Archivo del mes agosto, 2012

El árbol de la vida, símbolo de perfección e inmortalidad

Domingo, agosto 12th, 2012
"El árbol de la vida". Gustav Klimt 1905.

“El árbol de la vida”. Gustav Klimt 1905.

El árbol está vinculado a la riqueza simbólica del “árbol de la vida”, presente en diversas  culturas y religiones. En efecto, el árbol de la vida es un árbol central, cósmico, eje del mundo: su savia es el rocío celeste, sus frutos dan la inmortalidad, el retorno al centro del ser, al estado edénico.  Por medio de él se establece la unión entre el cielo y la tierra: sus raíces alcanzan el infierno y sus ramas se extienden hacia el cielo. Quizá pueda entenderse como el anhelo del hombre por alcanzar la perfección, la inmortalidad.

Cada cultura personificaban  el “árbol de la vida” con un árbol presente en su entorno. Así los pueblos semíticos  lo identificaban con el granado; los asirios con la palma datilera, los caldeos con el pino negro, el los egipcios con sicómoro. En la Polinesia, el “árbol de la vida” es el coco, en China se representa por medio de un colosal melocotonero.

Debido a la importancia de esta carga simbólica, vinculada al árbol, desarrollaremos en sucesivas entradas la riqueza simbólica que va adquiriendo en diversas culturas y religiones y sus reprecusiones en el arte.

 

Bibliografía:

-Cirlot, J.E. (2005), Diccionario de símbolos. Madrid: Siruela, 89.
-Chevalier, J., y Gheerbrant (2007), Diccionario de los símbolos. Barcelona: Herder, 118.

 

José Manuel Martos Ortega

El pájaro que da cuerda al mundo

Jueves, agosto 2nd, 2012
Jardin del Albaicín (Granada)

Jardin del Albaicín de Granada (Foto: José Manuel Martos)

Fui a la cocina bebí agua, y luego salí al cobertizo y miré el plato del gato: las sardinas secas estaban  tal como yo las había dejado la noche antes y no faltaba una. Era evidente que el gato no había vuelto. De pie bajo el cobertizo, miré hacia nuestro pequeño jardín bañado por los rayos de un sol de principios de verano. No era un jardín cuya contemplación sosegara el espíritu. La tierra donde solo tocaba el sol una pequeña parte del día se veía siempre húmeda y oscura y, aunque había plantas, sólo teníamos en un rincón dos o tres hortensias de aspecto poco imponente. Además la hortensia es una flor que no me gusta demasiado. Desde una arboleda cercana llegaba el chirrido regular de un pájaro, un ric ric, como si estuviera  dándole cuerda a alún mecanismo. Nosotros hablamos de él como  del pájaro-que-da-cuerda. Fue Kumiko quien lo llamó así. No sé cuál es su auténtico nombre. Tampoc sé cómo es. Pero, se llame como se llame, sea como sea, el pájaro-que-da-cuerda viene cada día a la arboleda que hay cerca de casa y le da cuerda a nuestro apacible y pequeño mundo

(Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo)