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comunidades de aprendizaje

El derecho de aprender: soñar la escuela del futuro

Todos los que participamos en el mundo educativo nos hemos preguntado alguna vez y hemos soñado en el modelo de escuela que nos gustaría que construyese la sociedad del futuro. Inmersos en una polémica reforma educativa, carente de consensos, y que dibuja en el horizonte dinámicas excluyentes y segregadoras, esta pregunta cobra una especial relevancia en la medida en que surgen serias dudas acerca de si la escuela, desde estos principios y a partir de estas medidas, educará a todos los niños y niñas de manera efectiva a partir de sus aptitudes y barreras para aprender, es decir, si todos tendrán la oportunidad de adquirir las competencias que le ayudarán a mejorar  y contribuir como ciudadanos a la sociedad actual.

Con frecuencia en diversos foros he manifestado mi preocupación sobre los derroteros por los que, habitualmente, transcurre el debate educativo y formativo en nuestro país, con marcados tintes ideológicos y políticos, pero olvidando aspectos claves como el aprendizaje. El aprendizaje de todos debe constituir el corazón de las instituciones educativas y de los sistemas formativos, si este se ve relegado a un segundo plano los sistemas educativos y formativos entrarían en una dinámica de autoreferencialidad, olvidando que su razón de ser está en las personas que en ellos se educan o forman, creando estructuras o estándares  que no tienen en cuenta que el aprendizaje es un proceso, que acontece en un contexto espacio temporal determinado, y que no todos aprendemos del mismo modo ni al mismo tiempo o, y esto es grave, comienzan a ser una herramienta de control y estatificación social al servicio de un modelo económico imperante, que no contempla al ciudadano como un fin sino como un medio.

Ante estas cuestiones, desde mi punto de vista muy importantes, quiero recoger las aportaciones de Linda Darling-Hammond, catedrática de Educación de la Universidad de Stanford, ya que nos puede ayudar a objetivar  ese sueño de construir una escuela para todos, al sevicio del aprendizaje.

El derecho de aprender

Linda Darling Hammond

Linda Darling Hammond

Releyendo en estos días la obra de Linda Darling-Hammond “El derecho de aprender. Crear buenas escuelas para todos“, en la que realiza una propuesta de cómo mejorar las escuelas individuales y el sistema educativo en general, me han sorprendido, una vez más, sus propuestas centradas en el aprendizaje y en el acceso de todos a él como un derecho en  una cultura democrática.

En el prólogo de esta obra la profesora recoge un texto del New Compact for Learning (Un nuevo pacto por el aprendizaje) preparado en 1992 por el Consejo del Estado de Nueva York para el Curriculum y la Evaluación, con el que ella trabajó, en el que se esboza una visión anticipada de la escuela del siglo XXI:

“Las escuelas que imaginamos son lugares excitantes: donde habite el pensamiento y la reflexión, comprometedores y comprometidos. Lugares donde las cosas cobren significados. Que se parezcan a talleres, estudios, galerías, teatros, laboratorios, salas de prensa, espacios de investigación. Su espíritu ha de animar la indagación compartida. Los estudiantes de esas escuelas han de sentirse estimulados para asumir riesgos y pensar de manera independiente. Se comprometerán a iniciar proyectos y a evaluar sus ideas y resultados, desarrollando un respeto disciplinado hacia su propio trabajo y el de los demás. Sus profesores habrían de funcionar más como entrenadores, mentores, consejeros y guías que como transmisores de información y guardianes del saber. Establecerán niveles altos de aprendizaje y apoyos consiguientes para alcanzarlos, armando puentes entre las metas del curriculum como retos y las necesidades particulares de cada estudiante con sus talentos y estilos de aprendizaje. Su crecimiento y aprendizaje es continuo, pues enseñan en escuelas dónde cada cual se siente contento de ser estudiante o profesor, donde quieren estar , pues ambos pueden enseñar y aprender al tiempo” (Darling-Hammond, 2001:14-15).

La propuesta de Darling-Hammond se construye en torno al derecho de aprender que tiene toda persona.  Si durante el siglo XX existió un reto importante que consistía en proporcionar una escolarización mínima y una socilización básica a los ciudadanos que no tenían acceso a la educación, el siglo XXI, en su opinión, debería hacer frente a otro reto distinto que pasa por garantizar desde la escuelaa todos los estudiantes y en todas las comunidades el derecho genuino a aprender“.

Una nueva política educativa en una sociedad democrática

Otro tipo de política educativa y de modelo mejora de la escuela se vislumbra desde esta perspectiva del “derecho de aprender”,  pues supondría romper con la obsesión administrativa de diseñar controles para centrarse en el desarrollo de las capacidades de la escuela y de los profesores para que sean responsables del aprendizaje y tomen en cuenta las necesidades de los estudiantes. Este compromiso implica (Darling-Hammond, 2001: 42):

  1. rediseñar las escuelas para que su centro sea el aprendizaje de los estudiantes, la creación de un buen clima de relación, y la estimulación de un trabajo intelectual serio y profundo;
  2. recrear una profesión docente que garantice que todos los profesores poseen el conocimiento y el compromiso necesario para enseñar bien a alumnos diferentes;
  3. fortalecer equitativamente a los centros de modo que dediquen  su mejores  energías a la enseñanza y al aprendizaje en vez de a la satisfacción de ciertos requerimientos burocráticos del sistema.

El diseño de políticas educativas en clave del “derecho de aprender” implica:

  1. enseñar para la comprensión: es decir, enseñar a todos los estudiantes, no solo a unos pocos, a comprender las ideas de una manera profunda y también a operar con ellas de modo efectivo;
  1. enseñar para la diversidad: es decir, enseñar de manera tal que se ayude a diferentes aprendices para que encuentren vías provechosas de acceso al conocimiento, al mismo tiempo que aprendan a vivir juntos de manera constructiva.

Es un modelo de escuela ambicioso, centrada en el aprendizaje como derecho para todos, un sueño o una aspiración que una sociedad nunca puede olvidar si desea mantener una democracia saludable. Para alcanzar este objetivo prioritario el sistema educativo necesitará cultivar el sentido de la vida social compartida y una búsqueda ambiciosa del desarrollo pleno de las potencialidades humanas:

“esto significa que hemos de pensar en una educación no sólo para la democracia, en el sentido de tener en cuenta las necesidades de los estudiantes y su capacitación para un buen oficio y el papel de ciudadanos, sino en una educación en sí misma democrática, o lo que es lo mismo, una educación  que proporcione a los estudiantes la capacidad de una comprensión social, participando de modo efectivo en una comunidad plural, hablando juntos, tomando decisiones, y esforzándose  por entender múltiples puntos de vista” (Darling-Hammond, 2001: 71-72).

BIBLIOGRAFÍA:

DARLING-HAMMOND, L. (2001). El derecho de aprender. Crear buenas escuelas para todos. Barcelona: ARIEL.

 

José Manuel Martos Ortega

Comunidades profesionales de aprendizaje y el cambio global en educación

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