A vueltas con la LOMCE: las XXI Jornadas ADEME

Una reforma educativa debe llevar consigo, ante todo, una reflexión serena y audaz sobre los fundamentos que la sostienen y las implicaciones que tiene para el sistema educativo. Dicha reflexión es urgente en un momento en el que la educación pública se ve asediada por diversos frentes bajo el irónico pretexto de la búsqueda de la calidad y la mejora.  En esta coyuntura cada vez se alzan más voces interrogándose sobre la licitud de un modelo de calidad en el que se sacrifica abiertamente la equidad educativa, agudizando, aún más, las distintas brechas sociales que abocan a tantos alumnos y alumnas a dinámicas de desigualdad educativa y laboral.

Hace unos días publicaba Antonio Bolivar un post –“Jugando con términos equívocos: “Mejora de la calidad educativa”– en el que señala cómo el término “calidad” se ha convertido en un elemento “fetiche” en el discurso educativo, cargado de distintos significados que son necesarios clarificar:

“Hay términos equívocos, que pueden aplicarse de diferentes formas, sentidos y significados al servicio de los intereses que se tengan, como “calidad” o “mejora”. En retórica se suele decir que el equívoco (o antanaclasis) consiste en hacer uso del valor polisémico de algunas palabras: se repite el significante (o cuerpo fónico de la palabra) pero en cada aparición el significado es distinto. Como decíamos en otro trabajo, el discurso de la calidad en educación funciona como una “práctica discursiva”, contribuye, al tiempo, a dar credibilidad y legitimación a las nuevas acciones que declaren retóricamente pretender incrementarla. “Calidad” se convierte… en un término “fetiche” que permite dar un “barniz” de excelencia a las políticas o prácticas cobijadas. “Calidad”… tiene el don de la ubicuidad: la podemos colocar ante los más diversos objetos, acciones, o productos; al tiempo que entenderla de múltiples formas (resultados, innovación, valores intrínsecos, satisfacción del cliente, etc.). La actual propuesta de la LOMCE  juega con estos términos equívocos, desde el propio título. ¿Quién no querría una “mejora de la calidad educativa”? Pues para eso se hace la ley. Por tanto, no cabrían objeciones. Lamentablemente, tenemos cultura y conocimiento, para saber que el asunto es más complejo y, sobre todo, que hay que entrar en lo que hay detrás de los términos, en sus concreciones, procesos y propuestas”

Magnifying glass (Foto: Galería de joeduty)

Magnifying glass (Foto: Galería de joeduty)

Es necesario, por tanto, una clarificación conceptual de muchos de los términos que se barajan en esta nueva reforma. Esta mañana, siguiendo con el estudio de la propuesta de la LOMCE, el alcance de su modelo de “calidad” y las implicaciones que conlleva su implementación, he podido releer las aportaciones de las XXI Jornadas ADEME, celebradas los días 13 y 14 de diciembre de 2012 en la Universidad de Alcalá de Henares. Las Jornadas se ocuparon de analizar críticamente el anteproyecto LOMCE, sumándose a los análisis, denuncias y alternativas hechas públicas, desde su publicación, por parte de ciudadanos, colectivos y asociaciones vinculadas al ámbito educativo.

En palabras de Juan Manuel Escudero, “Reformas y cambio en educación en tiempos difíciles”:

“La línea argumental y transversal de las aportaciones supone una valoración crítica sin reservas de los presupuestos y diagnóstico de la situación en que se basa esta nueva reforma, de los significados y definiciones que hace de los problemas educativos y, desde luego, de los cambios y medidas concretas y, a nuestro entender, cuestionables que propone. Si a ello se suman los efectos perversos y generalizados, particularmente en la escuela y la educación pública, que están teniendo los fuertes recortes impuestos más recientemente, y los déficits manifiestos de concertación social y política de que están haciendo gala los promotores de la LOMCE bajo la batuta del Ministro Wert, sería un verdadero milagro que realmente contribuyera en serio y, como es justo, a mejorar la calidad del sistema y de la educación de nuestros jóvenes.”

Comparto los enlaces a las distintas aportaciones, disponibles en la página de ADEME, pues constituyen un análisis que “da que pensar”, ya que ofrece un acercamiento profundo y serio a un proyecto de reforma que está suscitando un gran malestar en nuestro entramado social y educativo.

 

José Manuel Martos Ortega

 

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