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El humor de la mirada

Domingo, octubre 4th, 2009
Calle del albaicín (Granada. Junio, 2009). Foto: Jose Martos

Calle del albaicín (Granada. Junio, 2009). Foto: Jose Martos

“Es el humor de quien la mira el que da su forma a la ciudad de Zemrude. Si pasas silbando, la naríz cerniéndose al compás del silbido, la conocerás de abajo arriba: antepechos, cortinas que se agitan, surtidores.

Si caminas con el mentón apoyado en el pecho, las uñas clavadas en las palmas, tus miradas quedarán atrapadas a ras del suelo, en el agua que corre al borde de la calzada, las alcantarillas, las raspas de pescado, los papeles sucios. No puedo decir que un aspecto de la ciudad sea más verdadero que el otro, pero de la Zemrude de arriba oyes hablar a todo a quien la recuerda hundido en la Zemrude de abajo, recorriendo todos los días los mismos tramos de calle y encontrando por la mañana el malhumor del día anterior incrustado al pie de las paredes.

Suelo de una calle del Albaicín (Granada. Junio, 2009)

Suelo de una calle del Albaicín (Granada. Junio, 2009)

Para todos, tarde o temprano, llega el día en que bajamos la mirada a los tubos de los canalones y no conseguimos volver a despegarla del pavimento. No está excluido lo contrario, pero es más raro; por eso seguimos dando vueltas por las calles de Zemrude excavando con los ojos debajo de los sótanos , de los cimientos, de los pozos”.

(Ítalo Calvino, Las ciudades invisibles).

La serpiente

Lunes, septiembre 28th, 2009

Detalle de la fachada del Palacio da Pena (Sintra. Abril, 2009). Foto: Jose Martos

Detalle de la fachada del Palacio da Pena (Sintra. Abril, 2009). Foto: Jose Martos

“Se hunde la sierpe en el suelo como absorbida por alguna hendidura, por alguna de esas grietas por las que  la tierra muestra ser al par ávida y madre; una madre que no siempre deja salir lo que traga. La tierra tiene bocas, gargantas, hondonadas y desfiladeros que solamente cuando  se les ve allá abajo el oscuro fondo se sienten como abismo, lugar de caída y de despeñamiento; si no, lo que por ella desaparece parece haya sido llamado para ser guardado y, en último término, regenerado. Y si es eso que repta, parece que vaya a salir por algún otro lugar, irguiéndose irreconociblemente blanco y consistente, logrando al salir nuevamente de la tierra el cuerpo nuevo que en su reptar andaba buscando, extenuándose en ello, dejándose la piel, su valía después de todo, su piel manchanda, estigmatizada por sombra y luz.

Arroja su piel le sierpe en un ataque de desesperación, de furia contra sí misma, extenuada, escuálida, pues que no le sirve para alcanzar lo que ansía. Mas también ocurre que en su carrera , en esa condena  a avanzar que ha de cumplir arrastrándose , la sierpe se deja la piel, su escudo, su tesoro, por ser su signo, emblema primero de la vida que de tantos se irá revistiendo al desplegarse”.

(María Zambrano, Los bienaventurados)

Contrastes

Jueves, agosto 27th, 2009

Hierba brotando en los restos de un incendio (Ciudad Real. Agosto, 2009). Foto: Jose Martos

Hierba brotando en los restos de un incendio (Ciudad Real. Agosto, 2009). Foto: Jose Martos

Mi lámpara alumbra

Martes, julio 7th, 2009
Lámparas de cristal (Enero, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Lámparas de cristal (Enero, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

¿Por qué? ¿Por qué desde que me amas
mi lámpara alumbra
y mis cuadernos han florecido?
Las cosas han cambiado desde que me amas:
me he convertido en un niño
que juega con el sol
y en un profeta
cuando sobre ti escribo
(Nizar Qabbani, Libro del amor)

Percepción

Sábado, junio 6th, 2009
Plumas de colores

Plumas de colores

“Elaboraba la sustancia de sus propios sueños y con esos materiales fabricó un mundo para mí. Las palabras son gratis, decía y se las apropiaba, todas eran suyas. Ella sembró en mi cabeza la idea de que la realidad no es sólo como se percibe en la superficie, también tiene una dimensión mágica y, si a uno se le antoja, es legítimo exagerarla y ponerle color para que el tránsito por esta vida no resulte tan aburrido(…). De mí dependía la existencia de todo lo que nacía, moría o acontecía en las arenas inmóviles donde germinaban mis cuentos. Podía colocar en ellas lo que quisiera, bastaba pronunciar la palabra justa para darle vida”
(Isabel Allende, Eva Luna)