Bizancio, la siempre deseada

El emplazamiento de la ciudad de Bizancio, proyecto griego en el que participaron los tracios, como sitio estratégico para el control del paso de los estrechos, determinó el curso de su historia. Pronto su emplazamiento despertó la codicia de los pueblos circundantes.
El primer episodio a reseñar en esta historia de dominación y libertad está vinculada al gran rey Darío de Persia. Junto a su labor de reforma administrativa del imperio, el monarca inició una serie de campañas militares para expandir su imperio. La ciudad fundada hacia el 680 a.C. fue sometida en el 513 por Darío, el rey de Persia, durante la campaña de conquista de la Tracia. De esta forma Bizancio se convertía en la puerta de un imperio que ambicionaba extenderse por los dos continentes. Por Bizancio tuvo lugar la travesía del ejercito persa hacia Grecia. La acción cuidadosamente preparada se realizó con apoyo de los jónicos. El arquitecto jónico Mandrocles construyó un puente sobre el Bósforo para unir, por primera vez, Europa con Asia. El ejército de tierra de Darío avanzó a través de Tracia hacia el Danubio inferior.
La derrota Persa supuso un reflujo y la ocupación de los atenienenses que ocuparon el litoral tracio y después Bizancio. Para Atenas, que importaba el trigo del mar Negro, el control del Bósforo pasó a ser un objetivo prioritario. La conquista de Bizancio por parte de Esparta durante las guerras del Peloponeso, en el 405 a.C. comportó la caída de Atenas al cortar las rutas de aprovisionamiento.
En el 340, Filipo II de Macedonia asedió Bizancio, que volvió a ser independiente, pero no logró ocupar la ciudad. A su vez, su hijo, Alejandro Magno, pasó a Asia por el Estrecho de Dardanelos y la ciudad permaneció al margen del imperio de Alejandro. Durante este periodo fue un importante centro de mercado en el que confluían los productos procedentes de Tracia, Macedonia, Anatolia y el Caúcaso. Las alianzas que selló con otras ciudades marítimas, como Rodas, le permitieron conservar su independencia hasta la llegada de los romanos a la región: a partir del 146 a.C. se incorporó a Roma en calidad de ciudad libre y federada.

Yerasimos, S. (2007),  Constantinopla. La herencia histórica de Estambul. Barcelona: Ullman&Köneman, 8.
Bengtson, H. (1981), Griegos y Persas. El mundo mediterráneo en la Edad Antigua I, Madrid: Siglo XXI.

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