La serpiente

Detalle de la fachada del Palacio da Pena (Sintra. Abril, 2009). Foto: Jose Martos

Detalle de la fachada del Palacio da Pena (Sintra. Abril, 2009). Foto: Jose Martos

“Se hunde la sierpe en el suelo como absorbida por alguna hendidura, por alguna de esas grietas por las que  la tierra muestra ser al par ávida y madre; una madre que no siempre deja salir lo que traga. La tierra tiene bocas, gargantas, hondonadas y desfiladeros que solamente cuando  se les ve allá abajo el oscuro fondo se sienten como abismo, lugar de caída y de despeñamiento; si no, lo que por ella desaparece parece haya sido llamado para ser guardado y, en último término, regenerado. Y si es eso que repta, parece que vaya a salir por algún otro lugar, irguiéndose irreconociblemente blanco y consistente, logrando al salir nuevamente de la tierra el cuerpo nuevo que en su reptar andaba buscando, extenuándose en ello, dejándose la piel, su valía después de todo, su piel manchanda, estigmatizada por sombra y luz.

Arroja su piel le sierpe en un ataque de desesperación, de furia contra sí misma, extenuada, escuálida, pues que no le sirve para alcanzar lo que ansía. Mas también ocurre que en su carrera , en esa condena  a avanzar que ha de cumplir arrastrándose , la sierpe se deja la piel, su escudo, su tesoro, por ser su signo, emblema primero de la vida que de tantos se irá revistiendo al desplegarse”.

(María Zambrano, Los bienaventurados)

Tags: ,

Deje una respueta.