeticiones que viene a poner de relieve la dependencia que la poesía épica tenía de la tradición oral que arranca de la época de la mítica guerra de Troya. Esta tradición oral culminará en la figura de Homero y Hesiodo que configuraran las creencias mítico-religiosas de los griegos y constituyen los grandes educadores del pueblo griego.
En la mitología griega, Calíope (en griego antiguo Καλλιόπη Kalliópê, ‘la de la bella voz’) es la musa que preside el género épico. A ella se dirigían preferentemente los poetas invocando su inspiración. Es casi igual al dios Musageta a quien parece disputar la dignidad de jefe del coro de las musas, sin que por esto hubiera hostilidad entre ellos. El matrimonio de Caliope y Apolo, que aparece representado con frecuencia en las pinturas de los vasos, indica claramente la unión de los dos poderes. La preeminencia de Caliope sobre sus hermanas es reflejo de la importancia que llega a el género poético épico. Cuando la poesía épica floreció en Grecia, fue colocada bajo la invocación de Caliope y fue el atributo que conservó en último término, como lo indica el verso de Ausonio: “Carmina Calliope libris heroica mandat“.Como las demás musas, Calíope es hija de Zeus y Mnemósine (la Memoria). Se casó con Eagro y con él fue madre de Orfeo, Marsias y Lino, si bien también se dice que el padre de este último fue Apolo. Con Estrimón, uno de los oceánidas, fue madre de Reso, un rey tracio que murió en la Guerra de Troya el día siguiente de su llegada. Estrabón afirma que fue madre con Zeus de los Coribantes. Algunas fuentes le atribuyen la maternidad de Himeneo, dios de los esponsales y del canto nupcial, si bien otras afirman que era hija de Clío o Urania. Se dice que Calíope quedó prendada de Heracles y le enseñó el modo de reconfortar a sus amigos cantando en los banquetes. En otra ocasión Zeus le encargó la resolución de la embarazosa disputa entre Afrodita y Perséfone por la custodia (y disfrute) de Adonis. La resolvió decidiendo que Adonis pasase cuatro meses con Afrodita, cuatro con Perséfone y los cuatro restantes del año con quien él eligiera. Adonis siempre escogió a Afrodita porque Perséfone era la diosa fría e insensible del inframundo.
A pesar de la variedad de sus significaciones, las imágenes de Caliope son casi todas idénticas; siempre se la ve representada en la figura de una joven de aire majestuoso, la frente ceñida con una corona de oro, porque Hesíodo la pinta viviendo entre reyes, y con guirnaldas por ser la principal de las musas. En una pintura de Herculano lleva túnica verde, manto blanco, corona de hiedra y un volumen, atributo que no se ve en sus demás imágenes. Ordinariamente está sentada en actitud de meditación, con la cabeza apoyada en una de sus manos, con el estilo y las tablillas, como disponiéndose a escribir o a leer lo que acaba de escribir.