Archivo del mes octubre, 2009

Ascenso

Lunes, octubre 19th, 2009

Cúpulas de la catedral de Guadix (Octubre, 2009). Foto: Jose Antonio Casares.

Cúpulas de la catedral de Guadix (Octubre, 2009). Foto: Jose Antonio Casares.

“Al parecer, esa extraña mujer conoce muy bien el lugar… Aún no sabemos exactamente qué está haciendo aquí, pero tal vez pueda ayudarnos. Nos ha dicho que debemos tener cuidado y nos preguntamos: ‹‹¿Cuidado de qué?›› Llevamos siglos explorando el lugar y no hemos visto nada peligroso. Todo parece tan aburrido….
¡Entonces nos damos cuenta de que hemos estado andando en círculos!
La extraña mujer dijo que los peligros están en los lugares a los que no vas. Tal vez quiso decir que los peligros se encontraban en los lugares en los que aún no hemos estado. De modo que hay mucho más por ver. Tenemos la impresión de que hay algo extraño más allá de nuestra visión, como el movimiento que percibes por el rabillo del ojo. A veces también escuchamos risas en el viento, aunque nos resulta imposible decir de dónde vienen…. Tal vez ahí esté la respuesta.
De repente vemos una gran puerta doble de madera. ¡Vaya! ¡No habíamos visto esa puerta antes, aunque siempre estuvo ahí! Está tan cerca, ¿Cómo es posible que no la hayamos visto? Parece la puerta de una gran mansión antigua, con hermosas figuras talladas en los dos lados que parecen cambiar a medida que nos acercamos.
Atravesamos la puerta y vemos un ascensor, tan abarrotado de gente que creemos que no podremos entrar, pero eso  no parece preocupar a nuestra misteriosa acompañante.
La puerta del ascensor se cierra. Se ha ido.
Nos preguntamos qué vamos a hacer ahora y entonces vemos que la mujer abre la puerta de otro ascensor.
Éste está completamente vacío, es muy distintos al anterior… y tampoco parece demasiado nuevo. Las puertas tienen el mismo patrón intrincado que el gran portal, hermoso, pero algo inusual para un ascensor.
La mujer abre la puerta y nos invita a entrar. Nos quedamos donde estamos sin saber muy bien qué hacer. Nos pregunta:
-¿Realmente queréis ir a la parte alta del edificio? – y comienza a cerrar la puerta…
-Si, pero…
Mueve la cabeza con un gesto de comprensión y:
-Si es así, cuidado con el hueco.
Estamos dentro. El suelo del ascensor no es estable, oscila como una hamaca. Tal vez por eso todos iban en el otro…
Un lado del ascensor es transparente, podemos ver como el edificio se desliza hacia abajo a medida que subimos. El ascensor se mueve como un péndulo loco, el movimiento es tan fuerte que casi no podemos mantenernos en pie. Todo se tambalea a excepción de la llama de la lámpara de la mujer, que se mantiene imperturbable. De alguna manera, eso no nos sorprende.
De todos modos no tenemos demasiado tiempo para pensar en ello porque justo cuando parecía que el ascensor iba por fin a detenerse, una nueva sacudida casi nos arroja fuera.
Estamos inmóviles, asustados. Miramos a la mujer, que parece que se divierte en el viaje. Todo aquello le parece normal. ¿Estará loca?
Hemos dejado la planta baja, pero ¿llegaremos a la parte alta alguna vez? No lo sabemos, pero no hay forma de volver atrás.
El ascensor sigue subiendo y subiendo, pegado a la pared del edificio cual insecto. Nos acordamos de lo enorme que es el edificio. ¿Por qué comenzamos?.
De repente, el ascensor se detiene con otra sacudida y la puerta se abre. Salimos con alivio. No ha sido un viaje fácil, pero ¿estamos ahora más cerca de donde queremos estar?
Miramos a nuestro alrededor y la vista es asombrosa. Hay mucho más de lo que suponíamos. El edificio es más bien como una ciudad. Desde aquí arriba podemos ver mucha más vida, hay gente y flores por todas partes. Podemos  ver, allá abajo, los lugares donde hemos estado y muchos otros de los que  ni siquiera nos habíamos percatado, incluso cuando estábamos en medio de ellos. Podemos ver los grandes círculos que hemos recorrido.
Una enorme catedral gótica llama nuestra atención. Ése si que era un lugar interesante para visitar.
La mujer se une a nosotros. Su mirada recorre suavemente todo el panorama.
Detrás de nosotros está la majestuosa catedral. Decidimos ir a echar un vistazo.”

(Joseph O´Connor y Andrea Lages, Coaching con PNL)

Ventanas

Sábado, octubre 17th, 2009
Ventana de una casa de Guadix (Octubre, 2009)

Ventana de una casa de Guadix (Octubre, 2009)

Ventana de una casa Guadix (Guadix, 2009). Foto: Jose Martos.

Ventana de una casa Guadix (Guadix, 2009). Foto: Jose Martos.

Deseo

Jueves, octubre 15th, 2009

Fachada lateral de la catedral de Guadix (Octubre, 2009). Foto: Jose Martos

Fachada lateral de la catedral de Guadix (Octubre, 2009). Foto: Jose Martos

“Joseph y yo nos encontramos en un espacio llano, rodeados por un enorme y majestuoso edificio cuyas múltiples ventanas parecen atisbarnos desde todas direcciones. El edificio parece vacío y carente de vida. A medida que avanzamos, nuestros pasos despiertan el eco en los corredores de altas paredes. Nos resulta difícil percibir el cielo allá en las alturas, tan alto y sobrecogedor es este edificio. Nunca el cielo nos había parecido tan lejano, distante, remoto.
De vez en cuando, la brisa trae el rumor de risas lejanas y sabemos que, a pesar de las apariencias, en algún lugar, más allá del edificio, hay personas moviéndose y hablando.
Seguimos andando y andando, pero el escenario que nos rodea parece no cambiar. ‹‹¡Qué lugar tan aburrido!››, pensamos, y nos preguntamos por el modo de salir de allí.
Llevamos ya mucho tiempo aquí abajo, y comenzamos a preguntarnos cómo podemos subir a la parte alta del edificio para tener mejor vistas. Queremos estar más cerca del cielo. Suponemos que en algún lugar tiene que haber unas escaleras que nos conduzcan arriba, pero  parece que vamos a tener que recorrer todo el edificio para encontrarlas. Eso va a llevarnos mucho, mucho tiempo, y no sabemos por dónde empezar. No hay modo de encontrar el camino dentro de ese edificio. Empieza a soplar viento más frio. Atrapada en un laberinto de sombras, la luz del sol no llega hasta nosotros. Cuando cae la noche y el lugar se torna oscuro y gélido decidimos movernos.
De repente, una mujer joven aparece ante nosotros. Lleva un vestido largo y su melena castaña le llega a la cintura. Su mano derecha sostiene una pequeña lámpara de aceite, cuya llama arroja largas sombras que se mueven como dotadas de vida propia, mientras las demás sombras permanecen quietas y muertas.
La joven anda despacio hacia nosotros, se queda mirándonos fijamente y por fin nos pregunta:
-¿Qué estáis buscando?.
‹‹¿Podemos confiar en ella? -nos preguntamos-. ¿Podemos decirle lo que queremos? ¿Para qué quiere saberlo? ›› Ni siquiera la conocemos.  Después de todo, ¿por qué no?
-Queremos ir a la parte superior del edificio- le digo, señalando al lugar que queremos llegar.
-Muy bien –responde-. Os ayudaré, pero tenéis que tener cuidado. Hay muchos peligros.”

(Joseph O´Connor y Andrea Lages, Coaching con PNL)

Chimenea

Lunes, octubre 12th, 2009
Chimenea de una casa alpujarreña (Cañar, Granada. Octubre, 2009). Foto: Jose Martos

Chimenea de una casa alpujarreña (Cañar, Granada. Octubre, 2009). Foto: Jose Martos

Chimenea de una cueva (Guadix, Granada. Octubre, 2009). Foto: Jose Martos

Chimenea de una cueva (Guadix, Granada. Octubre, 2009). Foto: Jose Martos

Afecto

Domingo, octubre 11th, 2009

Detalle de cerámica griega. (Museo del Cerámico. Atenas. Julio, 2009)

Detalle de cerámica griega. (Museo del Cerámico. Atenas. Julio, 2009)

“Los griegos llamaban a este amor storgé (dos sílabas, y la g es ‹‹fuerte››). Aquí lo llamaremos simplemente afecto. Mi diccionario griego define storgé como ‹‹Afecto, especialmente el de los padres a su prole››, y también el de la prole hacia sus padres. Y ésta es, no me cabe duda, la forma original  de este afecto, así como el significado básico de la palabra. La imagen de la que debemos partir es la de una madre cuidando a un bebé, la de una perra o una gata con sus cachorros, todos amontonados, acariciándose unos a otros; ronroneos, lametones, gemiditos, leche, calor, olor a vida nueva.
Lo importante de esta imagen es que desde el principio se nos presenta como una especie de paradoja. La necesidad y el amor-necesidad de los pequeños es evidente; lo es así mismo el amor que les da la madre: ella da a luz, amamanta, protege. Por otro lado, tiene que dar a luz o morir; tiene que amamantar o sufrir. En este sentido, su afecto es también un amor-necesidad. Y aquí está la paradoja: es un amor-necesidad, pero lo que necesita es dar. Es un amor que da, pero necesita ser necesitado.
En la vida del animal, y más aún, en la nuestra, el afecto se extiende mucho más allá de la relación madre hijo. Ese cálido bienestar, esa satisfacción de estar juntos abarca toda clase de objetos. Es el menos discriminatorio de los amores. […] El afecto ignora barreras de edad, sexo, clase y educación.
Pero el afecto tiene sus propias reglas. Su objeto tiene que ser familiar. A veces podemos señalar el día exacto en que nos enamoramos o iniciamos una nueva amistad, pero dudo que podamos percibir el comienzo de un afecto. Cuando se toma conciencia de ello uno se da cuenta de que ya venía de tiempo atrás. El uso de la palabra ‹‹viejo›› como expresión de afecto es algo significativo […].
El afecto es el amor más humilde, no se da importancia. La gente puede estar orgullosa de estar ‹‹enamorada›› o de su amistad; pero el afecto es modesto, discreto y pudoroso. […] Pues bien, el afecto tiene la cara de ir por casa; y también tienen la cara así muchos por quienes decimos sentimos afecto. […] Habitualmente son necesarios la ausencia y el dolor para que podamos alabar a quienes estamos ligados por el afecto.”

(C.S. Lewis, Los cuatro amores)