Decadencia y esplendor en la historia de Atenas
Viernes, octubre 30th, 2009

Vista de la ciudad de Atenas desde el Areópago (Julio, 2009). Foto: Jose Martos
Los vestigios del pasado de la ciudad de Atenas nos llevan a los primeros siglos del III milenio a.C., aunque la ciudad cobra una verdadera importancia a partir del siglo XV a.C. como plaza fuerte de los jonios y baluarte de rechazó de las invasiones de los dorios.
Atenas no se puede comprender sin tener en cuenta la evolución política que determinó los destinos de la ciudad. En sus inicios la monarquía fue la forma de gobierno que guió los destinos de la ciudad. El último rey, Codro (690 a.C) sustituyó la monarquía por un gobierno aristocrático formado por nueve arcontes. Las primeras listas oficiales de dichos magistrados se remontan a los años 682-683 a.C. En el año 594 a.C. la constitución promulgada por el legislador Solón transformó la ciudad en una timocracia. Unos cincuenta años más tarde Pisistrato se adueño del poder, y aunque respetó la constitución de Solón, instauró un nuevo régimen, la tiranía, en la que la figura del tirano gozaba de un gran poder personal y actuaba como árbitro en los conflictos que surgían entre las distintas clases sociales. A Pisistrato sucedieron sus hijos Hipias e Hiparco como tiranos de la ciudad. Clístenes, posteriormente proporcionó a Atenas una constitución democrática.
A pesar de que la ciudad fue destruida por los Persas su prestigio creció enormemente debido a las victorias de las dos guerras médicas. Atenas se sirvió de ellas para imponer su dominio en la liga de Delos, confederación de ciudades griegas cuya formación había sido impulsada por la misma Atenas para luchar contra los persas. Este dominio de Atenas sobre la liga no fue generó suspicacias a Esparta, su fuerte rival, generando una nueva guerra. La guerra del Peloponeso (431 a.C. al 404 a.C.) unida a la devastación que produjo varias veces la peste hizo que Atenas fuera derrotada por Esparta, imponiendo a esta duras condiciones. Una segunda liga marítima promovida por Atenas hizo posible la victoria frente a Esparta en la batalla de Mantinea.
Atenas vencedora frente a los persas y Esparta no pudo soportar el ataque de Macedonia. Tan solo el gobierno de Licurgo, Demetrio de Falero, y Demetrio Poliorcetes salvó a la ciudad de una posible conquista militar.
Una nueva etapa para Atenas se abre a raíz de su contacto con Roma, su buen entendimiento con el imperio le granjeó un trato de favor por parte de los emperadores romanos. Sin embargo esto no pudo evitar el saqueo que Sila realizó en el año 86. A.C., iniciándose un periodo continuado de decadencia. En el año 529 Justiniano cerró su universidad e hizo que Atenas pasara de ser una poderosa ciudad a un pequeño pueblo ligado al imperio bizantino hasta que en 1040 fue conquistada por los normandos.
En el año 1204 se integró en el reino latino de Tesalónica y fue entregada como feudo al franco Otón de la Roche, a quien se entregó el título de duque de Atenas y Tebas. Posteriormente el ducado pasó a manos del catalán Roger de Flor y posteriormente a estar bajo el dominio del rey de Aragón. En 1387 consiguió su independencia con ayuda del florentino Rainiero Acciaioli.
En 1456 Atenas fue conquistada por los turcos iniciando un proceso de declive y de reducción de la población. Así a finales del siglo XVII su población no superaba los 9000 habitantes.
En 1832 Grecia obtuvo su independencia del dominio turco. Una nueva etapa se inicia para esta ciudad ya que en 1834 Atenas se convirtió en la capital del estado unificado. A partir de entonces Atenas volvió a experimentar un proceso de crecimiento que llevó consigo una profunda reforma urbanística. Después de la guerra que enfrentó a griegos y turcos (1922) Atenas se convirtió en el principal destino de los griegos que huían del Asia Menor con un progresivo crecimiento de la población que ha hecho de la ciudad un lugar cosmopolita y de gran riqueza cultural.









