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Las “Alhambras”

Lunes, octubre 19th, 2009
Vista de la Alhambra desde el Albaicín. (Granada. Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Vista de la Alhambra desde el Albaicín. (Granada. Julio, 2009). Foto: Jose Martos

“No obstante, de un modo o de otro, la Alhambra es más que un mito. Pero, ¿qué es un mito? Algo maravilloso, de carácter divino o heroico y de dimensión universal, que rebasa el tiempo histórico y perdura para siempre en la memoria de los hombres. Pues la Alhambra, es más que eso. Sobrepasó con largueza la admiración y estima con que los héroes y sus hechos son aupados por los mortales humanos al pedestal de la leyenda. La Alhambra supera cualquier desafío. Pertenece ya al mundo de lo sobrenatural porque en ella se ha obrado el milagro de sobrevivir a cualquier fatal asechanza. Pasó el tiempo por encima de sus vestigios; soportó, y aún soporta, el hálito de incontables criaturas que acuden a observarla con expectación; se cebaron en ella desastres  sin cuento; sufrió los desgarros de expolios sin fin. Y aún resiste…, como un prodigio, mucho más saludable, mucho más saludable que en cualquier otra ocasión con esperanzas de eternidad. La Alhambra alienta y vive sin pausa desde los atávicos tiempos en que comenzó a emerger por la cumbre de la Sabica. Por eso no es un cadáver, ni tan siquiera una momia embalsamada en los recuerdos. Es más bien un dinámico desafío a nuestra petulante inteligencia, incapaz de recrear los mil modos y maneras de sus formas y paisajes ancestrales. Un vistazo a la historia, y habrá una Alhambra distinta para cada ocasión; un paseo por sus interiores, y una Alhambra diversa se nos mostrará paso a paso, rincón a rincón. Así que, ¿qué es en realidad la Alhambra?, ¿cuál es su verdad?, ¿qué es lo que encierra?, ¿cuántas Alhambras son o han sido? Pienso en muchas de ellas. Entre otras, en la Alhambra que subyace bajo tierra, oculta; fuente inagotable de sorpresas, fruición y complacencia para arqueólogos… Quizás, pienso, sea esa la verdadera Alhambra, la única fiable, la que guarda todos los secretos que nos atormentan. Debo evocar también la Alhambra de los afamados sultanes y sus conocidas obras arquitectónicas: Alhamar, Ismail, Yusuf, Muhammad… ¿Y por qué no otros reyes más opacos pero quizás tan refinados como estos? Puedo pensar en la Alhambra de los poetas, al-Jatib, ibn Zamraq, al-Yayyab… En la de anónimos artesanos de destreza sin par… En la  Alhambra del malhadado rey Boaldil… En la del todopoderoso emperador Carlos, primero y quinto a la vez… Me inclino, ¿por qué no?, hacia las sugerencias de la Alhambra de los Mendoza, célebres Tendillas y Mondéjares. O la de los “neocolonizadores” burgueses que la ocuparon a capricho al abrigo de su letal abandono… Quizá, pero menos, llegue a pensar  en la de Sabastiani y Soult… En la de Richard Ford… En la de Irving…, En la Alhambra de “Chorroejuno”… En la de los fotógrafos Garzón, Señán y González… En la del entrañable Polinario… En la de las pensiones y hoteles de la calle Real… En la de los restauradores y conservadores, desde los Contreras a don Leopoldo Torres Balbás, don Jesús Bermúdez Pareja y don Francisco Prieto Moreno… Y así, sin tregua, hasta hoy en pleno estreno del siglo XXI, vorágine de novedades, ensayos y sobresaltos. Por tanto, vuelvo a preguntar ¿cuántas Alhambras hay y a cuál de ellas atender? No, no es fácil concebir este hecho  llamado Alhambra, a pesar de cuanto sobre ella se ha escrito y teorizado. Eso es lo que siempre suele ocurrir con o inconmensurable.”

(Arturo Gutiérrez Castillo, La Alhambra. La visita y el monumento)

Los avatares de la Alhambra

Miércoles, septiembre 30th, 2009

Vista de la Alhambra desde el Albaicín

Vista de la Alhambra desde el Albaicín

“Para el viajero posído de sentimiento por lo histórico y por lo poético, tan inseparablemente entrelazados en los anales de la España romántica, la Alhambra es objeto de tanta veneración como la Caaba para los musulmanes. ¡Qué de leyendas y tradiciones, cuántas canciones y trovas, árabes y españolas, de amor, de guerra y de aventuras, asociadas a este monumento oriental! Fué mansión de los monarcas moriscos y desde ella, rodeados de los esplendores y de los refinamientos del lujo asiático, dominaron sobre territorios que se vanagloriaban de considerar como paraíso terrenal, esfonzándose en su final predestinación para ensanchar con España su imperio. El palacio real, que sólo forma una parte de la fortaleza, cuyas murallas, tachonadas de torres, se extienden irregularmente rodeando toda la cresta de una eminencia, estribación de Sierra Nevada que mira a la ciudad, es exteriormente informe y desigual agregación de ciudadelas y de almenas, sin regularidad en el plan y sin gracia en la arquitectura, no dejando adivinar la belleza y los primores que el interior encierra.
En tiempo de los moros era capaz la fortaleza de albergar en su recinto exterior un ejército de cuarenta mil hombres, y sirvió como plaza fuerte a los soberanos contra sus súbditos rebeldes. Cuando el reino pasó a poder de los cristianos, continuó siendo la Alhambra morada real, habitándola los monarcas castellanos: dentro de sus murallas comenzó el emperador Carlos V a edificar un suntuoso palacio, desalentádole del deseo de terminarlo los continuados terremotos que conmovieron Andalucía. Los últimos residentes regios de la Alhambra fueron Felipe V y su hermosa reina Isabel de Parma, a principios de la decimoctava centuria. Para alojarles  debidamente se hicieron grandes obras, cultivándose los jardines y erigiéndose nuevas habitaciones, que decoraron artístas enviados de Italia. La estancia únicamente temporal, de estos monarcas  en la Alhambra determinó que, a su partida, volviera a quedar desolado el palacio. Todavía se mantuvo la fortaleza en estado militar: regíala su castellano como patrimonio de la Corona, extendiéndo la jurisdicción hasta los arrabales de la ciudad, con independencia del capitán general; guarnecíanla número considerable de tropa, teniendo el gobernador sus antiguas habitaciones frente al antiguo palacio moro, y estando dotado de tal rango y ceremonia, que nunca bajaba a Granada sin que dejara de rendirle armas la guardia. En realidad, la fortaleza era en sí una pequeña ciudad, con calles, edificadas de casas, dentro de sus muros, un convento franciscano y una iglesia parroquial.
La marcha de la corte significó para la Alhambra golpe fatal. Quedaron  abandonados su magníficos salones, algunos de los cuales se vieron en ruinas; resultaron destruidos los jardines y cesaron  de correr las fuentes. Gradualmente fué ocupando los pabellones una población vaga y relajada: contrabandistas, que se valían de la independencia de jurisdicción del lugar para matutear atrevidamente en gran escala, y ladrones y pícaros y holgazanes, que convirtieron la fortaleza en refugio, dentro de cuyo asilo tramaban despojos y organizaban  robos contra Granada  y su vecindad. Al fín intervino la mano fuerte del Gobierno, hízose una selección cuidadosa de los que debían continuar continuar en las moradas; se arrojó a los indeseables; sólo se permitió que gozaran los pabellones las familias que tuvieran  legítimo derecho a habitarlos; de honradez probada tenía que ser la ejecutoria de los residentes, y se ordenó la demolición de la mayor parte de las casas, quedando reducido todo a una población corta, un agregado de viviendas con su parroquia y el convento de los frailes franciscanos.
Durante las guerras napoleónicas, en que Granada cayó en manos de las tropas invasoras, habitó el palacio el general de las fuerzas. Con ese exquisito discernimiento del gusto que siempre pusieron los galos en la labor que desarrollaron en los países donde se establecieron, libraron los franceses del abandono y de la ruina esta gloriosa reliquia de la bizarría y del poderío morisco. Repararon los techos, protegiendo así los salones y las galerías contra las inclemencias y la acción del tiempo; pusieron en orden los jardines; atendieron al cuidado de los ríos y los arroyos, lanzando otra vez las fuentes sus esplendorosos  hilos de agua. En verdad, bien puede España agradecer a sus últimos invasores que trataran de preservar el más bello e interesante de sus monumentos históricos.
Al verse obligados a abandonar la Alhambra, los franceses volaron varios torreones de la muralla exterior y dejaron las fortificaciones en situación de que no pudieran defenderse, quizá pensando en que, si volvían, no se les hiciera gran resistencia y no estuvieran obligados, para dominarla, a destruir la sinigual joya. Desde entonces, puede decirse que la Alhambra carece de importancia militar. Su guarnición actual formaría un puñado de soldados, inválidos del servicio de las armas, cuya misión principal es vigilar algunas de las torres exteriores, habilitadas como prisiones, sin que tenga ya la Alhambra su castellano o gobernador propio, en el verdadero sentido de la palabra”

(W. Irving, La Alhambra)

Alhambra de Granada

Miércoles, septiembre 16th, 2009

Vista de la Alhambra desde el mirador de San Cristobal (Granada. Julio, 2009). Foto: Jose  Martos

Vista de la Alhambra desde el mirador de San Cristobal (Granada. Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Oh flor de los mil colores,
átomo de los mil amores,
oh, ruindad llena de gracia,
almena de la fragancia.

Reina del poderío,
fuente del amor mío,
paloma sin palomar,
Alhambra del bien amar.

Oh reina más coronada,
carne de tierra encarnada,
en bosques oscuros encerrada,
soltada al cielo, soltada.

(José María Torres Morenilla)