Desigualdad e historias de vidas: historias educativas silenciadas

Por medio de las historias de vida, traducción literal del inglés life history, las ciencias sociales, gracias al relato de vida de una persona, obtenido por medio de la entrevista narrativa en la que el sujeto cuenta toda o parte de su experiencia vivida, nos han acercado la experiencia de muchos hombres y mujeres que narran el modo en que vivencian el discurrir de su trayectoria vital.

Casas del Castillejo - Murcia (Spain). Foto: SantiMB

Casas del Castillejo – Murcia (Spain). Foto: SantiMB

Bertaux (2005) señala que los relatos de vida, que están en la base de las historias de vida, son una aproximación a los mundos sociales que se construyen en torno a una actividad específica (panaderos, taxistas,  médicos, artístas, profesores, trabajadores sociales, etc) para iluminar las lógicas del conjunto social de los microcosmos que lo componen.  Los relatos de vida también reflejan distintas categorías de situación, a partir de las situaciones particulares que rodean la vida de una persona (madres que educan a sus hijos solas, jóvenes poco cualificados en busca de trabajo, parados de larga duración, discapacitados, inmigrantes, personas sin hogar, etc) y que originna presiones y lógicas de acción concretas. Por último los relatos de vida ponen de manifiesto la diversidad de trayectorias en la vida (cómo se llega a ser padre, enfermero, profesor) y trayectorias sociales (trayectorias de éxito social, trayectorias de fracaso social) en las que confluyen infinidad de factores que interaccionan de distinto modo en cada persona.

A partir de esta diversidad de relatos de vida, la historia de vida permite al investigador penetrar  y comprender  el interior del mundo de las personas a las que se acerca. El verdadero sentido de las mismas es “escuchar cómo un individuo organiza su experiencia en los valores y modos de ser de una cultura de la que forma parte” (Bolivar, Domingo y Fernández, 2001: 36).

Desigualdad  educativa e historias de vida

Partiendo de la convicción de que la desigualdad educativa constituye un fenómeno construido en unas coordenadas de tiempo y espacio concretas, susceptible de ser narrado por las personas  que lo experimentan en el curso de su existencia, las historias de vida son un vehículo privilegiado para conocer los diferentes hitos en la construcción de dicha trayectoria por boca de los propios protagonistas.

Barton y Oliver (1997) nos recuerdan que las historias de vida, como metodología aplicada al estudio de la desigualdad y la exclusión, plantea la necesidad no sólo de analizar el proceso de construcción de las mismas (mecanismos, formas sociales, dinámicas, factores contextuales) sino también la dimensión personal y subjetiva (la vivencia misma de la desigualdad, la interpretación, opiniones y perspectivas que desde su propia situación tienen las personas en situación de riesgo de exclusión).

Acostumbrados a realizar un acercamiento a la problemática de de la desigualdad educativa prioritariamente a partir de las cifras del fracaso escolar, como un producto y una certificación de la desigualdad, las historias de vida hacen que vayamos más allá, que intentemos comprender la realidad personal que se esconden tras las cifras. Así lo desarrollaba en una publicación hace poco tiempo:

 “Detrás de cada cifra hay una persona que en medio de unas circunstancias, espacio-temporales experimenta una quiebra que determinará su ser y su obrar en el futuro. El fracaso es una experiencia, un camino que se recorre rodeado de unas circunstancias determinadas. Según se avanza en él se proyecta y adquiere una visibilidad en el entramado social, institucional y personal que rodea la vida de quien lo experimenta. Por este motivo las cifras cobran valor cuando se hace una lectura contextualizada de las mismas, teniendo como clave de interpretación las condiciones que han rodeado la historia de que son reflejos. Un dato académico tomado en abstracto tan solo nos indica la existencia de una realidad, es meramente descriptivo, sin embargo, un dato leído a partir de las condiciones personales, académicas, las medidas del centro, los programas seguidos para tal situación, cobra una nueva luz y significado y contribuye en la profundización de las raíces que generan ese fracaso . Las cifras reclaman la comprensión desde una epistemología y una ética que sea el umbral de la mejora” (Martos y Domingo, 2011: 339-340)

Y añadía:

“En el acercamiento a la desigualdad educativa no podemos olvidar los rostros, las historias, los procesos por los que discurren las trayectorias de éxito o fracaso escolar. Quizás nos centramos en análisis fríos de datos estadísticos y nos falta comprensión de las dinámicas, de las trayectorias e incluso de las buenas prácticas para extraer los indicadores necesarios para la mejora educativa. En constituye en ejercicio de desinstalación o de éxodo, de salir de las seguridades que implica quedarnos en la epidermis de las problemáticas, ofreciendo respuestas simplistas a realidades complejas, para iniciar un camino de búsqueda, no carente de dificultad, para bordear el corazón de dicha problemática” (Martos y Domingo, 2011: 346)

Las historias de vida son una puerta abierta, un umbral de sentido y comprensión que nos conduce hacia la mejora educativa, pues, y estoy totalmente convencido de ello, que sin una comprensión de la compleja realidad educativa nunca  existirá ni mejora, ni calidad ni la tan pregonada excelencia. Sin la comprensión, la calidad y la excelencia se convierte en una alfombra que oculta nuevas dinámicas de desigualdad y exclusión que privará a muchos alumnos y alumnas de las competencias básicas de ciudadanía necesarias para no transitar por otras dinámicas de desigualdad y exclusión a lo largo de su vida.

La elocuencia de las voces silenciadas

Estado de confusión. Foto: Jorge Fco. Arana

Estado de confusión. Foto: Jorge Fco. Arana

Las personas que experimentan las dinámicas de desigualdad, con frecuencia,  son silenciadas. En el ámbito educativo también ocurre igual. Las historias de vida son un ejercicio de “dar la voz”, de no privar a las personas de una de las dimensiones constituyentes del ser humano: la palabra. El silencio es el pórtico del juicio y del estigma en la medida en que culpabiliza, de antemano, sin conocer la complejidad de circunstancias que rodean la vida, y descarta la experiencia del individuo con el argumento de que su historia es una historia de fracaso, que no nos puede aportar nada. Tras el juicio  viene la privación de recursos, de medios, en definitiva, de posibilidades de cambio. Al final, y la misma experiencia lo dice: quien no tiene voz, quien es silenciado, no tiene posibilidades. Recuerdo, en este sentido, una de las entrevistas que realicé para el proyecto Voces de Aprendizaje en el que una profesora de un Aula de Apoyo afirmaba “en el momento en que una persona no se siente juzgada, está abierta a lo que puedas decirle, y a lo que ella te pueda aportar a ti“.

¿Por qué nos da miedo la escucha de las voces silenciadas? ¿Por qué los discursos hegemónicos temen estas voces? Foucault nos recordó hace unos años que no se puede separar el conocimiento y el poder porque las mismas estructuras que mantienen uno mantienen al otro. Así ciertos discursos educativos reclaman el silencio de muchas voces, especialmente aquellas que proceden de quienes se consideran los malos alumnos, de aquellos a quien hemos certificado su fracaso, aquellos que consideramos un obstáculo para la calidad y la excelencia. Pero también nos da miedo realizar ese ejercicio de escucha porque estas voces, y en el fondo lo sabemos, son un examen a nuestras prácticas, a las políticas educativas, a las dinámicas que se generan en el seno del sistema educativo, pues evidencian que aun nos falta un largo camino por recorrer para asegurar el derecho de aprender para todos.

Las historias de vida, el “dar la voz”, es un ejercicio de equidad, de devolver el derecho de todas las personas a la palabra, a compartir su experiencia, a la participación efectiva.

“Sin suerte, pero guerrero hasta la muerte”. Un ejemplo de historia de vida

Hace unos días pude leer un ejemplo de historia de vida que  ilustra perféctamente este desarrollo. Ignacio Calderón Almendros (@icalmendros), profesor del Departamento de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad de Málaga, nos ofrece en un magnífico artículo -“Sin suerte pero guerrero hasta la muerte: pobreza y fracaso escolar en una historia de vida“- publicado recientemente, el relato de vida de un alumno recluido en un reformatorio. Este chico narra, desde su experiencia, el camino transcurrido en su corta existencia en el que desigualdad y educación se dan la mano. El relato de vida de este alumno, al igual que las de muchos otros, nos recuerda que la desigualdad tiene rostro, que comparte nuestra historia aunque esté silenciada o no nos resulte cómoda su voz. Son vidas rotas, para muchos fracasadas, pero vidas que nos interpelan y ponen en tela de juicio muchas de nuestras seguridades sociales y educativas. Estas vidas nos recuerdan que la calidad y la excelencia no se puede alcanzar a costa de mirar hacia otro lado e ignorar los otros rostros y las periferias del sistema. Estas vidas nos recuerdan que siempre es más fácil juzgar que comprender, silenciar que escuchar.

José Manuel Martos Ortega

Bibliografía

BARTON, L. y OLIVER, M. (1997). Disability Studies: Past, Present and Future. Leeds: Disability Press.

BERTAUX, D. (2005). Los relatos de vida. Perspectiva etnosociológica. Barcelona: Edicions Bellaterra.

BOLIVAR, A., DOMINGO, J. y FERNÁNDEZ, M. (2001). La investigación biográfico-narrativa en educación. Enfoque y metodología. Madrid: La Muralla.

CALDERON, I (2014). Sin suerte pero guerrero hasta la muerte: pobreza y fracaso escolar en una historia de vida. En Revista de Educación, 363.

MARTOS J.M. y DOMINGO, J. (2011). De la epidermis al corazón: la búsqueda de la comprensión del fracaso escolar y la exclusión educativa. Revista Profesorado 15 (1).

 

Créditos de las fotos

Jorge F. Arana (2010). Estado de confusión. Licencia: Creative Commons

SantiMB (2007). Casas del Castillejo – Murcia (Spain). Licencia: Creative Commons

5 thoughts on “Desigualdad e historias de vidas: historias educativas silenciadas

    • Rosy Córdoba says:

      EXCELENTE, estoy de acuerdoEs muy difícil romper las resistencias docentes. Es necesario trabajar con diálogo y reflexión de las propias prácticas pedagógicas. Es lo más difícil de lograr. Este artículo sirve para Multiplicar. BUENÍSIMO.

  1. Gracias, Jose, por compartir esta visión que nos aleja del uso de las frías cifras como única fuente y nos invita a profundizar en las casuísticas personales para encontrar el sentido de los complejos procesos que entraña todo acto educativo. Sencillamente GENIAL.

  2. Espectacular. Nos invita a humanizar más los procesos educativos y formativos; a que no sea bajo nuestra responsabilidad que una persona tenga que abandonar la educación. A cumplir esta misión de formar generaciones, de la forma más humanizante posible; a que veamos en nuestros estudiantes todas las posibilidades.
    Gracias, mil gracias.

  3. muy bueno este documento. a veces nos hes mas fácil juzgar sin escuchar, sin saber cual es la verdadera situación de nuestros estudiantes…

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