Internet de los dispositivos

marzo 7th, 2011

Hace mucho que se viene anunciando, a veces con tintes catastrofistas, el fin de las direcciones IP en la red. Un breve apunte para quien no tenga conocimiento de qué se trata: en Internet cada dispositivo conectado se identifica por un conjunto de números denominados dirección IP; vendrían a ser el nombre que permite buscarlo y comunicarse con él. Actualmente dicho identificador consiste en cuatro números que van de 0 a 255; así es desde que la versión actual del protocolo, IPV4, se implantó a gran escala. Una sencilla operación nos permite calcular que con este sistema se podrían conectar más de cuatro mil millones de equipos simultáneamiente. En realidad el número es mucho menor debido a distintos factores: algunas direcciones no son utilizables, otras se han distribuido en grandes bloques a países y empresas sin plantearse su futura excasez. Por otro lado, varias máquinas pueden formar una subred y conectarse todas ellas con una IP única a Internet, como frecuentemente sucede en los entornos domésticos, por poner un ejemplo. Sea como fuere, la realidad es que oficialmente el pasado 3 de febrero se repartieron las últimas direcciones disponibles de la reserva global, y las de los registros regionales se prevee que se agoten en torno a septiembre de este año. Simplemente, hace 30 años nadie sospechaba el auge que tendría Internet.

Internet de los dispositivos

Internet de los dispositivos

Obviamente, a nadie ha cogido por sorpresa el anuncio, y hace tiempo que se inició la adaptación a la versión 6 del protocolo IP. Esta vez no se ha querido quedarse corto, y se ha pensado en un número mucho mayor de dispositivos conectados a la red de redes. Muchísimo mayor. Para ser precisos, IPv6 permite la conexión simultánea de 340.282.366.920.938.463.463.374.607.431.768.211.456 dispositivos. Como la implantación se está realizando de forma paulatina y se espera que transparente, es posible incluso que usted, lector, ya esté aprovechando el nuevo sistema, bien de forma directa, bien gracias a los equipos que han intervenido en la conexión por la que está accediendo a esta página. Hay interés en que el cambio se lleve a cabo de forma transparente, pero se espera que ambos protocolos convivan durante un periodo de unas dos décadas.
¿Qué sentido tienen 340 sextillones de direcciones de Internet? Para quien cometa el error de asociar cada dirección a una persona le parecerá incomprensible esta cifra. En su origen, Internet se concibió más bien como una red de subredes. Cada empresa, cada institución o domicilio poseería una -o unas pocas- direcciones IP que permitirían, gracias a enrutamientos, conectar un número aún mayor de computadoras. Hace quince años era infrecuente un hogar con un ordenador conectado a la red. El panorama ha cambiado y hoy lo normal en los países más favorecidos económicamente es que haya más de un elemento de características similares por domicilio, contando equipos de sobremesa, portátiles, consolas, tabletas, móviles, etc. Pero con IPv6 las miras estan puestas mucho más lejos: se piensa en un futuro, en realidad muy próximo, donde cualquier máquina pueda aprovecharse de la conexión a la red. Hablamos de televisores que reproduzcan películas alojadas en servidores, sistemas de calefacción o riego controlados remotamente, automóviles que calculen las distancias entre sí, cámaras de vídeo, iluminación, frigoríficos… Pero debemos mirar más lejos: máquinas expendedoras, contadores de suministro de electricidad o agua, sensores ambientales, robots de limpieza, básculas, relojes, cerraduras, mandos a distancia… No deberíamos asustarnos siquiera de pensar en la posibilidad de que todo producto a la venta en un supermercado estuviese caracterizado por una IP única, en lugar de las direcciones que los sistemas RFID plantean en la actualidad. Al fin y al cabo, como apunta la Wikipedia, se podría cubrir la superficie de la Tierra a razón de 670 mil billones de equipos por milímetro cuadrado identificables de forma única mediante IPv6. El futuro de Internet pertenece a los dispositivos, y no solo a los humanos.

Ciborg

febrero 28th, 2011
Ciborg

Ciborg

En 1960, Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline acuñaron el término ciborg en un artículo publicado en la revista Astronautics. En aquel momento los científicos tenían en mente la recién iniciada era espacial, y la posibilidad de adaptar el ser humano a entornos no terrestres mediante el uso de implantes mecánicos; la ciencia ficción rápidamente se adueñaría de la voz y la desligaría de su necesaria vinculación con el espacio, resultando de ello uno de los ingredientes más prolíficos de esta literatura.

Brevemente puede decirse que un ciborg es una criatura híbrida de hombre y máquina, aunque sea preciso establecer ciertos matices. Por un lado no basta una simple cercanía de artefacto y organismo. No podría aplicarse el término, por ejemplo, a la pareja conductor-vehículo, o a la del carpintero y su sierra. La unión debe ser extrema, íntima, y dar lugar a un único ser integrado, que pierde su esencia si le falta una de sus partes. Semejante fusión infunde alma a la tecnología y deshumaniza al individuo al mismo tiempo. Esto da lugar a un extenso subgénero literario denominado ciberpunk, habitado por seres alienados y solitarios. Estas novelas, en contra de lo imperante en ciencia ficción, reniegan de las utopías tecnológicas y las visiones de un futuro próspero. La máquina, y la sociedad que le rinde culto, no generan según estas distopías otra cosa que desarraigo.

Por otro lado, las partes mecánicas del ciborg suelen mejoran las capacidades del humano, alzándolo a un nuevo estadio evolutivo. Este aspecto, que en principio contradiría la estética ciberpunk, cohabita a veces con ella. El ciborg puede saberse superior a sus congéneres y al mismo tiempo sufrir marginación, así como despreciar una esencia y un destino al que no puede enfrentarse.

Hay quien opina que, sin alcanzar extremos como el argumento de Neuromante, ya podemos hallar ciborgs entre nosotros. Cuentan como tales a aquellas personas que viven gracias a implantes mecánicos: marcapasos, piernas o brazos artificiales, etc. Pero si asumimos esto, basta relajar un poco las exigencias para incluir buena parte de nuestra sociedad. ¿Cuántos dependemos del portátil, el móvil conectado a internet, el simple reloj que nos despierta todos los días o nos informa de qué tenemos que hacer a cada momento, y que estamos obligados a llevar atado a la muñeca? ¿Dónde marcar el límite de esta dependencia?

Sirva esta reflexión para abrir Ciberiada, un espacio destinado a estudiar la relación de las personas con la tecnología. Qué añade a nuestra humanidad y qué le roba. Cómo se han satisfecho o defraudado los sueños de un futuro tecnificado. Y también, por último, qué implican las visiones que de él hoy estamos gestando.

 

Ciberiada

febrero 27th, 2011
Ciberiada

Ciberiada

-¡Ha de ser ahora, extranjero! Escucha, pues, y presta atención… Existen en el mundo leyendas sobre unos seres de rostro pálido que a la estirpe robotiana en matraces criaron, mas las mentes ilustradas saben que es una mentira, un mito falaz, porque lo único cierto y verdadero es que al Principio solo hubo Penumbra Oscura y en su seno el Magnetismo que a los átomos azuzaba para que se movieran.

Cuentos de las tres máquinas fabulistas del rey Genialón. Ciberiada (Stanislaw Lem).