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Presencia

Lunes, Septiembre 14th, 2009

Detalle escultura griega del Museo Arqueológico de Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Detalle escultura griega del Museo Arqueológico de Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

“El rostro es una presencia viva, es expresión”
(Levinas, Totalidad e infinito)

Arqueología de los sentimientos

Jueves, Septiembre 10th, 2009
Templo de Apolo en Delfos (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Templo de Apolo en Delfos (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

En el frontispicio del templo de Apolo en Delfos se podía leer la frase: “Conócete a ti mismo”. Estas palabras constituían, para las personas que acudían a aquel lugar mistérico a consultar el oráculo, toda una invitación a emprender una de las tareas principales de cada ser humano: el autoconocimiento. En efecto, cada uno es para sí una fuente inagotable de conocimiento. Las experiencias diarias son capaces de sorprendernos y poner a la luz dimensiones de nuestra existencia ignoradas o sepultadas voluntariamente. Una situación imprevista, un desengaño, cualquier acontecimiento que escapa a nuestro dominio, tienen la potencialidad de poner sobre la palestra aspectos que, hasta el momento, permanecían en el subsuelo de nuestra existencia.
Parte de este desconocimiento se debe a que algunas de estas dimensiones se han visto sepultadas u ocultadas por motivos personales o culturales. Quizás los sentimientos sean los que se hayan llevado la peor parte en este proceso. La educación de los sentimientos ha sido la gran desterrada del curriculum escolar, hecho que ha llevado consigo sepultar los sentimientos y las emociones en el subsuelo de la vida, como una dimensión de la existencia destinada a estar oculta, para vivir de espaldas o indiferentes ante esta riqueza inconmensurable.
Con frecuencia se ha utilizado el símil de la arqueología (Miguel Angel Santos Guerra, Arqueología de los sentimientos en la escuela. Ed. Bonum) para refererirse al universo de los sentimientos como una realidad que está por descubrir. La inteligencia emocional ha puesto de manifiesto que no somos únicamente “cognicio” sino también emoción y sentimiento, y que prescindir de estos últimos significa amputar una dimensión nuclear de nuestra existencia. La inteligencia emocional nos recuerda que el conocerse a sí mismo pasa por cultivar la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emociones, para acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan el pensamiento, y para regular y comprender nuestras propias emociones.
“Conocete a ti mismo” supone iniciar, al modo del arqueólogo o la arqueóloga, una labor de acercamiento al yacimiento de nuestros sentimientos para iniciar una labor, árdua y no carente de dificultades, con el objetivo de desenterrar el tesoro que albergamos en nuestra interioridad. “Conócete a tí mismo” es la puerta que nos hace capaces de mostrar en cada momento lo que sentimos, no como un signo de debilidad, sino como manifestación de la transparencia del corazón que busca otro corazón para compartir una sonrisa o una lágrima.
Excavaciones en el Ágora Romana (Atenas, Julio 2009). Foto: Jose Martos

Excavaciones en el Ágora Romana (Atenas, Julio 2009). Foto: Jose Martos