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Gárgola

Jueves, agosto 27th, 2009
Gárgola. Monasterio de San Jerónimo (Granada, Julio 2009) Foto: Jose Antonio Casares González

Gárgola. Monasterio de San Jerónimo (Granada, Julio 2009) Foto: Jose Antonio Casares González

“Asomando desde lo alto de las catedrales donde la vista apenas si alcanza, seres infernales, imágenes dantescas o animales grotescos que parecen surgidos de una mente enfermiza guardan el santo edificio de los males del Maligno. Defensoras pétreas por encargo celestial, las gárgolas atemorizan cualquier intento de profanación del enclave sagrado.
Una antigua tradición francesa cuenta la existencia de un ser monstruoso con el aspecto de un dragón que poseía un largo cuello fuertes mandíbulas y un largo hocico llamado Garguoille. Dicho monstruo destruía todo aquello que encontraba a su paso gracias a su pestilente aliento y a los chorros de agua que desprendía. La ciudad de Rouen, para aplacar tan nefasto animal, decidió ofrecerle todos los años una ofrenda humana anual para así calmar sus ánimos agresivos. Se elegía a un crimina y ese era el método para que pagase sus culpas, si bien el monstruo prefería doncellas.
Corría el año 600 cuando el clérigo Romanus llegó a la ciudad para pactar con el dragón a cambio de que los lugareños aceptaran ser bautizados y erigieran una hermosa iglesia, Dispuesto a exorcizar a la bestia y equipado con lo necesario, fue acompañado junto al delicuente. Con la simple señal de la cruz el fiero animal se convirtió en una bestia dócil que, atada con una anodina cuerda, fue conducida a la plaza de la ciudad. Gargouille fue quemada en la hoguera y las llamas consumieron su cuerpo, excepto cabeza y cuello del que surgía su tórrido aliento. Ante tal situación y viendo que se resistía a arder, dichos restos fueron depositados en el tejado del ayuntamiento como recordatorio de las angustiosas jornadas sufridas por la población.
Esta leyenda viene a explicar el origen del término “gárgola” como sinónimo de escupir agua y que, con el paso del tiempo, su imagen pasó a las cornisas de las iglesias y de las catedrales medievales”.
(Xavier Musquera, Ocultismo medieval)