El árbol cósmico

Árbol en el claustro de la Concatedral de Soria (Noviembre, 2009). Foto: Jose  Martos.

Árbol en el claustro de la Concatedral de Soria (Noviembre, 2009). Foto: Jose Martos.

El árbol, con frecuencia, simboliza al cosmos mismo. Existen diversas variantes del símbolismo del árbol cósmico que incide en distintos significados que giran en torno a la consideración del árbol como “cifra” del mundo, consideradolo como una realidad viviente, sagrada e inagotable.

Algunas veces se revela como imago mundi, otras como axis mundi, o como tronco que sostiene el cielo y une las tres zonas cósmicas (cielo, tierra, infierno) para ponerlas en comunicación. En algunos casos el árbol cósmico centra su riqueza simbólica en la función de regeneración del universo, representando el misterio del mundo en perpetua renovación.

La tradición india representa al cosmos bajo la forma de un árbol gigante. En las Upanishads se describe esta concepción: el universo es un “árbol invertido” que hunde sus raíces en el cielo y extiende sus ramas sobre la tierra entera. El árbol açvattha representa la manifestación del brahmán en el cosmos, es decir la creación como un movimiento descendente. De igual forma en las a en las Upanishads se precisa esta intuición del cósmos como un árbol al describir sus ramas como éter, aire, fuego, agua y tierra, es decir, los elementos de los que el cosmos está formado.

En el Bhagavad Gîtâ el árbol cósmico llega a expresar no sólo el universo, sino también la condición del hombre en el mundo: “Se dice que hay un Açvattha imperecedero, con las raíces arriba, las ramas abajo, cuyas hojas son los himnos del Veda; quien lo conoce, conoce el Veda. Sus ramas crecen en altura y en profundidad, brotando sobre las gunas, sus yemas son los objetos de los sentidos; por abajo, sus raíces se ramifican, vinculadas a las acciones, en el mundo de los hombres. Desde este mundo no se percibe su forma, ni su final, ni su principio, ni su envergadura. Es menester cortar primero, con el arma resistente del renunciamiento, ese Açvattha de potentes raíces, y buscar luego el lugar del que no se vuelve” (XV, 1-3).

En el árbol cósmico se simboliza, por tanto, el universo entero y la experiencia del hombre que vive en él  y no se ha separado de él. El hombre se pierde en esta manifestación de brahmán. Así cortar de raíz el árbol equivale a retirar al hombre del cosmos, aislarlo de los objetos de los objetos de los sentidos.

Árbol cortado en el camino de acceso al castillo de Salobreña (Febrero, 2010). Foto: Jose Martos.

Árbol cortado en el camino de acceso al castillo de Salobreña (Febrero, 2010). Foto: Jose Martos.

Fuentes:

Mircea Eliade (2000),  “Tratado de historia de las religiones”. Madrid: Encuentro, 405-406.

Mircea Eliade (2001), “Mefistófeles y el Andrógino“. Barcelona: Kairós.

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