Por qué Aristas del corazón

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Esta página tiene su origen en un encuentro cotidiano, cargado de significado. Un encuentro de esos que N.K. Denzin, en su obra Interpretive Biography (1989) califica como incidentes críticos o momentos cargados de significado, epifanías de sentido, que te dejan entrever otra mirada y una perspectiva nueva y poliédrica de los acontecimientos.

Ocurrió en el verano de 2005 en el que, inmerso en diversos estudios sobre construcción de la identidad personal y profesional pude contactar con una pintora y un escultor para adentrarme en su historia de vida. De esas tardes calurosas compartiendo una infusión en alguna tetería tranquila de la calle Calderería de Granada, o en sus pequeños estudios, recuerdo lun momento clave en el que el escultor amigo me hizo una confidencia: “las aristas de mis obras reflejan las aristas de mi corazón”. De vuelta a mi casa me senté un rato en un rincón perdido del Albaycin desde dónde se podía contemplar una vista asombrosa de la Alhambra. Sus palabras se convirtieron en un cincel o una gubia que me golpeaban incesantemente para generar una nueva mirada hacia el arte, una mirada que estaba en germen, pero que desde aquel momento ha cobrado una especial importancia: el arte como metáfora de los sentimientos personales o de un pueblo.
Cada escultura, pintura, edificio, poema o novela, cada nota de una composión musical continen aristas, vivencias, sentimientos de amor, alegría o miedo que su creador o creadora nos confía. Isabel Allende en Paula lo expresa con una belleza inigualable al hablar de su narrativa: “así es mi vida, un fresco múltiple y variable que sólo yo puedo descifrar y que me pertenece como un secreto. La mente selecciona, exagera, traiciona, los acontecimientos se esfuman, las personas se olvidan y al final sólo queda el trayecto del alma, esos escasos momentos de revelación del espíritu. No interesa lo que me pasó, sino las cicatrices que me marcan y distinguen”.
Esta página quiere ir a la búsqueda de las “aristas del corazón” de las que hablaba aquel escultor amigo o de las “cicatrices” a las que se refería Isabel Allende, que están ocultas en tantos lugares, algunas de ellas durante siglos, pero siguen siendo elocuentes y “epifánicas” ya que son metáforas que nos permiten reconocer las nuestras.