Archivo del mes agosto, 2009

Contrastes

Jueves, agosto 27th, 2009

Hierba brotando en los restos de un incendio (Ciudad Real. Agosto, 2009). Foto: Jose Martos

Hierba brotando en los restos de un incendio (Ciudad Real. Agosto, 2009). Foto: Jose Martos

Calidez

Martes, agosto 25th, 2009

Torre de la catedral (Granada. Junio, 2009). Foto: Jose Martos

Torre de la catedral (Granada. Junio, 2009). Foto: Jose Martos

Baladilla de los tres ríos

Domingo, agosto 23rd, 2009

Rio Darro a su paso por Granada (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

Rio Darro a su paso por Granada (Julio, 2009). Foto: Jose Martos

El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos

Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor,
que se fue y no vino!

El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor,
que se fue por el aire!

Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor,
que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor,
que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor,
que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.

¡Ay, amor,
que se fue por el aire!

(Federico García Lorca, Poema del Cante Jondo)

El comienzo

Viernes, agosto 21st, 2009

Fachada principal del Monasterio de San Jerónimo (Granada, Julio 2009). Foto: Jose Martos

Fachada principal del Monasterio de San Jerónimo (Granada, Julio 2009). Foto: Jose Martos

En todas las cosas es doloroso comenzar;
En muchas obras, el principio no salta a la vista.
El campesino cubre las semillas con la rastra,
y el trigo no madura hasta que viene un buen verano;
El arquitecto que está construyendo un edificio,
Cuanta mayor altura quiere dar a las paredes,
Echa las bases a tanta mayor profundidad.
Con cuidado el pintor prepara la tela extendida,
Antes de esbozar, lleno de pensamientos, su cuadro;
Y sólo lento nace lo que cada uno proyecta.

(Wolfang Goethe)

Vistos por el pintor

Martes, agosto 18th, 2009

Las Meninas (Velazquez)

Las Meninas (Velazquez)

“En el momento en que colocan al espectador en el campo de su visión, los ojos del pintor lo apresan, lo obligan a entrar en el cuadro, le asignan un lugar a la vez privilegiado y obligatorio, le toman su especie luminosa y visible y la proyectan sobre la superficie inaccesible de la tela vuelta. Ve que su invisibilidad se vuelve visible para el pintor y es traspuesta a una imagen definitivamente invisible para él mismo. Sorpresa que se multiplica y se hace a la vez mas inevitable aún por un lazo marginal.

En la extrema derecha, el cuadro recibe su luz de una ventana representada de acuerdo con una perspectiva más corta; no se ve más que el marco; si bien el flujo de luz que derrama baña a la vez, con una misma generosidad, dos espacios vecinos, entrecruzados, pero irreductibles; la superficie de la tela, con el volumen que ella representa (es decir, el estudio del pintor o el salón en el que se ha instalado el caballete) y, delante de esta superficie, el volumen real que ocupa el espectador (o aun el sitio irreal del modelo). Al recorrer la pieza de derecha a izquierda, la amplia luz dorada lleva a la vez al espectador hacie el pintor y al modelo hacia la tela; es ella también la que, al iluminar al pintor, lo hace visible para el espectador, y hace brillar como otras tantas líneas el oro a los ojos del modelo el marco de tela enigmática en la que su imagen, trasladada, va a quedar encerrada. Esta ventana extrema, parcial, apenas indicada, libera una luz completa y mixta que sirve de lugar común a la representación. Equilibra, al otro extremo del cuadro, la tela invisible: así como ésta, dando la espalda a los espectadores, se repliega contra el cuadro que la representa y forma, por la superposición de su revés, visible sobre la superficie del cuadro portador, el lugar -inaccesible para nosotros- donde cabrillea la Imagen por excelencia, así también la ventana, pura abertura, instaura un espacio tan abierto como el otro cerrado; tan común para el pintor, para los personajes, para los modelos, para el espectador, cuanto el otro es solitario (ya que nadie lo mira, ni aún el pintor).

Por la derecha, se derrama por una ventana invisible el volumen puro de una luz que hace visible toda la representación: a la izquierda, se entiende, al otro lado de su muy visible trama, la superficie que esquiva la representación que porta. La luz, al inundar la escena (quiero decir, tanto la pieza como la tela, la pieza representada sobre la tela y la pieza en la que se halla colocada la tela), vuelve a los personajes y a los espectadores y los lleva, bajo la mirada del pintor, hacia el lugar en el que los va a representar su pincel. Pero este lugar nos es hurtado. Nos vemos vistos por el pintor, hechos visibles a sus ojos por la misma luz que nos hace verlo. Y en el momento en que nos vamos a apresarnos transcritos por su mano, como un espejo, no podemos ver de éste más que el revés del mate. El otro lado de una psique”.

(Michel Foucault, Las palabras y las cosas)