El jardín del silencio
Lunes, agosto 31st, 2009
Claustro Monasterio de los Jerónimos (Lisboa. Abril 2009). Foto: Jose Martos

Claustro Monasterio de los Jerónimos (Lisboa. Abril 2009). Foto: Jose Martos

Gárgola. Monasterio de San Jerónimo (Granada, Julio 2009) Foto: Jose Antonio Casares González

Torre Gálata (Estambul. Enero, 2009). Foto: Jose Antonio Casares
Contempla allá esa luz
que hacia el poniente es sangre.
Esa luz que parece inventarse la ciudad
en sus atardeceres. Distinta cada día,
contémplala desde aquí y mira cómo asciende
desde la urbe que la sueña,
mientras se van haciendo eternos los perfiles
de cúpulas y de minaretes.
Quisiera el alma retener para siempre
este latido vivo que llega de la entraña
de la ciudad, este pálpito,
este rumor infinito de voces
que se mezclan y se contradicen.
Azota el viento el rostro y guarda el ojo
su lágrima penúltima
para gozar la acuosa imagen del milagro.
Por el Cuerno de Oro van mis sueños
que solté desde aquí, desde la Torre Gálata,
como un puñado de palomas.
(José Luis Lupiáñez, El sueño de Estambul)

Vasija griega en la que se representa una escena tomada de la mitología (Museo del Ceramico, Atenas. Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares
El sobrecogimiento ante las fuerzas de la naturaleza, la experiencia de la propia debilidad, las normas morales sobre las que debía apoyar su vida y las relaciones con sus semejantes se expresaron en narraciones imaginarias de contenido simbólico. Un mito es, ante todo, una narración. Tal y como señala Juan Carlos Bermejo (Mitología clásica y antropología. HABIS 29 (1998) 335-347) en la antigüedad no existía una diferenciación entre mythos y logos, ya que ambos comparten una idéntica intencionalidad: contar o narrar algo ante un determinado público. El conjunto de estas tradiciones legendarias constituyen la mitología en la que se reflejan las primeras sensaciones que tuvo el hombre sobre las manifestaciones de la vida. A la vez que ofrecen una imagen clara de las características particulares de cada pueblo, de su carácter, búsquedas y logros. La mitología es, por tanto, un reflejo de la memoria colectiva que da identidad a un pueblo o a una ciudad.
El pueblo griego creó diversos mitos para entender e interpretar todo lo que rebasaba las dimensiones humanas y a sus ojos parecía inconmensurable. Sus narraciones se transmitían oralmente de generación en generación, y de acuerdo con el grado de desarrollo de una época, se enriquecen o se modifican. Por medio de la combinación de tradiciones mitológicas con innumerables conceptos morales, crearon seres supremos, los dioses, que gobernaban el universo y determinaban el destino de los hombres. Estos dioses constituyeron el objeto de su adoración y sus actos divinos sirvieron a los hombres como guía para la elección de un destino virtuoso. Las proezas de los dioses y de los héroes míticos se convirtieron en fuente de inspiración y de creación e impulsaron a los griegos a la búsqueda de metas elevadas. Por tanto, la mitología generó una fuerza motora para la creación de lo que actualmente llamamos civilización griega.
Además, la historia narrada en el mito posee una dimensión pragmática en la medida que ilumina aspectos concretos de la existencia del hombre. Dionisio de Halicarnaso en el libro I de Cosas Antiguas (II, 20, I) así lo señala: “Y nadie piense que yo ignoro que de los mitos griegos hay algunos muy útiles para los hombres, los que muestran las acciones de la naturaleza por medio de alegorías, los elaborados para consuelo de las desgracias humanas, los que alejan las agitaciones del alma y los terrores y destruyen las opiniones deshonestas y los que han sido imaginados para utilidad de cada uno”.
La mayor parte de los mitos clásicos han llegado a nosotros por medio de alguna obra. Las fuentes clásicas integran mitos narrados por pescadores, marineros, agricultores, viajantes, pastores, sacerdotes de santuarios que se transmiten de manera oral y que forman parte de la memoria del pueblo.
Por tanto, no se puede prescindir de la mitología a la hora de acercarse a la civilización griega y a sus vestigios, ya que supondría una búsqueda que prescinde de la inspiración y la memoria que estuvo en el origen de los vestigios que se conservan.