Archivo del mes septiembre, 2009

Piel amenazada

Lunes, septiembre 21st, 2009

Detalle escultura griega (Museo Arqueológico de Atenas. Julio, 2009) Foto: Jose Antonio Casares

Detalle escultura griega (Museo Arqueológico de Atenas. Julio, 2009) Foto: Jose Antonio Casares

“La piel del rostro es la que se mantiene más desnuda, más desprotegida. La más desnuda, aunque con una desnudez decente. La más desprotegida también: hay en el rostro una pobreza esencial. Prueba de ello es que intentamos enmascarar esa pobreza dándonos poses, conteniéndonos. El rostro está expuesto, amenazado, como invitándonos a un acto de violencia. Al mismo tiempo, el rostro es lo que nos prohíbe matar. [...] Rostro y discurso están ligados. El rostro habla. Habla en la medida en que es él el que hace posible y comienza todo discurso”
(E. Levinas, Entre nosotros. Ensayos para pensar en otro).

A la búsqueda de otro cuerpo

Domingo, septiembre 20th, 2009

Escultura griega. Museo Arqueológico Nacional. (Atenas. Julio, 2009). Foto: José Antonio Casares

Escultura griega. Museo Arqueológico Nacional. (Atenas. Julio, 2009). Foto: José Antonio Casares

“La vida se arrastra desde el comienzo. Se derrama, tiende a irse más allá, a irse desde la raíz oscura, repitiendo sobre la faz de la tierra -suelo para lo que se yergue sobre ella- el desparamarse de las raíces y su laberinto. La vida, cuanto más se da a crecer, prometida como es el acontecimiento, más interpone su cuerpo, el cuerpo que al fin ha logrado, entre su ansia de crecimiento y el espacio que la llama. Busca espacio en ansia de desplegarse y todos los puntos cardinales parecen atraerla por igual hasta que encuentra el obstáculo para proseguir su despliegue. En principio no tiene límite y los ignora hasta que los encuentra en forma de obstáculo infranqueable, primera moral que el hombre entiende llamándola prohibición. Mas busca la vida ante todo su cuerpo, el despliegue del cuerpo que ya alcanzó, el cuerpo indispensable. Y busca otro cuerpo desconocido. Y así el primer ímpetu vital subsistente en el hombre a través de todas las edades le conduce a la búsqueda de otro cuerpo propiamente suyo, el cuerpo desconocido. Cuando inventa aparatos mecánicos que se lo proporcionen gracias a una cierta ciencia se llama a esta consecución progreso técnico. Y no es más que el ciego ímpetu de la vida que se arrastra por un cuerpo, por su cuerpo, por sus cuerpos, ya que ninguno le basta”.
(María Zambrano, Los bienaventurados).

Desnudez

Sábado, septiembre 19th, 2009
Detalle del frontón oriental del templo de Zeus Olimpico (Museo de Olimpia. Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Detalle del frontón oriental del templo de Zeus Olimpico (Museo de Olimpia. Julio, 2009). Foto: Jose Martos

“Pero esa realidad sobre la cual yo no tengo ningún dominio es una piel que no está protegida por nada. Desnudez que rechaza todo atributo y que no viste ningún ropaje. Es la parte más inaccesible del cuerpo y la más vulnerable. Trascendencia y pobreza. Muy alto, el rostro se me escapa al despodarme de su propia esencia plástica y siendo muy débil me inhibe cuando miro sus ojos desarmados. Si está separado, sobrepasa mi poder. Sin defensa queda expuesto y me infunde vergüenza por mi frialdad o mi serenidad. Me resiste y me requiere, no soy en primer término su espectador sino que soy alguien que le está obligado. La responsabilidad respecto del otro precede a la contemplación. El encuentro inicial es ético, ese aspecto estético viene después” .
(A. Finkielkrant, La sabiduría del amor)

Presencia

Lunes, septiembre 14th, 2009

Detalle escultura griega del Museo Arqueológico de Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

Detalle escultura griega del Museo Arqueológico de Atenas (Julio, 2009). Foto: Jose Antonio Casares

“El rostro es una presencia viva, es expresión”
(Levinas, Totalidad e infinito)

Arqueología de los sentimientos

Jueves, septiembre 10th, 2009
Templo de Apolo en Delfos (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Templo de Apolo en Delfos (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

En el frontispicio del templo de Apolo en Delfos se podía leer la frase: “Conócete a ti mismo”. Estas palabras constituían, para las personas que acudían a aquel lugar mistérico a consultar el oráculo, toda una invitación a emprender una de las tareas principales de cada ser humano: el autoconocimiento. En efecto, cada uno es para sí una fuente inagotable de conocimiento. Las experiencias diarias son capaces de sorprendernos y poner a la luz dimensiones de nuestra existencia ignoradas o sepultadas voluntariamente. Una situación imprevista, un desengaño, cualquier acontecimiento que escapa a nuestro dominio, tienen la potencialidad de poner sobre la palestra aspectos que, hasta el momento, permanecían en el subsuelo de nuestra existencia.
Parte de este desconocimiento se debe a que algunas de estas dimensiones se han visto sepultadas u ocultadas por motivos personales o culturales. Quizás los sentimientos sean los que se hayan llevado la peor parte en este proceso. La educación de los sentimientos ha sido la gran desterrada del curriculum escolar, hecho que ha llevado consigo sepultar los sentimientos y las emociones en el subsuelo de la vida, como una dimensión de la existencia destinada a estar oculta, para vivir de espaldas o indiferentes ante esta riqueza inconmensurable.
Con frecuencia se ha utilizado el símil de la arqueología (Miguel Angel Santos Guerra, Arqueología de los sentimientos en la escuela. Ed. Bonum) para refererirse al universo de los sentimientos como una realidad que está por descubrir. La inteligencia emocional ha puesto de manifiesto que no somos únicamente “cognicio” sino también emoción y sentimiento, y que prescindir de estos últimos significa amputar una dimensión nuclear de nuestra existencia. La inteligencia emocional nos recuerda que el conocerse a sí mismo pasa por cultivar la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emociones, para acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan el pensamiento, y para regular y comprender nuestras propias emociones.
“Conocete a ti mismo” supone iniciar, al modo del arqueólogo o la arqueóloga, una labor de acercamiento al yacimiento de nuestros sentimientos para iniciar una labor, árdua y no carente de dificultades, con el objetivo de desenterrar el tesoro que albergamos en nuestra interioridad. “Conócete a tí mismo” es la puerta que nos hace capaces de mostrar en cada momento lo que sentimos, no como un signo de debilidad, sino como manifestación de la transparencia del corazón que busca otro corazón para compartir una sonrisa o una lágrima.
Excavaciones en el Ágora Romana (Atenas, Julio 2009). Foto: Jose Martos

Excavaciones en el Ágora Romana (Atenas, Julio 2009). Foto: Jose Martos