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Lisboa, la Andalucía… alemana

Jueves, noviembre 12th, 2009
Catedral de Lisboa (Abril, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Catedral de Lisboa (Abril, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Las ciudades hablán por sí solas, pronuncian palabras ocultas que percibimos al pasear por sus calles, contemplar sus monumentos o respirar la atmósfera que la envuelve. Lisboa no dejó indiferente a Ramón Gaya.  Este bello texto evoca la experiencia de la visita  a la ciudad de Lisboa y la percepción que de ella tuvo: la Andalucía… alemana:

“En Lisboa, sin saber por qué, me acordaba mucho de Cádiz. Creo que se debía, principalmente, al coloreado ligero, un tanto banal, de sus casas; quizá se debía también a cierta atmósfera de marinerismo antiguo, de marinerismo de grabado (un grabado inglés que representara tal puerto exótico, quizá del Japón). Sí, hay algo muy oriental en Lisboa difícil de localizar y precisar, muy evidente al mismo tiempo, algo que se diría una pimienta espolvoreada sobre los tejados -esos tejados con un leve respingo de pagoda-, algo como una pimienta difícil traída en veleros; porque Lisboa parece un lugar de volver, un rincón al que se vuelve después de una universalidad, después de un cansancio. Es una ciudad un tanto andaluza, pero como de una Andalucía… alemana, es decir, del Norte, una Andalucía dura, de hierro. Su catedral es muy fuerte, casi bárbara, muy severa, pero de una severidad luminosa; y el llamado «Manuelino» -un gótico ancho y blando- parece una arquitectura temerosa de deshacerse, llena de atadijos hechos con maromas de barco y que, poco a poco, esos nudos se hubiesen convertido en ornamentación. El interior de Los Jerónimos, más que construido, se diría formado de conchas, de moluscos, de lapas, es decir, resultado de una caprichosidad natural, de la Naturaleza, y que un buen día quedó petrificado para siempre. Ante el gran tríptico de Nuno Gonçalves que se guarda en el Museo, sentí de nuevo esa sensación de abstracción y vida, de dureza y vida mezcladas. Pocos primitivos pueden comparársele en grandiosidad, en rotundidad, en absolutismo, en síntesis. Casi no parece un artista, sino un guerrero, un guerrero en paz, un guerrero que no batalla, que lo es pero que no batalla, un guerrero inmóvil, es decir, verdaderamente fuerte. Los personajes de su tríptico son, quizá, los seres más herméticos de toda la llamada pintura primitiva: cuanto pudiera caer en expresión, en debilidad de expresión, ha sido convertido aquí en intensidad: no hay nada muerto, sino que todo está bien vivo, pero todo está vivo sin moverse, sin expresarse, con una existencia, con una respiración de coraza, de coraza palpitante.
Me pareció que Portugal encerraba un esqueleto muy antiguo y duro, un armazón muy sólido, pero que este armazón había sido revestido ahora de un encanto suave, feliz, un poco banal, un poco tropical, y como traído de otras tierras.”

Ramón Gaya, Lisboa, en Obras Completas II, 261

Lisboa es un sueño…

Domingo, mayo 31st, 2009
Vista panorámica de lisboa desde el castillo (Abril 2009). Foto: Jose M. Martos

Vista panorámica de lisboa desde el castillo (Abril 2009). Foto: Jose M. Martos

Lisboa era brisa de Alfama y de mar,
mar como lanzada de sal sin secar.
Lisboa era el mundo, Lisboa era la luz,
Lisboa era mía, Lisboa eras tú.

Lisboa era un puerto donde yo atraqué,
Lisboa era un sueño dentro de un cuartel
que tus labios dulces supieron romper.
Lisboa te amaba, como yo te amé.

Derramando besos llegué hasta el final,
donde las palabras no quieren hablar.
Me serví otro trago, y otro trago más:
Lisboa era el paso hacía la eternidad.

Lisboa pedía el poema mejor,
la mirada más tierna, flores, la voz,
la sangre más joven de mi corazón.
Lisboa era el tiempo, Lisboa era yo.

Lisboa de barcos, turquesa y hollín;
Lisboa y tu pecho, Lisboa y carmín.
Lisboa era un verso, Lisboa era el sol,
Lisboa no tenía herida. Y lloró.

Lisboa fue lluvia, tabaco y canción;
Lisboa fue como un desgarro de ron
que prendió en la almohada cuando amaneció.
Lisboa gritaba cuando dije adiós.

Lisboa me grita veinte años después,
la voz más amarga, más dura que ayer.
Lisboa me cuenta que te abandoné
y Lisboa te ama,
como yo te amé.

Gabriel Sopeña