Archivo del mes junio, 2009

Clío, un canto a las gestas humanas

Domingo, junio 28th, 2009

Todo pueblo necesita mantener viva la memoria de las gestas que acontecen en su historia. Este deseo se personifica en la mitología griega,en Clío (en griego Κλειώ Kleiô, de la raíz κλέω kleô, ‘alabar’ o ‘cantar’), musa de la historia y de la poesía heroica. Su nombre significa alabar, ensalzar, celebrar. Ella cantaba las hazañas y las grandes proezas de los héroes acompañándose de su cítara. Como todas las musas, es hija de Zeus y Mnemósine. Clío tuvo un hijo con Píero, rey de Macedonia, llamado Jacinto. Algunas fuentes afirman que también fue madre de Himeneo.

Representación de la Musa Clio en la Domus Philologiae

Representación de la Musa Clio en la Domus Philologiae

 

¿Por qué la mitología diferencia entre Mnemosine y Clío? ¿Cuál es la misión de una y otra? La respuesta está unida al hecho de la diferenciación conceptual que los antiguos griegos hacían entre memoria e historia. Para ellos la historia es hija de la memoria; esta relación genealógica se plasmó en la mitología en el nacimiento de la musa Clío de su madre Mnemosine, musa o diosa de la memoria. De este modo la memoria es concebida como una realidad anterior a la historia. La historia, siguiendo la mitología griega, sería una realidad más acabada y refinada, ya que Clío, como el resto de las musas, representantes de las Artes y de las Ciencias, contaba con el atributo de la inteligencia razonadora, cedido por su padre,Zeus. A su vez Clío, al igual que el resto de las musas, estaba muy cerca del dios Apolo, que representaba la forma (el marco conceptual de toda obra) y del dios Dionisios, que representaba la sensualidad (el marco sensitivo). Las musas, en efecto, mostraban que su oficio estaba compuesto de contenido y belleza, de la inteligencia y de la sensibilidad, de los apolíneo y lo dionisiaco. De este modo Clío está revestida de algunas cualidades que no poseía su madre, la reflexión sobre lo acontecido y la belleza en su exposición, de la que brota el canto a la grandeza de lo acontecido. La historia, por tanto se construye a partir de los vestigios del pasado que conserva la memoria, pero reclama, a su vez, una acción intelectual y creativa para convertirla en un himno continuado a la grandeza de las gestas humanas que hacen memorable la historia de un pueblo.

Representación de la Musa Clio

Representación de la Musa Clio

Existe una gran cantidad de representaciones de la Musa en la historia del arte. Se le suele representar como una muchacha coronada con laureles, llevando una trompeta en la mano derecha y un libro escrito por Tucídides en la izquierda. A estos atributos se une a veces el globo terráqueo sobre el que posa y el Tiempo aparece junto a él, para mostrar que la Historia abarca todos los lugares y todas las épocas. A veces sus estatuas llevan una guitarra en una mano y un plectro en la otra, pues también se le consideraba la inventora de la guitarra. En otras representaciones mucho más clásicas se representa a Clío llevando en su mano izquierda un rollo de papiro y a sus pies, una capsa o caja para guardar rollos.

Polimnia, un canto a lo divino

Viernes, junio 19th, 2009
Representación de la Musa Polimnia

Representación de la Musa Polimnia

En la civilización griega la música, el canto, la danza, los sacrificios a los dioses y las actividades atléticas se situaban en el centro de la vida social y eran un signo distintivo de las épocas de paz. Esquilo se refería a los periodos de guerra como un tiempo carente de danza y de lira.El griego, en efecto, contemplaba la música como una realidad asociada al culto a los dioses. En toda actividad cultual siempre había himnos, invocaciones o fórmulas cantadas (un ejemplo elocuente eran los bellos cantos procesionales que se realizaban en las grandes festividades). Tan importante era la presencia de la música en la actividad cultual griega que el mismo Herodoto se extrañaba de que los persas no utilizasen la música de flauta en los sacrificios (Historia, LI).

Los dos tipos de canto más ampliamente reconocidos eran el pean y el ditirambo. El pean podría adquirir diversas formas que van desde una breve fórmula repetida y cantada al unísono con solemnidad hasta formas más extensas en las que todo el pueblo cantaba. Había festivales públicos como la Panathenaea en Atenas o la Hyakintihia de Esparta, donde los peanes cumplían una función primordial como cantos sagrados dirigidos a Apolo.

El ditirambo se dedicaba a un dios, Dionisio, pero también adquiere un matiz más secular en algunos casos. Normalmente se usaban en festivales institucionalizados que se celebraban en fechas fijas. Entre ellos hay que señalar la Dionysia, en la que los cantos corales y las danzas, los diálogos líricos entre actor y coro adquirían una gran belleza.

En la mitología griega, la música sagrada tiene su expresión en la musa Polimnia (en griego Πολυμνία “La de muchos himnos”). Ella es la inspiradora de la poesía-lírica-sacra, es decir, la de los cantos sagrados. También se le considera como la musa de la retórica y de la pantomima, esto es, la mímica.

Se suele representar vestida de blanco, recostada o apoyando el codo sobre un pedestal o una roca, en actitud de meditación (pensando) con un dedo puesto en la boca. Otras veces, se representa llevando unas cadenas como símbolo del poder que ejerce sobre la elocuencia. En otras representaciones, aparece cubierta por un velo, mostrando su carácter sagrado.

Euterpe, de corazón a corazón

Domingo, junio 14th, 2009

 

Musa Euterpe en la Domus Philologiae

Musa Euterpe en la Domus Philologiae

Arthur Schopenhauer, en su obra Lecciones sobre metafísica de lo bello (Valencia, 2004) ,afirma: “Siempre se ha dicho que la música es el lenguaje del sentimiento y de la pasión, igual que las palabras constituyen el lenguaje de la razón” (pág. 293). En efecto, los hombres y mujeres de todos los tiempos, por medio de la combinación armónica de sonidos, han creado un lenguaje universal capaz de comunicar los sentimientos que anidan en el corazón y que, tantas veces, las palabras son insuficientes para exteriorizarlos. La música transciende las palabras y es capaz de hablar de corazón a corazón.Este hecho no podía pasar inadvertido para la mitología griega. En ella, Euterpe (Ευτέρπη, “La muy placentera”, “La de agradable genio” o “La de buen ánimo”) es la Musa de la música, especialmente protectora del arte de tocar la flauta. Como las demás Musas era hija de Mnemósiney de Zeus.La iconografía tradicional a representa coronada de flores y llevando entre sus manos el doble-flautín. En otras ocasiones se la representa con otros instrumentos de música: violines, guitarras, tambor, etcétera. A finales de la época clásica se la denominaba musa de la poesía lírica, y se le representaba con una flauta en la mano.

Euterpe, en definitiva, nos evoca el poder divino de la música en la vida de los hombres. Por eso el artísta la evoca para ser capaz de llegar al corazón de aquellos que escuchan su composición.

Mnemosine, la Musa de la Memoria

Lunes, junio 8th, 2009
Musa Mnemonine en la Domus Philologiae

Musa Mnemonine en la Domus Philologiae

Mnemósine o Mnemosina, (en griego antiguo Μνημοσύνη Mnêmosúnê, de μνήμη mnếmê, ‘memoria’), en la mitología griega se consideraba la personificación de la memoria. Según la Theogonía de Hesiodo, Mnemosine es una Titánide, hija de Gea y Urano.

Esta Titánide es la madre de las Musas, según narra Hesiodo, Zeus se unió a Mnemósine durante nueve noches consecutivas y el fruto de dichas uniones fueron las nueve Musas, nacidas en un parto múltiple: “Las alumbró en Pieria, amancebada con el padre Crónida, Mnemósine, señora de las colinas de Eleuter, como olvido de males y remedio de preocupaciones. Nueve noches se unió con ella el prudente Zeus subiendo a su lecho sagrado, lejos de los Inmortales. Y cuando ya era el momento y dieron la vuelta las estaciones, con el paso de los meses, y se cumplieron muchos días, nueves jóvenes de iguales pensamientos interesadas sólo por el canto y con un corazón exento de dolores en su pecho, dió a luz aquélla, cerca de la más alta cumbre del nevado Olimpo” (Hesiodo, Teogonía).

En la Grecia antigua, la Musa de la Memoria posee una importancia inmensa. Los maestros de la memorización y de la composición poética han sido los encargados de transmitir el saber mitológico. Homero y Hesiodo son epígonos de una tradición de poetas que transmiten los grandes mitos. Ellos solicitan de las Musas, hijas de Mnemosine, Musa de la Memoria, la conexión con ese saber memorizado, que sólo transmiten al poeta verdadero. El poeta, por tanto, es guardián de un saber tradicional, que tiene su fuente en el mundo de lo divino. Él no inventa, sino que transmite temas, reproduce figuras heroícas, que son patrimonio de las Musas, hijas de la “Memoria”.

Por este motivo, los poetas, invocan la ayuda de las Musas al comienzo de sus poemas para evidenciar que se encuentran en la tradición poética verdadera, y por medio de ellas, se sitúan bajo el aura de la diosa “Memoria”.

José M. Martos

Azul

Martes, junio 2nd, 2009
Interior de la Mezquita Azul (Estambul, Enero 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Interior de la Mezquita Azul (Estambul, Enero 2009). Foto: Jose Antonio Casares

SULTAN AHMET ÇAMII

(LA MEZQUITA AZUL)

Con las manos detrás, sobre la espalda,
mirando hacia lo alto, al cielo,
del que son embajada las altísimas cúpulas,
camino descalzo por el mar de alfombras
de la Mezquita Azul…

La mañana se filtra
a través de las alegres vidrieras
que inventan otra luz, otro modo de ser
del día; otra manera de ser de la luz,
que es ya emoción,
porque el corazón late más rápido.

Azulejos de ensueño, de verdes y de azules,
con el brillo de siglos y de gemas cautivas,
componen ese cosmos de geometría o locura:
tulipanes y ramos, claveles o planetas;
dorados laberintos en los que se quedaron
los ojos del calígrafo… Resuena aquí una fe
que es una brisa y una queja,
ese canto desde el mihrab lo afirma ahora,
y es un llanto que endulza de lejos la esperanza.

Genuflexos, los fieles prosiguen su liturgia
y se inclinan o besan un suelo de pisadas;
pisadas en lo santo de plantas temerosas…

Siento que tiembla el mundo y que aquí,
bajo el regio velamen de esta nave doliente,
-acaso un espejismo-, tiene mi vida
ese cobijo que, quizás, la redime…

“No puede ser, no puede ser -me digo-,
esta lujuria, esta explosión de luces,
este delirio que nos conquista la voluntad,
este oro que flota, este polen
al que el alma no sabe oponer resistencia”…

Aguardo a que termine la oración, un instante,
y me quedo a solas, bajo la inmensa corona
de lamparillas que llamean sobre mi cabeza.

Respiro el vaho sagrado que alimenta al espíritu
y ensueño junto a una columna de briosos nervios.
Dios está aquí, en esta desmesura,
en esta dolorosa fantasía de los hombres,
que oran con la cabeza cubierta
y tienen los dedos resecos
por las cuentas de sus rosarios.

Afuera el Mar de Mármara,
azul, como el color de los ojos de la favorita
es un mar calmo, de seda, un mar dormido,
en el que se han quedado varados los grandes navíos,
varados por el hechizo inexplicable de un deseo.

Por esta gran burbuja preferida y gigante
va mi vida errabunda; la luz y el salmo
la consuelan, porque lejos de esta ilusión,
(que la retina mira con hambre,
por miedo a que se desvanezca),
la desventura sigue aguardando
con sus trampas secretas.

(José Luis Lupiañez, El Sueño de Estambul)