Archivo del mes julio, 2009

Los deseos ya son recuerdos

Martes, julio 21st, 2009
Atardecer

Atardecer

“Al hombre que cabalga largamente por tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isidora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican con todas las reglas del arte catalejos y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres siempre encuentra una tercera, donde las peleas de gallos degeneran en riñas sangrientas entre os que apuestan. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar la juventud: el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos ya son recuerdos”

(Ítalo Calvino, Las ciudades invisibles).

Ruinas

Miércoles, julio 15th, 2009
Igreja do Carmo (Lisboa, abril 2009). Foto: José M. Martos

Igreja do Carmo (Lisboa, abril 2009). Foto: José M. Martos

 

“(…) en las ruinas de los grandes edificios la idea de su proyecto habla con más fuerza que en los edificios de menores proporciones, por bien conservados que estén”

(W. Benjamin, Infancia en Berlín hacia 1900)


Vagabundos en la ciudad

Lunes, julio 13th, 2009
Vagabundos

Vagabundos

“Nueva York era un espacio inagotable, un laberinto de interminables pasos, y por muy lejos que fuera, por muy bien que llegase a conocer sus barrios y calles, siempre le dejaba la sensación de estar perdido. Perdido no sólo en la ciudad, sino también dentro de sí mismo. Cada vez que daba un paseo se sentía como si se dejara a sí mismo atrás, y entregándose al movimiento de las calles, reduciéndose a un ojo que ve, lograba escapar a la obligación de pensar. Y eso, más que nada, le daba cierta de paz, un saludable vacío interior. El mundo estaba fuera de él, a su alrededor, delante de él, y la velocidad a la que cambiaba le hacía imposible fijar su atención en ninguna cosa por mucho tiempo. El movimiento era lo esencial, el acto de poner un pie delante del otro y permitirse seguir el rumbo de su propio cuerpo. Mientras vagaba sin propósito, todos los lugares se volvían iguales y daba igual dónde estuviese. En sus mejores paseos conseguía sentir que no estaba en ningún sitio. Y esto, en última instancia, era lo único que pedía a las cosas: no estar en ningún sitio. Nueva York era el ningún sitio que había construido a su alrededor y se daba cuenta de que no tenía la menor intención de dejarlo nunca más” (Paul Auster, La trilogía de New York).

El rio interminable

Domingo, julio 12th, 2009
Rio Darro a su paso por Granada (Junio. 2009). Foto. José M. Martos

Rio Darro a su paso por Granada (Junio. 2009). Foto. José M. Martos


Mirar el río hecho de tiempo y agua
Y recordar que el tiempo es otro río,
Saber que nos perdemos como el río
Y que los rostros pasan como el agua.Sentir que la vigilia es otro sueño
Que sueña no soñar y que la muerte
Que teme nuestra carne es esa muerte
De cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
De los días del hombre y de sus años,
Convertir el ultraje de los años
En una música, un rumor y un símbolo,

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
Un triste oro, tal es la poesía
Que es inmortal y pobre. La poesía
Vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
Nos mira desde el fondo de un espejo;
El arte debe ser como ese espejo
Que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
Lloró de amor al divisar su Itaca
Verde y humilde. El arte es esa Itaca
De verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable.

(Jose Luis Borges)

Fiel a uno mismo

Domingo, julio 12th, 2009
Sócrates (Academia de Atenas. Julio, 2009)

Sócrates (Academia de Atenas. Julio, 2009)

“Encontramos un primer pasaje en 29d de la Apología. En él Sócrates, al defenderse y hacer una especie de alegato ficticio frente a sus acusadores y jueces, responde a la siguiente objección. Se le reprocha encontrarse actualmente en una situación tal que debería avergonzarse. La acusación, por decirlo de algún modo, consiste en decir esto: no sé muy bien qué hiciste mal, pero debes reconocer, de todas maneras, que es vergonzoso haber llevado una vida tal que ahora tengas que estar frente a los tribunales y corras el riesgo de ser condenado, e incluso condenado a muerte. ¿No es cierto, en definitiva, que hay algo de vergonzoso en quien ha llevado una vida determinada, de la que no se sabe cómo es, pero debido a la cual corre el riesgo de ser condenado a muerte tras un juicio semejante? A lo cual Sócrates, en este pasaje, responde que, al contrario, está muy orgulloso de haber tenido esa vida, y que si alguna vez le pidiera que la modificara, se negaría. Por lo tanto: estoy orgulloso de haber llevado la vida que llevé que, aun si me propusieran la absolución, no la cambiaría”.

(Foucault, La hermeneútica del sujeto).