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El canto de la Musa

Sábado, enero 9th, 2010
Representación de la Musa de la Música

Representación de la Musa de la Música

Claudio Monteverdi (1567-1643) encarna la transición musical del Renacimiento al Barroco. Con solo quince años publicó su primera colección de motetes, fruto de su formación en la tradición polifónica de Victoria, Lasso y Palestrina. En Monteverdi confluye el instrumentista y el compositor. Su talento como instrumentista, gran intérprete de la viola, le llevó a servir al duque Vincenzo Gonzaga y después a su hijo Francisco. Como compositor fue capaz de plasmar en su obra las teorías expuestas anteriormente por la Camereta Fiorentina. A partir de estas teorías, unidas a sus conocimientos de la polifonía, dio a luz su obra Orfeo , que es considerada como la primera ópera de la historia de la música.

El 24 de febrero de 1607, en el Palacio de Mantua, se estrenó L´Orfeo de Monteverdi con motivo del comienzo del carnaval. El autor se inspira en un texto de Alessandro Striggio, que pone las bases de un nuevo género, “Favola in musica”, o estilo operístico, novedoso por su estructura dramática y musical.

Nos detenemos en el prólogo de Orfeo. Después de la imponente fanfarria, que sirve como pórtico a la composición en cinco actos, aparece la Musa de la música para invitar a guardar silencio y crear el clima apropiado para escuchar las aventuras y desventuras de Orfeo, hijo del dios Apolo y la musa Caliope.

En la mitología griega, Euterpe (en griego Ευτέρπη, “La muy placentera”, “La de agradable genio” o “La de buen ánimo”) es la Musa de la música, especialmente protectora del arte de tocar la flauta. Como las demás Musas era hija de Mnemósine y de Zeus. Por lo general se la representa coronada de flores y llevando entre sus manos el doble-flautín. En otras ocasiones se la representa con otros instrumentos de música: violines, guitarras, tambor, etcétera. A finales de la época clásica se la denominaba musa de la poesía lírica, y se le representaba con una flauta en la mano.

La Musa, en esta ópera, se presenta como aquella que es capaz de “apaciguar los corazones atormentados y de inflamar, de noble ira o de amor,los espíritus más fríos”. En efecto, en el prólogo de Orfeo, Euterpe, por medio de una composición de gran lirismo y belleza invita a detener los pasos y buscar un momento de quietud para deleitarse con la historia de Orfeo. Hoy, varios siglos después, la belleza de sus palabras y la armonía de su música, inspirada por una Musa, sigue cautivándonos a todo los que queremos contemplar el camino de Orfeo.

Desde mi Parnaso amado vengo hasta vosotros,
ilustres héroes, nobles, descendientes de reyes,
de quienes la fama relata sus excelsos méritos
de manera imperfecta
porque son, en verdad, sublimes.

Yo la Música,
con dulces acentos
sé apaciguar los corazones atormentados
y puedo inflamar, de noble ira o de amor,
los espíritus más frios.

Cantando a los acordes de mi lira de oro,
acostumbro a deleitar los oídos de los mortales
y de esta guisa incito en el alma deseos ardientes
de oir las armonías sonoras de la lira celestial.

Me mueve ahora el deseo de hablaros de Orfeo,
que aplacó a las fieras con su canto
y conmovió al infierno con sus ruegos,
gloria inmortal de Pindo y de Helicón.

Ahora, mientras alterno mis canciones,
ora alegres, ora tristes,
qué ningún pajarillo se mueva entre los árboles,
ni se oiga el rumor de las aguas en estas riberas,
y hasta la brisa más ligera detenga su camino.

 

La espalda del otro

Miércoles, septiembre 30th, 2009

Detalle escultura griega. Museo Arqueológico de Atenas (Julio, 2009). Foto: José Antonio Casares     Detalle escultura griega. Museo Arqueológico de Atenas (Julio, 2009). Foto: José Antonio Casares

Detalle escultura griega. Museo Arqueológico de Atenas (Julio, 2009). Foto: José Antonio Casares

“La espalda del otro no es sólo el postludio de lo ya ocurrido. Anticipa la inversión  en la que irrumpe su rostro, su palabra, y su mirada. No basta un giro. Se precisa todo un tornar, una transvaluación. El retorno del otro como otro, esa trasmutación, es un volver de su diferencia. No es simplemente el sello de una amistad que se va o de alguien que uno ya no es. “¿Es que yo ya no soy? ¿Es que  están cambiados mi mano, mi paso, mi rostro? ¿Es que lo que soy , eso, para vosotros, amigos, no lo soy? ¿Es que me he vuelto otro? ¿Y extraño a mí mismo? ¿Es que me he evadido de mí mismo?”. Volverse otro no es ya la mera tarea de ser uno mismo como otro. Se abre la posibilidad  en que consiste el retorno. Vuelve de nuevo alguien otro, otro que uno mismo. Otro tan otro que propicia otra amistad, la del mediodía de la vida, la de la espera, má que la expectativa, la espera de nuevos amigos”.

(Angel Gabilondo, La vuelta del otro)

Con la piedra en los labios

Sábado, agosto 15th, 2009
Diálogos de Piedra. Detalle de la Puerta del Perdón de la Catedral de Granada (Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Diálogos de Piedra. Detalle de la Puerta del Perdón de la Catedral de Granada (Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

“Con la piedra en los labios descanso al fin. Adoro.
Respiro piedra. ¿He muerto? He nacido. Estoy quieto”.

(Vicente Alexandre, Yolas el navegante y Pedro el Peregrino)