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En los ojos de otro

Martes, octubre 6th, 2009

Detalle de la Fuente Imperial de Carlos V (Granada. Octubre, 2009). Foto: José Antonio Casares.

Detalle de la Fuente Imperial de Carlos V (Granada. Octubre, 2009). Foto: José Antonio Casares.

“[…] Una pregunta, claro está: ¿cómo es posible conocerse a sí mismo, en qué consiste este conocimiento? Aquí damos con un texto que tiene, en los diálogos de Platón una serie de ecos, sobre todo en los diálogos tardíos, y que es  la metáfora, bien conocida y a menudo utilizada de los ojos. Si queremos saber de qué manera el alma -dado que ahora sabemos que es el alma la que debe conocerse a sí misma- puede conocerse a sí misma, pues bién, tomemos el ejemplo del ojo. Cuando los ojos pueden verse, ¿en qué condiciones lo hacen, y cómo? Bueno, cuando perciben la imagen de sí mismos que les devuelve el espejo. Pero el espejo no es la única superficie de reflexión para unos ojos que quieran mirarse a sí mismos. Después de todo, cuando los ojos de una persona se miran a los ojos de otra, cuando unos ojos se miran en otros ojos absolutamente semejantes a ellos, ¿qué ven en esos ojos del otro? Se ven a sí mismos”.

(Foucault, La hermeneútica del sujeto)

La ciudad sin figuras

Martes, septiembre 29th, 2009

 Vista de Atenas desde el Areópago (Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Vista de Atenas desde el Areópago (Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

“El hombre que viaja y no conoce todavía la ciudad que le espera al cabo del camino, se pregunta cómo será el palacio real, el cuartel, el molino, el teatro, el bazar. En  cada ciudad del imperio cada edificio es diferente y está dispuesto en un orden distinto; pero apenas el forastero llega a la ciudad desconocida y echa la mirada sobre aquel racimo de pagodas y desvanes y cuchitriles, siguiendo la maraña de canales, huertos, basurales, de pronto distingue cuáles son los palacios de los principes, cuáles los templos de los grandes sacerdotes, la posada, la prisión, el barrio de los lupanares. Así -dice alguien- se confirma la hipótesis de que cada hombre lleva en la mente una ciudad hecha sólo de diferencias, una ciudad sin figuras y sin forma, y las ciudades particulares la rellenan.
No así en Zoe. En cada lugar de esta ciudad se podría sucesivamente dormir, fabricar arneses, cocinar, acumular monedas de oro, desvestirse, reinar, vender, interrogar oráculos. Cualquier techo piramidal podría cubrir tanto el lazareto de los leprosos como las termas de las odaliscas. El viajero da vueltas y vueltas y no tiene sino dudas: como no consigue disinguir los puntos de la ciudad, aun los puntos que están claros en su mente se le mezclan. Deduce esto: si la existencia en todos sus momentos es toda ella misma, la ciudad de Zoe es el lugar de la existencia indivisible. ¿Pero por qué, entonces, la ciudad? ¿Qué línea separa el dentro de fuera, el estruendo de la ruedas del aullido de los lobos?”.

(Ítalo Calvino, Las ciudades invisibles)

Arqueología de los sentimientos

Jueves, septiembre 10th, 2009
Templo de Apolo en Delfos (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Templo de Apolo en Delfos (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

En el frontispicio del templo de Apolo en Delfos se podía leer la frase: “Conócete a ti mismo”. Estas palabras constituían, para las personas que acudían a aquel lugar mistérico a consultar el oráculo, toda una invitación a emprender una de las tareas principales de cada ser humano: el autoconocimiento. En efecto, cada uno es para sí una fuente inagotable de conocimiento. Las experiencias diarias son capaces de sorprendernos y poner a la luz dimensiones de nuestra existencia ignoradas o sepultadas voluntariamente. Una situación imprevista, un desengaño, cualquier acontecimiento que escapa a nuestro dominio, tienen la potencialidad de poner sobre la palestra aspectos que, hasta el momento, permanecían en el subsuelo de nuestra existencia.
Parte de este desconocimiento se debe a que algunas de estas dimensiones se han visto sepultadas u ocultadas por motivos personales o culturales. Quizás los sentimientos sean los que se hayan llevado la peor parte en este proceso. La educación de los sentimientos ha sido la gran desterrada del curriculum escolar, hecho que ha llevado consigo sepultar los sentimientos y las emociones en el subsuelo de la vida, como una dimensión de la existencia destinada a estar oculta, para vivir de espaldas o indiferentes ante esta riqueza inconmensurable.
Con frecuencia se ha utilizado el símil de la arqueología (Miguel Angel Santos Guerra, Arqueología de los sentimientos en la escuela. Ed. Bonum) para refererirse al universo de los sentimientos como una realidad que está por descubrir. La inteligencia emocional ha puesto de manifiesto que no somos únicamente “cognicio” sino también emoción y sentimiento, y que prescindir de estos últimos significa amputar una dimensión nuclear de nuestra existencia. La inteligencia emocional nos recuerda que el conocerse a sí mismo pasa por cultivar la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emociones, para acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan el pensamiento, y para regular y comprender nuestras propias emociones.
“Conocete a ti mismo” supone iniciar, al modo del arqueólogo o la arqueóloga, una labor de acercamiento al yacimiento de nuestros sentimientos para iniciar una labor, árdua y no carente de dificultades, con el objetivo de desenterrar el tesoro que albergamos en nuestra interioridad. “Conócete a tí mismo” es la puerta que nos hace capaces de mostrar en cada momento lo que sentimos, no como un signo de debilidad, sino como manifestación de la transparencia del corazón que busca otro corazón para compartir una sonrisa o una lágrima.
Excavaciones en el Ágora Romana (Atenas, Julio 2009). Foto: Jose Martos

Excavaciones en el Ágora Romana (Atenas, Julio 2009). Foto: Jose Martos

El limosnero de recuerdos

Lunes, junio 22nd, 2009
Reloj del Palacio de la Bolsa (Porto. Junio 2007). Foto: Jose Martos

El limosnero de recuerdos

“El tiempo —maquinaria incansable— sigue funcionando, o quizás fluyendo de mí. Soy limosnero de recuerdos un rato ¿largo, breve? que los relojes no gobiernan y que se ancha casi en eternidad. Después, voy despojándome de mi nombre, de mi pasado, de mi conjetural porvenir. Soy cualquier otro. Ya me dejó la visión, luego el escuchar, el soñar, el tacto. Soy casi nadie […] terrible en mi cotidiano desaparecer. Soy nadie”.
(Borges,Textos recobrados I: 1919-1929 )

Desde adentro

Miércoles, junio 10th, 2009

La Gioconda (Leonardo da Vinci)

La Gioconda (Leonardo da Vinci)

“El ver desde adentro es una mirada que unifica y trasciende. Y así, dejar ya de andar separados. Y si el ver, aún no nos llega, escribir y sentir lo que por lo pronto somos capaces de ver. Y liberarnos luego al ofrecer lo que vemos. Al dar de nuevo, lo que se nos da”.

(María Zambrano, El hombre y lo divino)