El pájaro que da cuerda al mundo

Jardin del Albaicín (Granada)

Jardin del Albaicín de Granada (Foto: José Manuel Martos)

Fui a la cocina bebí agua, y luego salí al cobertizo y miré el plato del gato: las sardinas secas estaban  tal como yo las había dejado la noche antes y no faltaba una. Era evidente que el gato no había vuelto. De pie bajo el cobertizo, miré hacia nuestro pequeño jardín bañado por los rayos de un sol de principios de verano. No era un jardín cuya contemplación sosegara el espíritu. La tierra donde solo tocaba el sol una pequeña parte del día se veía siempre húmeda y oscura y, aunque había plantas, sólo teníamos en un rincón dos o tres hortensias de aspecto poco imponente. Además la hortensia es una flor que no me gusta demasiado. Desde una arboleda cercana llegaba el chirrido regular de un pájaro, un ric ric, como si estuviera  dándole cuerda a alún mecanismo. Nosotros hablamos de él como  del pájaro-que-da-cuerda. Fue Kumiko quien lo llamó así. No sé cuál es su auténtico nombre. Tampoc sé cómo es. Pero, se llame como se llame, sea como sea, el pájaro-que-da-cuerda viene cada día a la arboleda que hay cerca de casa y le da cuerda a nuestro apacible y pequeño mundo

(Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo)

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