Archivo del mes agosto, 2009

El jardín del silencio

Lunes, agosto 31st, 2009
Claustro Monasterio de los Jerónimos (Lisboa. Abril 2009). Foto: Jose  Martos

Claustro Monasterio de los Jerónimos (Lisboa. Abril 2009). Foto: Jose Martos


“El claustro es el centro de la vida monástica, el corazón del convento. En el universo de este jardín está todo el simbolismo de una forma especial de entender y trascender la vida monástica. Desde el refugio ascético de los primeros eremitas a la vida reglada de las órdenes monásticas, la relación que la religión cristiana establece con la naturaleza es una superposición de mitos y simbolismos sagrados y profanos que hacen referencia a ella y a la esencia del jardín. La bipolaridad entre el mundo del silencio y la soledad, entre el desierto y el orden, la disciplina y la regularidad de una vida y una experiencia en común, se expresan y configuran a través de la arquitectura monacal, centralizada y localizada en el espacio claustral, espacio de ascensión y purificación, clave en la articulación del quehacer cotidiano del convento. La sacralización de este ámbito nos viene dada por una multitud de signos externos, de libros sagrados, de ritos tradicionales, de la lectura atenta de los antiguos textos medievales y renacentistas, haciéndose evidente en un estudio detallado de su tipología.”
(Carmen Añón Feliu, El claustro: jardín místico-litúrgico)

Gárgola

Jueves, agosto 27th, 2009
Gárgola. Monasterio de San Jerónimo (Granada, Julio 2009) Foto: Jose Antonio Casares González

Gárgola. Monasterio de San Jerónimo (Granada, Julio 2009) Foto: Jose Antonio Casares González

“Asomando desde lo alto de las catedrales donde la vista apenas si alcanza, seres infernales, imágenes dantescas o animales grotescos que parecen surgidos de una mente enfermiza guardan el santo edificio de los males del Maligno. Defensoras pétreas por encargo celestial, las gárgolas atemorizan cualquier intento de profanación del enclave sagrado.
Una antigua tradición francesa cuenta la existencia de un ser monstruoso con el aspecto de un dragón que poseía un largo cuello fuertes mandíbulas y un largo hocico llamado Garguoille. Dicho monstruo destruía todo aquello que encontraba a su paso gracias a su pestilente aliento y a los chorros de agua que desprendía. La ciudad de Rouen, para aplacar tan nefasto animal, decidió ofrecerle todos los años una ofrenda humana anual para así calmar sus ánimos agresivos. Se elegía a un crimina y ese era el método para que pagase sus culpas, si bien el monstruo prefería doncellas.
Corría el año 600 cuando el clérigo Romanus llegó a la ciudad para pactar con el dragón a cambio de que los lugareños aceptaran ser bautizados y erigieran una hermosa iglesia, Dispuesto a exorcizar a la bestia y equipado con lo necesario, fue acompañado junto al delicuente. Con la simple señal de la cruz el fiero animal se convirtió en una bestia dócil que, atada con una anodina cuerda, fue conducida a la plaza de la ciudad. Gargouille fue quemada en la hoguera y las llamas consumieron su cuerpo, excepto cabeza y cuello del que surgía su tórrido aliento. Ante tal situación y viendo que se resistía a arder, dichos restos fueron depositados en el tejado del ayuntamiento como recordatorio de las angustiosas jornadas sufridas por la población.
Esta leyenda viene a explicar el origen del término “gárgola” como sinónimo de escupir agua y que, con el paso del tiempo, su imagen pasó a las cornisas de las iglesias y de las catedrales medievales”.
(Xavier Musquera, Ocultismo medieval)

Desde la torre Gálata

Miércoles, agosto 19th, 2009

Torre Gálata (Estambul. Enero, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Torre Gálata (Estambul. Enero, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Contempla allá esa luz
que hacia el poniente es sangre.
Esa luz que parece inventarse la ciudad
en sus atardeceres. Distinta cada día,
contémplala desde aquí y mira cómo asciende
desde la urbe que la sueña,
mientras se van haciendo eternos los perfiles
de cúpulas y de minaretes.
Quisiera el alma retener para siempre
este latido vivo que llega de la entraña
de la ciudad, este pálpito,
este rumor infinito de voces
que se mezclan y se contradicen.
Azota el viento el rostro y guarda el ojo
su lágrima penúltima
para gozar la acuosa imagen del milagro.
Por el Cuerno de Oro van mis sueños
que solté desde aquí, desde la Torre Gálata,
como un puñado de palomas.

(José Luis Lupiáñez, El sueño de Estambul)

Mito y memoria

Sábado, agosto 8th, 2009
Vasija griega en la que se representa una escena tomada de la mitología (Museo del Ceramico, Atenas. Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Vasija griega en la que se representa una escena tomada de la mitología (Museo del Ceramico, Atenas. Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Deambular sosegadamente por los caminos de Grecia es mucho más que un encuentro con unos simples vestigios del pasado, supone la inmersión en el universo mitológico que sustentó la vida cotidiana y dio explicaciones a los misterios que rodeaban la existencia de los ciudadanos y ciudadanas de la Grecia Antigua. La mitología impregna los vestigios de la cultura clásica y prescindir de ella en nuestro acercamiento implica una desnaturalización de los ricos testimonios que se conservan y que constituyen una epifanía de la rica cultura de la koiné. La vasija que contemplamos en cualquier museo de los muchos que encontramos en Grecia, el fragmento resquebrajado del friso de un templo, las hermosas esculturas que aparecieron en las excavaciones de los yacimientos reflejan plásticamente una de las primeras manifestaciones de la imaginación del hombre.

El sobrecogimiento ante las fuerzas de la naturaleza, la experiencia de la propia debilidad, las normas morales sobre las que debía apoyar su vida y las relaciones con sus semejantes se expresaron en narraciones imaginarias de contenido simbólico. Un mito es, ante todo, una narración. Tal y como señala Juan Carlos Bermejo (Mitología clásica y antropología. HABIS 29 (1998) 335-347) en la antigüedad no existía una diferenciación entre mythos y logos, ya que ambos comparten una idéntica intencionalidad: contar o narrar algo ante un determinado público. El conjunto de estas tradiciones legendarias constituyen la mitología en la que se reflejan las primeras sensaciones que tuvo el hombre sobre las manifestaciones de la vida. A la vez que ofrecen una imagen clara de las características particulares de cada pueblo, de su carácter, búsquedas y logros. La mitología es, por tanto, un reflejo de la memoria colectiva que da identidad a un pueblo o a una ciudad.

El pueblo griego creó diversos mitos para entender e interpretar todo lo que rebasaba las dimensiones humanas y a sus ojos parecía inconmensurable. Sus narraciones se transmitían oralmente de generación en generación, y de acuerdo con el grado de desarrollo de una época, se enriquecen o se modifican. Por medio de la combinación de tradiciones mitológicas con innumerables conceptos morales, crearon seres supremos, los dioses, que gobernaban el universo y determinaban el destino de los hombres. Estos dioses constituyeron el objeto de su adoración y sus actos divinos sirvieron a los hombres como guía para la elección de un destino virtuoso. Las proezas de los dioses y de los héroes míticos se convirtieron en fuente de inspiración y de creación e impulsaron a los griegos a la búsqueda de metas elevadas. Por tanto, la mitología generó una fuerza motora para la creación de lo que actualmente llamamos civilización griega.
Además, la historia narrada en el mito posee una dimensión pragmática en la medida que ilumina aspectos concretos de la existencia del hombre. Dionisio de Halicarnaso en el libro I de Cosas Antiguas (II, 20, I) así lo señala: “Y nadie piense que yo ignoro que de los mitos griegos hay algunos muy útiles para los hombres, los que muestran las acciones de la naturaleza por medio de alegorías, los elaborados para consuelo de las desgracias humanas, los que alejan las agitaciones del alma y los terrores y destruyen las opiniones deshonestas y los que han sido imaginados para utilidad de cada uno”.

La mayor parte de los mitos clásicos han llegado a nosotros por medio de alguna obra. Las fuentes clásicas integran mitos narrados por pescadores, marineros, agricultores, viajantes, pastores, sacerdotes de santuarios que se transmiten de manera oral y que forman parte de la memoria del pueblo.

Por tanto, no se puede prescindir de la mitología a la hora de acercarse a la civilización griega y a sus vestigios, ya que supondría una búsqueda que prescinde de la inspiración y la memoria que estuvo en el origen de los vestigios que se conservan.